La ladrona del tiempo...

Llevaba media hora haciendo una entrada sobre la inpuntualidad en los Juzgados cuando ha llegado mi hija pequeña, llámese destino, y con un sólo botón del teclado, se ha conseguido cargar una entrada, donde me desahogaba a gusto por haber tenido que aguantar esta mañana más de dos horas en el Juzgado para que se celebrara un simple Juicio de Faltas.

El caso es que si se señalan en una mañana 20 Juicios y se cita a todas las partes, cada 5 minutos, empezando a las 10 de la mañana, se consigue, aparte de un ambientazo en la puerta de entrada, el resultado obvio de que el último, es decir el que hace 20, es a las 11:35.

¿Qué se puede hacer en estos casos? Pues, hay dos soluciones o bien resignarse, o se tiene la posibilidad de liar un pollo y hacer constar ante el Secretario que está celebrando en ese momento (pasado como mínimo una hora y media) que se ha esperado el tiempo prudencial y que uno tiene otras obligaciones, con lo que con suerte, y después de una discusión y un importante mal rato, puede que se consiga que te suspendan y señalen para otro día con una nueva inpuntualidad, si bien a uno le cogen la matrícula, y por supuesto a tu cliente le va a ir nada más que regular.

Se lo he planteado al cliente, y me ha dicho que ya puestos, prefería esperar. Me he acordado de la hoja de encargo que leí la semana pasada de un abogado inglés que cobra 170 Libras/hora. Al final, cuando he entrado, resignado a vivir con lo inevitable, he tenido la sensación celebrando el juicio, por los comentarios y miradas, que el retraso era culpa mía. Un lunes, de mucho calor y encima el último, a las 14:15, ya daba igual todo, y sin entrar ni tan siquiera en el fondo del asunto, estoy seguro que condenan a mi cliente. Así funcionan nuestros Tribunales, y que puedes esperar si te ponen un Juicio a medidados de julio, y un lunes, después de 19.

El caso es que opino que la inpuntualidad (la ladrona del tiempo como decía el otro día un guía en la Alhambra) es una manifestación clara de la falta de respeto y educación hacia las personas, pero la Justicia no es para damas y caballeros, por lo que entra dentro del sueldo de la profesión. El caso es que yo me pregunto que si la Administración nos tuviera que pagar las horas de espera a los profesionales, seguro que no señalarían 20 juicios en una mañana. Mientras sólo cabe esperar y tener preparada una defensa express de 1 minuto para casos como éste.

Así que a los que tengan pensado delinquir este verano les deseo mucha suerte, pues entre otras cosas, para ganar un pleito es necesario que se den las condiciones ambientales mínimas, y en verano, como dice el Ministro, hace mucha calor para llevar cobarta. De todas formas, y en caso de duda, en un caso como éste, les aconsejo que si son clientes, deberían de autorizar a su letrado a que líe el pollo y se retrase el asunto, ya que si hay que esperar, vamos a tomarlo con calma, como dicen en Brasil. Siempre cabe la posibilidad de que se olvide la carpeta, o que te señalen para el 2012 como hacen en el contencioso-administrativo.

2 comentarios:

Alfaraz dijo...

JL.
Está muy bien que le pidieras permiso a tu cliente para montar el pollo en el juzgado.
Imaginate que le organizas al Secretario una parecida a los Municipales de tu pueblo cuando lo de los saltimbanquin. Entonces tu cliente esta noche dormía en Alhaurín, fijo.

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Anónimo dijo...

Purificación PUJOL CAPILLA

Doctora en Derecho. Juez sustituta de Madrid Autora de la «Guía de comportamiento en las actuaciones Judiciales». Editorial LA LEY 2007

Diario La Ley, Nº 6984, Sección Tribuna, 8 Jul. 2008, Año XXIX, Editorial LA LEY
LA LEY 38688/2008

La puntualidad debe ser un factor fundamental en el buen funcionamiento de nuestra Administración de Justicia.

Resulta del todo inaceptable que se de comienzo tarde a una vista porque alguno de los profesionales que deben comparecer se retrasen injustificadamente.

El Juez (máxima autoridad en las vistas) debe tener la responsabilidad de hacer que todos los juicios comiencen a su hora. Es la forma de cumplir con una obligación contraída, que ha forzado a un determinado número de personas (abogados, procuradores, partes, peritos, testigos, etc.) a encontrarse en el lugar y hora que han sido citadas por el juzgado.

La Carta de Derechos de los Ciudadanos ante la Justicia impone la obligación de celebrar las sesiones a su hora. El ciudadano tiene derecho a exigir que las actuaciones judiciales en las que resulte preceptiva su comparecencia se celebren con la máxima puntualidad. En caso de retraso el Juez o el Secretario deben informar -siempre- sobre las razones del mismo a la vez que ofrecer sus disculpas a los comparecientes a los que se ha hecho esperar.

Decía el educador Horace Mann: «La informalidad en atender una cita es un claro acto de deshonestidad. Igual puedes robar el dinero de una persona si robas su tiempo.»

Dentro de las normas deontológicas de la Abogacía española, en el texto aprobado por la Asamblea de decanos celebrada en Madrid en mayo de 1987 y modificado el 29 de junio de 1995 puede leerse:
«El abogado no tiene obligación de sufrir un retraso superior a media hora del comienzo del acto judicial, por lo que, transcurrido dicho tiempo podrá solicitar la suspensión».

Como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto se deriva que la primera regla a cumplir por nuestros tribunales es la de la «puntualidad».

Napoleón Bonaparte dio una definición ajustada sobre la puntualidad: «La Hora es la Hora: Un minuto antes no es la Hora, un minuto después, tampoco es la Hora».

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