¿Qué opinais? Un título...

José Tomás va camino de que lo mate un toro. Aquí no hay truco como pasaba con El Cordobes y otros toreros del tremendismo. Recuerdo cómo una noche con copas le decía al maestro Galán, que lo de tirarse a matar sin muleta tenía truco y él se reía. Luego se mató en un accidente de coche.

Algunos blogueros que tengo enlazados hacen comentarios sobre ésto y comenta Jaime que va dispuesto a acabar con la leyenda de Belmonte, aunque parece que va más por la senda de Manolete o el Yiyo, del que creo que tiene en su cuadrilla a su hermano.

El otro día hacía un comentario el bloguero Ignacio Bermejo sobre los que anteponen la gloria a la vida. ¿Qué opinais? ¿Le ponemos un título? José "Toomuch" como leí en el ABC, "De lo espiritual en el arte" de Kandisky, "El poder y la gloria" de Graham Greene o "El ruido y la furia" de Faulkner. Ruido hay pese al silencio de su toreo.





Yo creo que va camino de que le haga una nueva novela Dominique Lapierre llamada, Oh!, llevarás luto por mí...

Sólo falta un torero de nivel que fuera capaz de retarlo,y así volveríamos a tener peleas en los tendidos de una España contra la otra. De momento, lo único que se hacían oir con fuerza eran los seguidores, si bien desde la última cita, se oyen voces discrepantes que creen que éste espectáculo, más que arte y valor, roza la tragedia, y que es más un circo que toreo de verdad.

No creo que haya más verdad que el toreo de Tomás. Y este arte, no es un bailecito flamenco como hacen algunos toreritos de salón, sino que para que la emoción llegue a los tendidos, se ha de palpar la posibilidad, de que se está creando poesía, no desde la técnica y la forma sino también desde el fondo, jugándose la vida de una forma silenciosa y poco teatral.

Nos estabamos acostumbrando a cuernos que eran más que verdaderas agujas, alfileres de colores, que pintaban el traje grana y oro, como ensartando un clavel:



Ole, con ole y ole...

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bonita esta arboleda,
con dulces hierbas campestres
y álamos de tragedia.
Qué bonita esta arboleda
para ahorcarse
en ella.

Juan Chirveches.

carmen dijo...

¿ruleta rusa?, ¿suicida?, ¿por encima del bien y del mal y de la vida y de la muerte?

Creo que el se ofrece de verdad simepre, haya toro o no, su trapecio no tiene red y eso asusta siempre más al de abajo que al de arriba y desmerece al resto de trapecistas.

Anónimo dijo...

Si Juan Belmonte fue el creador del “toreo estático” - al no tomar en consideración los conceptos de la lidia antigua, cuyo último intérprete fue Joselito-, realizando un nuevo tipo de toreo hasta entonces desconocido, lo que hace hoy José Tomás alcanza una dimensión indescriptible, al ejecutar faenas que son verdaderas hazañas míticas de sobrecogedora quietud, que penetran todas las estructuras del mosaico nervioso emocional de los espectadores. Por lo que venimos observando, a este diestro sin par, le importa un bledo los principios básicos del toreo, deducidos de la manera de acometer los toros, ni las clases de toros y menos las transformaciones que algunos experimentan durante la lidia; ni las querencias, ni los terrenos del toreo. No llega a importarle ni siquiera lo que es esencial para los toreros: la destreza, porque él, como Belmonte, aunque físicamente más entero que el de Triana, que toreaba sin enmendarse, metido en los terrenos del toro, aunque fuesen miuras. Pero José Tomás ha dado un paso más, tal vez el último en la evolución del toreo: entrar y salir de los terrenos del toro sin inmutarse, pletórico de verdad y valor. Ha alcanzado tal dimensión, producido tal fenómeno en el ánimo de los espectadores, que logra donde torea tensar las cuerdas de la guitarra de la emoción colectiva, hasta el punto de que ya no saben quién es el que torea: si José Tomás o el toro, y ello siembra un nuevo tipo de desconcierto anímico.

Carlos V Serrano
El Puerto 11 de junio de 2008

Anónimo dijo...

José Tomás. Luces y sombras
Javier Villán
La Esfera de los libros. Madrid, 2008. 176 pp., 39 e.
Leer extracto


El libro de Javier Villán sobre José Tomás es una maniobra maestra por la que un texto de manejable extensión, nos sacude un contundente mandoble que pone los puntos sobre las íes. Villán, claro y poético, ensaya y consigue un análisis del diestro de moda con un mensaje creíble, una prosa soberbia y una edición de lujo, en la que fotografías y textos interactúan, dialogan y propician instantáneas escritas que son como poemas. El autor de Memoria sentimental de España, crítico taurino y teatral de El Mundo, sabe de liturgias y de fervores. El matador de Galapagar fue una revolución sin parangón desde que apareció. Se retiró y ha vuelto convirtiéndose en la divinidad de una religión que Villán no profesa.

