Batallitas: Don Ramón Buxarrais

Hablaba en la anterior entrada de la luna y del lince Ramón que cantaba Kiko Veneno y se me ha venido a mi mente (que Dios me perdone) la imagen de Don Ramón Buxarrais.

Os podría contar y así lo haré batallitas de la mili, ya que como conseguí el pase de pernocta, aparte de hacer la mili por las mañanas en un destino fácil como era el de encargado del almacen, más de 50 guardias de armas de 20 horas sin parar y salir de juerga, me entretenía por las tardes en ir a visitar la cárcel de Melilla en el voluntariado cristiano de prisiones. Un cóctel molotov. Confusión de colores. De todas formas, otro día os contaré anécdotas vividas como la parábola del joven rico vivida en mis carnes. Os dejo un artículo sobre Don Ramón que es a quien de verdad merece la pena escuchar y quitarse el sombrero o la pamela:

Buxarrais y su forma de hacer Iglesia

MELILLA.

Han pasado ya quince años, pero el tiempo no ha conseguido borrar en Málaga el recuerdo que dejó Ramón Buxarrais durante las dos décadas que fue obispo, hasta que en 1991 lo dejó todo para irse a vivir con los pobres a Melilla. Por algo era considerado el obispo rojo. En la ciudad norteafricana, donde recibió a un equipo de Málaga hoy, ha encontrado su sitio y defiende la Iglesia que siempre quiso: la que lucha desde abajo sin condiciones. Y con autocrítica, que para Buxarrais es "el gran valor de la democracia".

Ramón Buxarrais (Santa Perpetua de Moguda, Barcelona, 1929) mira al mundo desde unos profundísimos ojos azules y cargados de buenas intenciones. Sin cuentas pendientes. Con la perspectiva que le dan los años y el Estrecho, el que fuera obispo de Málaga entre los años 1973 y 1991, habla del pasado y de su día a día sin tapujos.

Hoy, a sus 78 años, sigue suponiendo un revulsivo allá donde va. Y se le ve satisfecho. "Vivir aquí, en la Gota de Leche de Melilla -un centro asistencial para mayores y niños-, es el único destino que yo he elegido en toda mi vida". Y en Melilla, dice, quiere morir. "Deseo que me incineren y que mis cenizas vayan a un osario común". Cuando se le plantea que quizá no sea el destino ideado para él por muchos de sus feligreses, sonríe: "Ya me lo han dicho, pero lo tengo en el testamento".

Conocer a Buxarrais es todo un privilegio. Tratarle, para muchos, lo más parecido a tutear a un santo. Que se lo digan a los presos de la cárcel de Melilla, donde preside la pastoral penitenciaria, y que se dirigen a él como Santo Padre o Papa Ramón. Carismático, afable y de gran lucidez, el sacerdote maneja una personalidad arrolladora y un excelente sentido del humor. Don Ramón Buxarrais merece la pena.
Él dice que ya vive retirado, pero no conoce el descanso. Todos los días atiende a los ancianos de la Gota de Leche, así como a los niños y adolescentes acogidos en el centro. Pero además, entre tres y cuatro días a la semana acude a la prisión, donde habla con los presos, tramita sus gestiones y hasta recoge sus pensiones del banco.

Ahora, también impulsa en Nador una escuela de oficios para jóvenes ex presidiarios.
Los sábados, nunca falla a su cita con la céntrica iglesia del Sagrado Corazón, lo que el vicedelegado de medios de comunicación del Obispado, Rafael Pérez, bautizó como "el chiringuito de Don Ramón". Cada sábado, Buxarrais despliega una pequeña mesa de plástico justo delante de la cabina de confesión y allí despacha, como dice él. Precisamente, tras esa mesa vivió el sacerdote una de las anécdotas que dan sentido a su vida. "Un día de lluvia llegó Hassan con unos zapatos destrozados y llenos de agua; salí a la zapatería y le compré unos tenis de 10.000 pesetas, pero que me dejaron en 5.000 por conocerme; Hassan se puso contentísimo y dio la casualidad que saliendo él llegaba una señora preguntando por mí porque traía un donativo y en ese sobre había exactamente 5.000 pesetas; así es mi vida, siempre que doy, recibo".

Publicado por Agustín Rivera Ballesteros en 14:17

3 comentarios:

Alfaraz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alfaraz dijo...

