Artículos 67 y 68 del Código Civil: "mutuamente"

Buenos días amigos. Hoy es lunes y hace falta programar la semana en condiciones, con las janelas bien abiertas, para que entre mucha luz, bien "duchaitos" y limpios, y con los pies parados en el albero como uno de esos estatuarios de José Tomas para torear la semana con humildad y sencillez, y sin carreras, sobre todo para que no se me vaya la olla y me plante en la Feria de Jerez, como hacía antiguamente, cuando no controlaba mis impulsos, un taxi y lléveme usted a Jerez y todos los ahorros para el verano, echados a perder...Los amigos se tronchaban pero luego me desestimaban las demandas de cariño en casa y con costas. Todavía tengo algunas pendientes.

Estoy dedicándole mucho tiempo al blog, es necesario entregarme en tiempo y alma, si bien mi querídisima principesa, mi esposa, me invoca con razón hechos que como estoy en el despacho se traducen en fundamentos de derecho.

Estamos hablando del artículo 67 del Código Civil:

El marido y la mujer deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia.

Y del artículo 68,

Los conyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente.



Mutuamente, es la palabra. Y como tengo la suerte de tener una gran mujer a mi vera, pues tengo que robarle algún tiempo al blog, justo ahora que empieza a funcionar. No obstante, no preocuparos que no voy a dejaros respirar. Tengo cogido el hilo al blog y de momento somos amantes de abril y mayo. Tiempo hay, honor también, honorarios vendrán...

Una vez más acudo al gurú:

La pareja y su tiempo basura
VICENTE VERDÚ 21/03/2008

Nuestra pareja, se supone, es la persona a quien más amamos. O, en todo caso, aquel ser que nos soporta con mayor intensidad y al que con mayor asiduidad nos acogemos. Los padres o los hijos forman un coro de presencia vital más o menos variable pero la pareja constituye por antonomasia, y tal como se la llama, "mi vida". Esta "vida", sin embargo, está dejando mucho que desear y no sólo porque el personaje vaya estropeándose con el paso del tiempo sino porque diaria y sistemáticamente se la perjudica con los vigentes modos de vida.

Como consecuencia del programa general de trabajo y descanso, la pareja sólo se reencuentra durante el periodo del día en el que peor se halla, física y psíquicamente, cada uno. Los amantes se despiden por la mañana con un somero adiós y se reúnen al término de la jornada con las fuerzas disminuidas, cargados de posibles reveses laborales y problemas irresueltos, más proclives entonces al descanso, el silencio y el olvido, que al bullicio de los niños y, sobre todo, a sumar las dificultades y conflictos del otro que acude, a su vez, rebozado de fatigas cuando no salpicado de malos humores. ¿Cómo no pronosticar que se generen roces o que sea indispensable una dosis suplementaria de paciencia, cariño y equilibrio, extraída desde los fondos, para proteger la relación?

En estas circunstancias, duras y repetidas, el amor va y viene, flota o decae sin que llegue a saberse si en otras condiciones habría mejorado sustancialmente su evolución. El actual periodo de duración de las uniones ha descendido a una media de siete años y la tendencia discurre hacia un incesante recorte de los plazos. Uno y otro sujeto de la relación se carbonizan en un fogón que no depende tanto de su ilusión cambiante -aunque también- como de la dificultad para asumir comunitariamente dos vidas en unas malísimas condiciones. Porque, de hecho, el tiempo efectivo en que esta comunidad podría construirse y reforzarse coincide casi siempre con un tiempo basura, las horas de un día desgastado y donde tanto la pasión como la atención y el ánimo perviven demediados.

¿Cómo asistir, por ejemplo, apropiadamente a la adversidad del otro si las propias capacidades se encuentran entonces, a esa hora, reclamando asistencia? La importante coalición de pareja, en cuanto base amorosa y defensiva frente al exterior, se cuartea inexorablemente con el fracaso del imposible auxilio mutuo durante esos penosos restos del día.