En efecto, el traje de luces es lo más parecido a una casulla lujosa de obispo que tenemos hoy al alcance de nuestra vista. A los toreros les queda el brillo indumentario, pero a José Tomás, según Villán, hay que afrontarlo aún con rigor crítico, y ver si hoy es el “transgresor de las primeras temporadas o el acomodado de las últimas”. Porque incluso a las cornadas puede uno acomodarse.

Villán ve en este torero estoico, hermético, sin temple pero con un valor de escalofrío, más una filosofía que una tauromaquia, y observa con escepticismo el tomismo doctrinal. Entiende que Cristo resucitó y por eso Tomás ha vuelto, pero no que se empeñe en el autosacrificio: “no debiera convertirse en mártir”. No le falta a José Tomás sentido trágico ni litúrgico. Es taquillero. Pero quizá le sobra vuelo, cogidas, y miedo a las cámaras. Sugiere Villán que tal vez porque la televisión muestra más los defectos que en la caliente refriega de la arena pasan desapercibidos. Más duro es atribuirle, como hace, “alergia a los pitones y a la integridad de los toros”, por su afición a las ferias de segunda.

Buen rapapolvo sacude el autor a sus colegas que escriben y están ante Tomás “como los bienaventurados en presencia de Dios”, que defienden que no hace falta entenderlo, que sólo hay que sentirlo. Tampoco es muy cómplice de los intelectuales y artistas fascinados por los toreros, acaso medio de proyección de su propia fama. Con todo, “cambiaría todos mis versos –escribe– por una vuelta al ruedo en las Ventas o en la Maestranza”. Lorca fue asimilado a Belmonte y Alberti a Gallito, pero Villán no ve poeta para José Tomás. A Villán no le gustan los poetas “gore”.

En fin, le pide al ídolo un salto cualitativo. Porque si es verdad que no quiere Tomás que le mate un toro, le falta demostrar que sus ocho cogidas no hablan de “un torero torpe a merced de toros sin fuste”.

Román PIÑA

Anónimo dijo...

Los victorinos y El Cid
saben poner boca abajo
los tendidos de Madrid.

Dar pases huele a trabajo,
torear es otra cosa
que no rima con destajo.

La inspiración, caprichosa,
se enamora de quien quiere
querer a la dolorosa.

Porque el toro mata y muere
si no lo afligen los mantas
del cólico miserere.

Qué jondo la izquierda canta
si el corazón se embragueta
con un nudo en la garganta.

Desnudo queda el esteta
cuando el alma a borbotones
le desangra la careta.

Ya quisieran mis canciones
jugarse las existencias
ante arpegios cornalones.

Baladas contra querencia,
verónicas rebozadas
del tarro de las esencias.

Bulerías Talavante,
neoclásicas espantás,
perfumerías Morante.

Naturales a compás,
magisterio pata alante,
misterio José Tomás.

Joaquín Sabina 8 de junio de 2008

desdeeltendido dijo...

Jose Tomás se ha convertido en el centro de las miradas en el mundo del toro. Al gran publico, no le importa que el Cid, se encierre en Bilbao con 6 Victorinos, ni que Perera salga por la Puerta Grande de Las Ventas, con la resaca de José Tomás en el aire, ni que vuelva Morante. Solo importa José Tomás.
Para mi el toreo no empieza ni termina en José Tomás.
Pero valorando la fotografia, pienso que es la de un torero. No todo el mundo puede ser torero. La fotografia de una maxima figura, que sabe lo que la gente le pide, y que el mismo se lo exige, por que lo vale. Tiene que estar a la altura, todas las tardes. A un altura, que el mismo, no ha puesto límites.
No veo tremendismo, veo valor, honradez, verdad.-Aquí, estoy yo, y quien pueda que lo supere.-
José Tomás está en lo más alto.

Daniela dijo...

josé Luis...me vas a matar, a pesar de mi sangre española, no puedo ir a una corrida, porque voy al toro, me da demasiado dolor ver como los hacen sufrir.

Un beso.

Daniel Llesse dijo...

por supuesto que puedes utilizar ese texto, me salió del alma, no soy acérrimo a los toros, pero no soy antitaurino, si voy a ver una corrida, sé disfrutar de ella. José Tomás es poesía.

JL Martínez Hens dijo...

Daniel llesse dijo:

José Tomás se ha convertido en el gladiador perfecto, su mirada es igual a la de Russel Crowe en su magnífica actuación en la película de Ridley Scott, la mirada del hombre al que el destino le supera, sale a la plaza porque sabe que no puede hacer otra cosa, no lo hace por triunfar, por ser adorado, por que todos los intelectuales de izquierdas hablen maravillas de él. El es torero. Punto. Sale a la plaza como el obrero contento de su trabajo al andamio. Sabe que en cada momento se juega la vida y no lo hace por dinero, de eso estoy seguro. Lo hace resignado. Se ha convertido en un héroe sin quererlo.

Joaquín dijo...

Por muy afeitados y "flojos de remos" que sean los toros, hay que reconocerle el mérito a todo el que se pone delante de los cuernos. Hace falta valor.

Recuerdo una foto de hace unos diez o quince años, de Curro Romero derribado en la arena, y el toro haciendo hamago de cogerle. El fotógrafo le captó la cara de espanto.

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