Conocí a Buxarrais en aquel remoto verano de 1995 en mi "mili" melillense, gracias a las familias melillenses que loa poyaron en la Gota de Leche: los Estébanez y los García-Prieto.
Aún se echan de menos sus declaraciones contra el "marbelleo".


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JL Martínez Hens dijo...

Buxarrais, el obispo que renunció a la mitra a favor de los pobres

Por Rafael J. PérezVida NiuevaSábado, 30 de junio 2007

Para el Obispo emérito de Málaga, Ramón Buxarrais “Ha habido un silencio informativo. Según las estadísticas, se habla de 10.000 personas de origen asiático y subsahariano que esperan entrar en Melilla. Porque para ellos es una puerta fácil para entrar en Europa” ha dicho en declaraciones al semanario Vida Nueva en donde se publica una entrevista realizada por Rafael Pérez Pallarés. En el número que acaba de salir.

Ramón Buxarráis nació hace ahora 77 años en Santa Perpètua de Mogoda, localidad cercana a Barcelona. Obispo catalán en Zamora y Málaga, renunció a su ministerio episcopal en 1991. Desde entonces pasa sus días en la ciudad de Melilla.

¿Dónde vive Ramón Buxarráis?

En un pisito pequeño de la residencia “La Gota de Leche”. Un centro con 120 ancianos, 35 chicos de protección de menores y otra treintena de chicos indocumentados procedentes de Marruecos.

¿Con quién come?

Con los abuelos. Las comidas y parte de la vida las paso con ellos. Soy uno de ellos.

¿A qué hora se levanta?

(Ríe) Bueno, escandalosa la hora, a las cinco y media.

¿Y qué hace usted tan temprano?

Primero una oración que me formulé hace ya unos años.

¿Se puede saber?

Sí. (Silencio) Gracias Señor por el día que empieza. Gracias por la noche que ha terminado. Te pido que me ayudes a vivir y a hacer tu voluntad todas las horas del día. Ayúdame Señor.

¿Necesita saber que su trabajo sirve para algo?

Bueno, yo no me planteo hasta qué punto lo que hago puede servir o no. Lo que me planteo es si hago o no lo que Dios quiere. Esto me basta. La eficacia o los resultados Dios los sabe. No me interesa mensurarlos o contarlos.

D. Ramón, ¿quién tiene mayor mérito, el que dimite o el que continúa?

Ahí esta la cosa. Yo a veces me he planteado si renuncié por comodidad. Creo que no. Estaba enfermo de la columna vertebral. Me sentía muy disminuido física y anímicamente. No podía llegar a todo. Fue entonces cuando me planteé que Málaga necesitaba un obispo con salud, con capacidad para moverse, para crear y empujar. Después de hablar, durante mucho tiempo, con mi director espiritual y de rezar, de pedir a Dios que me iluminara, pedí al Papa que me concediera que me pudiera retirar. No me sentía capaz de llevar una diócesis con tantas esperanzas y posibilidades.

¿Fue usted feliz en Málaga?

Yo siempre he sido feliz. Contento, más que feliz. Porque la palabra felicidad es muy profunda. Yo digo “estoy contento”. Si esta alegría me viene de ser feliz, bendito sea.

¿Le hubiese gustado haber hecho algo más cuando ejercía como obispo?

Sí. Me hubiera gustado emplear más tiempo y más medios con la gente pobre y con la gente que sufre. Ahora lo que intento es hacer esto: dedicar más tiempo a los pobres, a los presos de Melilla y del norte de África. Me parece que la esencia del Evangelio es el amor a Dios reflejado en las personas.

¿Hay algo que le saque de quicio?

(Silencio) Las injusticias a los más pobres. Sí. Me crispan.

¿Dónde está Dios cuando se ve tanto sufrimiento?

En el mismo sufrimiento.

Usted ha afirmado que la Iglesia avanza a golpe de cruz. ¿Qué quiere decir con esa frase?

Pues que la Iglesia avanza a base de dificultades. La Iglesia, en definitiva, nada contracorriente. La corriente de la mentira, de la violencia, del pecado. En la medida en que nada se desarrolla más.

¿A qué tiene miedo un obispo?

(Silencio) Miedo a nadie. Porque teniendo a Dios por padre y amigo, ¿a qué puedo temer? No temo a nada ni a nadie. De verdad.

¿Para qué cosas se siente viejo?

A veces, el dinamismo que tenía en años anteriores no lo tengo. El cuerpo me pesa.

