De Verdú y otros escritores, Juan Chirveches y Pilar Sánchez...


Estuve en Granada ayer por la tarde. Una visita de un par de horas. Fui a ver la exposición de la Galería Sandunga, y a la presentación de No Ficción de Vicente Verdú, en la Casa de los Tiros, y a saludarle, ya que este blog le debe mucho a sus consejos, directos y a los que indirectamente yo imagino que son para mí de su blog.

Cualquier escritor habla para sus lectores, y por eso creo que el lector, en determinados momentos tiene que ir al escritor y no sólo agradecerle sino darle cuenta de como él mismo va desarrollando sus ideas y descubriendo nuevos mundos.

Ayer, estuvo brillante, hablando una vez más paradojicamente, sobre el libro en los tiempos modernos, y que se están desarrollando fenómenos nuevos, como éste de los blogs, que hacen cada día, según su opinión que los libros sean menos importantes.

Don Vicente o Vicente, no tengo muy claro el tratamiento, por la admiración que profeso a su vez pese a que para mí se va haciendo cada día más cercano a base de intentar escudriñar su pensamiento, en definitiva su interior. Pues bien, el escritor, no se explica como en las escuelas, después de un siglo ya de cine, no se dan clases de interpretación de cine, y siempre se fomenta cuando hay una película y una novela, que ésta última es mejor.

Por tanto, él sostiene que muchos jóvenes de hoy sin necesidad de leer tochos insufribles pueden ir cultivándose con blogs, televisión a la carta, foros, la posibilidad de viajar, de conocer a personas de distintas religiones y que hablan distintos idiomas, etc...cosa que en el siglo XIX no pasaba.

En cuanto a las historias que se cuentan hoy en día, a él no le interesa demasiado ese "ñoña" apología de la imaginación. ¿Imaginación de qué? De cosas que no se han vivido. Así, una persona que no es policía, podrá hacer una novela policiaca pero no sabe nada de eso, sólo juega con ideas infantiles, libros infantiles para adultos. A él le interesan, sobre todo los conflictos personales del autor, los problemas con el ego, vivencias reales, y que se acabe con ese miedo a la intimidad de los escritores porque al final lo íntimo resulto muchas veces de lo más común.

No hay por qué avergonzarse de relatar lo que estamos viviendo, y es necesario un poder de concentración importante para una introspección verdadera. Además los escritores deben de ser lectores de uno mismo, y de esa manera ir corrigiendo posturas ante la vida.

Con posterioridad a la charla tuve la ocasión de saludarle y cruzar unas palabras al abordaje, una confesión necesaria de 40 segundos, más que necesaria. Le debo haber salido de un pequeño infierno, de una idea totalmente equivocada de mi mismo, por lo que todo aquel que lea este blog y quiera comprenderme, tendrá que pasar necesariamente por las páginas de No Ficción, que a nadie dejará indiferente y que es muy fácil de leer pese a estar muy bien escrito.

Posteriormente, estuve con Juana, una amiga que fue conmigo al programa de Vigorra donde estuvimos como público con Verdú, y me dio mucha alegría verla. Le conté toda una serie de cosas personales como si nos conocieramos de toda la vida, como un "verdulero" en el mercado, y ella reaccionó con humor y comprensión. Había leido cosas del blog, lo cual me hizo mucha ilusión y estuvimos hablando de mi primer tema, vocación y entusiasmo, y de cosas que ella interpretaba, que curiosamente, en dos semanas he ido superando. No es que esté loco de contento con mi profesión pero no voy a tomar decisiones definitivas. Estoy más tranquilo, gracias a esta terapia de introspección de mi ego y de respeto a sus costumbres e impulsos. No me queda más remedio que vivir con él, aunque estoy seguro que en el siglo XXI también aprenderemos a quitarnos el ego, a base de intercomunicación. Seguro que llegará el día de que enchufaremos un aparato al que le podamos decir, viva usted por mí este día, que hoy quiero dedicarme a la nada...