Restos de mala calidad o de escasa sustancia que cotidianamente intercambian los personajes del amor y por cuyo lamentable trasiego el amor pierde en elasticidad, imaginación y envergadura. Amarse, como ser feliz, requiere trabajo, aplicación y disciplina puesto que la vida a dos constituye uno de los más complejos empeños si se aspira a gozar de ella. Se trata, en fin, de un oficio -como decían las madres- tanto o más arduo que el cargo laboral y tanto o más necesitado de dedicación, voluntad, inteligencia, reflexión y astucia.

Amarse a granel desemboca siempre en un amor de bajo precio, amor que necesariamente va saldándose. Amarse, en cambio, al detalle, minuciosamente, recíprocamente y en alerta respecto al argumento del otro, exige tiempo de primera clase. Pero el orden de la producción, la repartición de tareas domésticas, el programa general de vida, se acercan hoy más a un proyecto de destrucción y sustitución del amor que a su refuerzo. Al fondo del día, como en el cuarto trastero de la jornada se desarrolla la vida particular de la pareja. Pero, ¿cuánto más podrá sobrevivir esa biología en las infames condiciones del medio? ¿Cuánto tiempo seguirá respirando amor en ese pequeño recinto donde se concentran los tóxicos del día?

Efectivamente no será tanto el otro de la relación que ha llegado a decepcionarnos como que ha dejado de "servirnos". Ha dejado de ser "funcional" para socorrernos, entendernos, amarnos formar complicidad, pero, en buena medida, porque sus recursos, sus deseos y hasta su carácter han sido absorbidos por otras fuerzas. La pareja aparece así como un subterfugio en un escaso paraje. El paraje gastado de cada día donde ya será difícil actuar creativamente y cuyo ámbito residual será depósito del dolor o donde se vierten especialmente los desechos.


No sé como etiquetar la entrada. Buenas intenciones, religión, amor, como siga así me van a salir alitas, con lo que me gustan las de pollo, con el aceite de oliva bien frito...Caliente, caliente...



En realidad es familia y no de la que hablan los del Opus Dei...

8 comentarios:

JL Martínez Hens dijo...

El concepto de familia cristiana, me parece un tema muy importante a debatir, aunque entiendo que esta entrada tiene mucho de intimidad, pero no cortarse, que como me decía el otro día el guru, lo íntimo es mucho más común de lo que pensamos. Por otro lado, leía en el Sur un artículo de Castilla del Pino que decía que los esquizofrénicos tenían problemas entre lo público y lo íntimo. Menos mal que yo no oigo voces, sólo recibo señales, intuyo casualidades, y lo que más me gusta es que como decía Cortazar en el blog hay un hilo que sólo yo puedo ver y que baja desde una estantería, pasa por los muebles del despacho y sale a la calle, y se va a casa y entra en el ordenador del cuarto de las niñas y allí sigue y se mete en la web y entra en blogs de compañeros y emails que me mandan otros que todavía no saben dejar sus comentarios.

JL Martínez Hens dijo...

Si os fijais me hablo a mi mismo. Un poco triste ¿no? Doctor, doctor, es grave, no hijo es grava... piedras en tu ego...

JL Martínez Hens dijo...

O una chinita en el zapato de esas que te amargan el día...

Anónimo dijo...

Según expone Claude Lévi-Strauss, la familia encuentra su origen en el matrimonio, consta de esposo, esposa e hijos nacidos de su unión y sus miembros se mantienen unidos por lazos legales, económicos y religiosos. Además, establece una red de prohibiciones y privilegios sexuales y a una cantidad variable y diversificada de sentimientos psicológicos como amor, afecto, respeto, temor, etc. En oposición a este enfoque, Radhika Coomaraswamy defiende que "no se debería definir la familia mediante una construcción formalista, nuclear, la de marido, mujer e hijos. La familia es el lugar donde las personas aprenden a cuidar y a ser cuidadas, a confiar y a que se confíe en ellas, a nutrir a otras personas y a nutrirse de ellas"

JL Martínez Hens dijo...

Que interesante el enfoque de Coomaraswamy ( como dicen en mi pueblo ¿ y éste de quien es?). Lo voy a pensar y otro día os escribo.