¿Para qué cosas se siente joven?

Mira, miro con ilusión la vida, el mundo, la Iglesia. Me apasiona Jesucristo cada día más.

¿Qué aportan Jesucristo y la Iglesia a esta sociedad?

La alegría y la felicidad profunda. Cristo viene a ser la respuesta a los interrogantes que el hombre, tarde o temprano, se formula. Cristo es la respuesta al hombre.

¿Cuál es la respuesta que el hombre contemporáneo busca hoy en Jesús?

El amor. Se nos habla mucho del amor, pero pienso que a veces se vive equivocadamente. Cuando el amor es profundo y real, tanto el espiritual, psicológico o carnal, éste hace feliz al hombre. Cuando esto se manipula y se le vacía de contenido, entonces se convierte, a veces, en un arma mortal contra la propia persona que no sabe amar.

D. Ramón, usted dijo un día que “andamos tan encandilados en el hacer que somos incapaces de contemplar el ser y cuando uno ignora lo que es no atina en lo que hace”

Pues está muy bien dicho, ¿no? (ríe)

Es suya la frase. Estaba inspirado…

Realmente es verdad. Estamos en un mundo distraído, incapaz de reflexionar. La libertad y el corazón del hombre están hechos para amar, no sólo para divertirse.

¿Hubiese elegido el tema Dios es amor para su primera Encíclica?

Pero si no he sido ni seré Papa. (Ríe) Lo que me parece muy bien es que el Papa, un hombre intelectual como es él, haya elegido este tema: Dios es amor. Benedicto XVI es una persona superdotada: un gran teólogo y un gran conocedor de la humanidad. Creo que nos puede iluminar en los caminos de felicidad que busca el ser humano.

¿Qué le suscita la esperanza?

Mirar la vida con alegría. Pensar que hay muchas dificultades que serán superadas. El mundo de hoy es mejor que el de ayer y el de mañana mejor que el de hoy.

¿Seguro?

Seguro.

Usted vivió muy de cerca el drama de los subsaharianos que intentaron saltar la valla de Melilla para entrar en Europa. Cuando estas personas fueron detenidas y devueltas a sus países a través del desierto usted llegó a afirmar que estaban en el corredor de la muerte. ¿Qué ha ocurrido con esta situación?

Ha habido un silencio informativo. Según las estadísticas, se habla de 10.000 personas de origen asiático y subsahariano que esperan entrar en Melilla. Porque para ellos es una puerta fácil para entrar en Europa. Sí, hay un cierto silencio. Sin embargo, hay una cosa que aplaudo: la acogida del CETI en Melilla, que acoge a 1500 inmigrantes. En este sentido, España y Europa los acogen muy bien y los cuidan.

Sin embargo, hay saturación en los centros de menores…

Efectivamente, son niños de 10 a 15 años que, no sabemos cómo, cruzan la frontera y a los que no se les puede expulsar porque Marruecos no los admite.

¿Se siente profeta?

No, de ninguna manera.

¿Se siente más querido que odiado?

Muchísimo más querido. No conozco a nadie que me odie.

¿A quién jamás podrá borrar de su corazón?

Bueno, a varias personas. Espiritualmente a Jesucristo e históricamente a mi madre. Fue de quien yo mamé la fe y quien se oponía a que fuera sacerdote. Se oponía porque temía que fuese un capricho de joven.

¿Qué le enamora a un obispo?

¿Qué me enamora a mí? En este momento, los ancianos sencillos y buenos. Gente que ha sufrido mucho en la vida y que viven con una sencillez y transparencia formidable. Me enamora. Sí.

¿Sus ojos azules fueron alguna vez un problema?

(Ríe) Es que no me había dado cuenta que yo tuviera ojos azules. Algunas abuelas me dicen: ¡ oh padre, qué ojos tiene! Pero que yo sepa no.

¿Le gustan los placeres sencillos?

Sí. La tortilla de patatas está riquísima.

¿Hay humor sin sabiduría?

(Silencio) Seguramente no. Porque los que tienen buen humor son inteligentes.

¿Va usted vestido de clérigo a Marruecos?

No. Voy sin el clerygman.

¿Le queda algo por decir?

Pues que quisiera amar mucho a Dios y que ese amor a Dios me empuje a amar y servir a los hombres, a todas las personas, especialmente a los más pobres y a los que sufren.

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