Juana, me presentó a una amiga suya, hermana de un poeta, y que tiene su misma sonrisa. Fuimos a ver recitar poesía a Juan Chirveches, y me pareció un poeta interesantísimo y sobre todo muy sencillo y cercano (estaba tan sólo a un metro con una ¿megafonía? de andar por casa). También me presentó a otra amiga y a un señor con barba que le hicieron un comentario de Flamenco y que me recordaba a Caballero Bonald. Rodeado de intelectuales, como cateto de la Costa y en el fondo la reencarnación del personaje de Landa, puse cara de interesante y yo creo que coló, como iba vestido de abogado con una corbata de Hermes muy peculiar, pues di el pego...

El poeta explicó su libro, titulado La sangre de Noviembre, que se divide en cuatro capítulos que corresponden con las estaciones. Muy lorquiano a mi modesto entender y sencillo. También nos estuvo explicando el significado de la Jitanjáfora, una poesía inventada por un autor cubano, con mucha sonoridad y con palabras inventadas. Dedicó una inédita, a un familiar suyo sobre medicamentos para acabar el recital, y luego le regaló el original a Juana, que espero que cuelgue por aquí o en el blog que como seguidora de Verdú debería hacer, y deleitarnos también con sus dos relatos.

Por último, llegó también su amiga Pilar, escritora también y pude comprar su libro destinado a padres consecuentes...que se quedó sin firmar con la excusa de una nueva visita que haré en cuanto me llamen porque entre poetas y guayabos yo ando como Landa en el Hotel Pez Espada en los 70...

Me he levantado temprano, ya que llevo muchas horas dedicadas al Blog y mis niñas necesitan de mí como yo de ellas. Voy a dejar el High Tech por el High Touch... Pero para despedirme y enlazar con el no puedo ir de ayer, os dejo con un poema de Juan Chirveches, que está relacionado con la hora en la que me he levantado:


Iré a verte madrugada.
Iré a verte y saludarte
al borde mismo del alba.

Iré a verte al precipicio
de las seis de la mañana.
Te veré desde las rocas
matando la noche larga.

Iré a verte madrugada.
Iré a verte y saludarte
a los barrancos del alba.

Iré a verte madrugada.
Iré a verte y saludarte
al borde mismo del alba.

Iré a verte al precipicio
de las seis de la mañana.
Te veré desde las rocas
matando la noche larga.

Iré a verte madrugada.
Iré a verte y saludarte
a los barrancos del alba.




Quiero que no me abandones, amor mío, al alba, al alba, al alba, al alba, alarga...

3 comentarios:

JL Martínez Hens dijo...

¿Para qué tanto leer?
VICENTE VERDÚ, El Pais 26/04/2008

El libro constituye un bien tan significativo de una determinada cultura que esperar a que se lea cuando su sistema desaparece es lo mismo que reclamar que perviva una hormiga sobre una superficie de alquitrán. La vida de la hormiga es tan improbable en la Gran Vía como la vida del libro es exigua en el angosto y hasta alicatado ocio de la cotidianidad.

La lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse. El insecto queda exterminado sin infligirle un mal directo, pero no se reproducirá en la ciudad.

Igualmente, el fin del libro y su lectura no proceden, en especial, de la educación deficiente, la impericia de las editoriales o una siembra de cizaña (¿televisión?, ¿videojuegos?) que lo matan directamente y de raíz.

Simplemente, la lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse.

La actualidad del mundo, la realidad de los intervalos de trabajo y tiempo libre, coinciden con una disponibilidad para leer tendente a cero. Y no se diga ya para leer a fondo. Los momentos en que aún se lee se obtienen de intersticios de una construcción cuya fachada central repele lo libresco como materia ajena a su iluminación natural. Se lee, efectivamente, en los cantones del sistema, en los estrechos itinerarios de transporte público, en los puentes o en las vacaciones, en los tiempos muertos.

