Aquarela: al "mar" tiempo buena cara

Buenos días por la mañana. Ayer fue un día donde expresé muchas emociones en el blog. Necesitaba desahogarme. Hoy, vamos a trabajar un poquito. He ido a ver el mar de nuevo y estaba en calma pero con un gris plomizo. Me he acordado del amigo Blas de Lezo y de su frase "el que anda por el mar, aprende a rezar". Tempestad, como mi video de Lord Chichos ¿quien es el vaquilla?.

Unos artistas que se lo pasan bomba, nunca mejor dicho. De todas formas cada cosa a su tiempo. Hoy hay que comer, así que a por el pan nuestro de cada día. Os dejo un video para que os vayais confiando. Y como dice el refrán y jugando un poco con las palabras al "mar" tiempo buena cara.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No hay virtud más humanística que ser simpático. Otras de notable orden humano serán más sólidas y necesarias para asentar cabalmente la construcción social pero ser simpático es capital para mantener el edificio a flote.

Quien posee esta cualidad no sólo abre puertas para sus intereses sino que ventila las habitaciones generales del vecindario.

Todas las amenidades que ha inventado la historia, caras y baratas, sencillas y complicadas, hallan su inspiración primordial en el propósito de crear un mundo divertido y amable, campechano o cordial, que son distintivos del tipo simpático.

Por su compañía los amigos pagan mejor las consumiciones pero, encima, el simpático se incluye entre los compañeros rumbosos. Las escuelas que ayudan a ser buen mediador, a hablar en público con tino, a convencer o dialogar fecundamente con los demás, incluirán pronto una batería de profesores simpáticos cuya profesión será, a la vez, tan despreocupada y feliz como su talante.

Gracias a la relación con el sujeto simpático se mejora la opinión sobre sí y los demás, se deshacen los molestos prejuicios que nos convierten en tímidos o recelosos y se adelanta ampliamente en la confianza recíproca o en la desconfianza sobre el respeto que rigurosamente se nos debe.

No se nos debe nada y sí, en cambio, vale la pena celebrar conjuntamente un encuentro altruista del carácter. El simpático -no el gracioso- sabe no pasarse de la raya y conoce intuitivamente la manera para que los demás olviden su arquetipo limitador. Posibilitan, en todo caso, entre individuos la permeabilidad de sus lindes.

Siempre nos definimos o queremos por encima de todo a nosotros mismos pero ser simpático consiste en hacer pensar que el amor propio no se redondea sin la participación de los demás y los confines se alteran sin dificultad ni cláusulas establecidas, simplemente por la cierta broma de vivir y el campechano punto de vista.

Copiado del blog de Vicente Verdú

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