La necesidad del aburrimiento






Creo que una de las mejores armas que hay para enfrentarse al calor del verano es el sentirse en algún instante aburrido.









Frente a la actividad de los cambios de humor y la súbida de espíritu de la primavera, en verano tras la ilusión de los primeros días, llega un momento en el que uno se cansa, y esa sensación que hace que nos vayamos a la nevera y le metamos mano al Helado del "Mercadona" sin importarnos las calorías, es un síntoma claro de descanso y relajación, necesario en nuestro organismo para afrontar el nuevo calendario en septiembre, con nuevos proyectos y fuerza.

No hay nada como quedarse unos días en casa tumbado, leyendo una novela larga y sin ningún proyecto, tarea ni viaje en la cabeza. Yo estoy tan relajado, que estoy dejando hasta de hacer deporte, con lo que rapidamente estoy recuperando los kilitos que he perdido durante el invierno y la primavera. Me estoy leyendo Los Buddenbrook, la primera novela de Thomas Mann, que describe la sociedad alemana del siglo XIX y que es lenta aunque está muy bien escrita. Os aconsejo que si os echais la siesta, leais un poco antes de dormiros, y entonces uno empieza a crear en sueños su propia novela. Eso me pasó hace poco con el Pedro Páramo, si bien al ser muy corta y dormirme lentamente, perdí completamente el hilo.

Os animo por tanto a que os aburrais, aunque sea leyendo esta entrada tan poco motivada, y no seais pretenciosos con eso de yo no tengo tiempo para aburrirme. Si no teneis tiempo hay que buscarlo, porque todo lo que se hace con la calor que está cayendo, sale nada más que regular.

Además estamos ya en tiempos de crisis, por lo que más vale no mover ficha, por mucho que nos digan que es la hora de las oportunidades. Ayer, me encontraba a un amigo de mis primeros veranos de marcha y echábamos de menos aquellos años, donde salíamos a ligar. Esa también es una de las opciones veraniegas para los que puedan.

Otra posibilidad son los viajes, aunque con niños chicos son un suplicio sólo comparable con ir a la playa cargados de bártulos. Después de esta entrada, creo que voy a dar motivo para cambiar más de un pañal en esas largas tardes de estío.

5 comentarios:

Jaime Garcigonzález dijo...

¿Y qué me dices de las siestas gloriosas de 4 a 8:30? Eso sí, harto de gazpacho, melón o sandía, que nadie te hable recién "levantao"...

Incombustible dijo...

Jejeje, pues mira, nada de entrada poco motivada. Por el contrario, para aquellos que suelen ir por la vida sin permitirse un momento de respiro, éste sería un buen consejo: abúrranse y a leer un poco; o convivir con la familia, aunque esto implique un cambio de pañal.

PD:
Gazpacho ¡Yomi! Soy fanática de esta ¿sopa? ¿Bebida? En casa trato de prepararlo, pero por alguna razón no me queda como el español. Será que me hace falta ir a España de nuevo.

celebrador dijo...

Soy un gourmet de la siesta, pero de la sieste-siesta, la del pijama y el orinal cerca de las dos horitas

Mmmmmmhhhhhhh

Daniela dijo...

José Luis...leo lo que dices del verano y pienso, qué haré yo que vivo en un país con un verano eterno. Por eso la forma de ser de los que vivimos aquí. debe ser el calor.


Dentro de unos días tomaré unas vacaciones para una isla, si puedes me recomiendas algunos libros, al fin me puedo ir de descanso absoluto.

Viajaré con mi médico de cabecera, jaja...recuerdas?.

Besos.

JL Martínez Hens dijo...

La siesta y el gazpacho, el matrimonio veraniego.

Me entraron tantas ganas de tomarlo, que ayer le pedí a mi madre que me hiciera uno y ya lo tengo en casa, preparado para tomarlo con una paella a la que le voy a dedicar una entrada.

En cuanto al comentario de Daniela, para mí sería difícil un eterno verano. Llega un momento en que siento hastío del estío. Me imagino que tu trabajo con ese calor debe hacerse complicado, por lo que aprovecha las vacaciones.

No se que libros recomendarte después de tu exquisito gusto por Hosseini. Acabo de terminar los Buddenbrook de Thomas Mann que es un escritor buenísimo, aunque sus novelas son muy largas y se pueden hacer pesadas. Como dice Verdú, hoy en día se nos hace pesado las descripciones exhaustivas de un comedor del siglo XIX con sus candelabros y demás mobiliario que desconocemos, cuando en un sólo segundo de cine, con una imagen, podemos ahorrarnos de esa minuciosa descripción. Si quieres leer algo de este autor, para empezar te recomiendo La muerte en Venecia, como te recomendaría El jugador o Crimen y Castigo, si quieres leer algo de Dostoievski. Este verano me he leído el Gatopardo de Lampedusa, muy recomendable, sobre todo si tienes la oportunidad de ver la película con posterioridad al libro. También leí Cumbres Borrascosas y es muy ligerita, todas ellas novelas europeas, si bien por encima de todo te recomendaría la primera novela que recuerdo haber leído que es Trafalgar de Pérez Galdos o bien si tienes tiempo, la mejor novela del siglo XIX de España que dicen que es La Regenta de Leopoldo Alas Clarín. Siguiendo con españoles, si quieres reirte, te recomendaría En busca del Unicornio o Guadalquivir, de Eslava Galán, o algo del gaditano Quiñones. Algún día me haría ilusión mandarte por correos un libro, como hago con los amigos de Betisweb, lo que hago extensivo a los demás amigos del blog.

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