Todo tiempo oreado y candeal se ocupa, generalmente, en otros gozos, sean los viajes, el sexo, Internet, las copas, los juegos en las pantallas, las cenas o los cines. ¿Tiempo para leer? Quien lee se extrae literalmente de la cadena nutricional reinante para insertarse en un nicho marginal. Todo lector, y tanto más cuanto más lo es, traza su fuga y, a su pesar, se convierte en fugitivo de la contemporaneidad.

Efectivamente, los lectores de Harry Potter y otros best sellers internacionales no abandonan el reino, pero ¿quién puede decir que encarnan al profundo lector? Son lectores mutantes que como la presunta clase de himenópteros futuros hallará albergue en el asfalto. No ya en la fisura del asfalto sino en el mismo piso puesto que esta tipología no alude a un lector convicto, sino al libro de recreo importado de lo audiovisual. Son lectores de letras pero no letrados, siguen la línea de la página pero según los patrones del hilo cinematográfico o del musical.

El resto, los lectores conspicuos que aún permanecen, son hoy trabajadores autónomos, artistas profesionales, jubilados, impedidos, enfermos, críticos literarios, editores, directores de colección, traductores, autores. Fuera de ese ejército marcado y en declive creciente, apenas unas unidades más pueden sumarse al mundo lector.

Los libros, infantiles, juveniles, de autoayuda, de intriga, de salud, de consejos prácticos, de empresa, de texto, etcétera, componen la mayoría del tonelaje que trasladan todavía los contenedores del sector editorial y que pronto serán reemplazados masivamente por la superior eficiencia de las pantallas. No hay ocasión, pues, para complacerse en los libros literarios o en los libros del saber, ni tampoco una razón firme para confiar en su ventaja utilitaria.

En consecuencia, toda lectura de El Quijote con el ánimo de propagar la lectura como signo de salvación social no será sino la chusca representación de una función agotada y la teatralización de la impotencia. No se lee por El Quijote, no se lee siquiera por consejo o ejemplo de los padres, se lee cuando el bocado de tiempo que pertenece al libro procura sabrosas y efectivas sensaciones de placer. Sin embargo, para ello no basta cualquier tiempo marginal, contaminado o intersticial, ni tampoco el tiempo urgido o el intervalo fatigado del fin del día. Quienes leemos y leen el libro no se alistan entre quienes se integran más y mejor, sino entre los que añoran ese producto que aprendieron saludablemente a paladear.

¿Escuelas gastronómicas para la lectura? Todas las escuelas gastronómicas se dirigen a acrecentar la variedad de los restaurantes, esos espacios donde efectivamente el mundo joven acude con insólita frecuencia y cuyo disfrute pertenece de pleno derecho a los entretenimientos de esta cultura reinante que atiende, en sus acortados tiempos libres, a las benditas sensaciones del cuerpo y no a los enrevesados ejercicios que a menudo exige la degustación mental.

www.el boomeran.com

Sherry_Darling dijo...

Me alegro muchísimo por tí: sé que tanto Verdú (como inspiración) como este blog son algo muy importante para tí. Ambos están muy unidos, quizás si no llegas a leer "No Ficción" no hubieses llegado a poner en marcha este blog. Por eso me alegro tanto que ayer tuvieses la oportunidad de volverlo a ver.
Por cierto, cuando estuve en París, me estaba tomando un café con leche y me vino a la cabeza el capítulo de "No Fición" del Café. El de la "conspiración" para ocultar lo malo que es el café con leche, jajaja.

Anónimo dijo...

¿Cómo quiere que un escritor sea púdico? Es el oficio más impúdico del mundo; a través del estilo, de las ideas, de la historia, de las investigaciones, los escritores no hacen otra cosa que hablar de sí mismos, y además con palabras. Los pintores y los músicos también hablan de sí mismos, pero lo hacen con un lenguaje mucho menos crudo que nosotros. No, señor, los escritores son obscenos; si no lo fueran, serían contables, conductores de tren, telefonistas, serían gente respetable."
(Higiene del asesino, Amélie Nothomb)

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