Acabo de llegar de la Feria de Jerez. Al final me he ido con un amigo muy tranquilo e inteligente. No he podido resistir es una fuerza espiritual de luces y colores que me tira demasiado, es la fiesta de la primavera, la luz, el color, el arte.

Al final he ido 4 horas intensas, la miel en los labios, pero en condiciones, sus langostinos, cigalas, jamón y un par de sevillanitas, he escuchado unas bulerías, unas rumbitas, y luego contándoselo a mi querida esposa, a la que le he traido una piruleta con un mensaje muy especial.

Y como no he aparecido con la corbata manchá, ni el traje para tirarlo...pues nada parece que no hay tempestad, como otros años.

Todo es cuestión de control, control, control...

Ahora lo que hace falta es que se vaya ella, que a veces hay mujeres que buscan la perfección absoluta en el hogar, y las niñas con su padre también se pueden quedar ¿no?

Me quedo con lo de la familia como lugar donde cuidar y ser cuidados, nutrir a otros y nutrirse de ellos, y sobre todo la confianza.

Los derechos y obligaciones y las prohibiciones ya sabemos que nos llevan al divorcio express del que viven los letrados que tanto criticaba Quevedo... Nadie se ha parado a pensar que en España somos muchos abogados.

Leo Scott dijo...

decir que el comentario de antes de un gran hombre Leo ^^

Ananda Coomaraswamy

Nació el 11 de agosto de 1877 en Colombo, Ceilán, hijo de Sri Mutu Coomaraswamy, reconocido jurista de origen indio y de la señora Elisabeth Clay de origen inglés. Tuvo una formación académica primero en el célebre colegio Eton y después en la universidad de Londres donde obtiene un doctorado en ciencias en 1904. Dos años más tarde se convierte en el director de investigaciones mineralógicas de Ceilán. Entre tanto, es el iniciador de un movimiento para la educación nacional en India y se orienta gradualmente hacia las cuestiones artísticas, las que lo llevan a cumplir ciertas responsabilidades en el marco de la Exposición de las Provincias Unidas en Allahabad desde 1910 hasta 1911. Llamado por el Museum of Fine Arts de Boston en Estados Unidos durante la guerra de 1914-1918, asume la dirección del departamento de artes del Islam y del Medio Oriente, instalándose así en América. Manteniendo una correspondencia con René Guénon desde la mitad de los años 1930, lleva a éste a revisar sus posiciones concernientes al budismo, que Guénon consideraba como una rama desviada del hinduismo. Coomaraswamy consolida una obra a partir de entonces enteramente inspirada en el esoterismo tradicional. Además de sus colaboraciones en Etudes Traditionnelles y en revistas angloamericanas como Bulletin of School of Oriental Studies y Journal of the American Oriental Studies, escribió un gran número de obras. Fue uno de los primeros académicos en reconocer la importancia de la pintura Rajput. Además, afirmó que el rol del arte era el de transmisor de contenido filosófico y religioso, y habló sobre la naturaleza espiritual del arte indio y el punto de vista de que el arte era producido mediante práctica meditativa Yogi. Poco antes de su deseado retorno a la India, muere en Boston el 9 de septiembre de 1947. Por motivos que fueron juzgados oportunos, su funeral fue celebrado según el rito griego-ortodoxo, mientras que un ritual de tipo hindú tenía lugar en India. Casado con Luisa Runstein, de origen argentino, dejó un hijo llamado Rama Ponnambalam Coomaraswamy.

Sherry_Darling dijo...

Me quedo con esta parte de tu comentario: "(...) familia como lugar donde cuidar y ser cuidados, nutrir a otros y nutrirse de ellos, y sobre todo la confianza."

Tienes mucha razón. En cuanto a las formas de familia, para mí, los tiempos han avanzado y dentro del concepto de familia hay muchos tipos. Eso sí, lo importante es lo que tú has dicho, que haya amor y confianza.

JL Martínez Hens dijo...

Sherry, y un poquito de sal y pimienta como el zumo hecho con tomatitos Sherry...Que bien me lo pasé ayer en Jerez...Tienes que ir, que a tí te gusta mucho viajar.

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