Arroz en vez de playa

Me he quedado en casa cocinando mientras las niñas se iban a la playa. Cada día me gusta más el mar, pero después de haber estado un año haciendo deporte por el Paseo Marítimo y en la playa, la aglomeración de turistas del litoral, me produce una sensación muy desagradable, por lo que como una imagen vale más que mil palabras, hay teneis una foto de cosas de las últimas tendencias veraniegas.


Acabo de hacer un sofrito para una paella. Como me leen muchos amigos latinos, os voy a decir como hago yo el arroz, sin que tenga ninguna receta, por lo que como yo no tengo nada de cuadrado, nunca he conseguido hacer dos arroces iguales, lo que desespera a mi mujer, ya que siempre hay algo de suspense en las pocas oportunidades que se me brindan. Todo dependerá del humor, y si me he levantado pensando en las nubes o en el subsuelo. Lo primero y fundamental del arroz es tener a mano buen aceite de oliva. Os digo como lo he hecho hoy, que era con pescado.

He calentado el aceite, un buen chorreón, calculo que un poco menos de un cuarto de litro, vamos cubrir la paellera y un poquito más. A continuación, le he echado 4 pimientos verdes. Cuando estaban empezando a quemarse le he añadido tres tomates pelados, y a los dos minutos, tres o cuatro dientes de ajo troceados. Cuando el tomate ya estaba todo líquido (es importante ser paciente con el sofrito) es decir cuando todo el tomate está bien mezclado con el aceite, he añadido el pescado, dos trozos de rosada, atún o cualquier pescado, dos calamares pequeños y seis langostinos, dejándolo todo freir hasta que estuviera dorado.

Y aquí me he parado y me he venido a hacer la entrada. Ahora sólo queda echar el arroz en el sofrito (hoy he sacado los langostinos para que no estén demasiados blanduchos), y añadir agua hirviendo, a razón de dos vasos por cada vaso de arroz (mi mujer dice tres pero dependerá de como me coja de humor a la hora de echarlo), sal, y dos puñados de almejas, dejándolo unos 20 minutos a fuego medio-alto, y añadiéndole azafrán.

Debería ser suficiente para que se pueda comer. El resultado os lo daré en comentarios aunque pronostico, que no debe salir muy mal con la pinta que tiene el sofrito. Hay un arroz durito de Calasparra que a mí me encanta, aunque tarda más en cocinarse y sale algo más durillo que es como a mí me gusta pero eso ya es cuestión de gustos.

El arroz español es, en general, más duro que el que hay en sudamérica, donde cuando he estado en Brasil he hecho algunas paellas, si bien por eso del humor, la última que hice por allí en Tibau do Sul, donde tenía una langosta de casi dos kilos, se ve que tenía resaca y me equivoqué midiendo el agua, y salió un completo desastre, dejando a todo los invitados con los cumplidos de rigor, siendo además los brasileños personas con mucha diplomacia y muy halagadores que no se atreverían jamás, a decir lo que me dijo un español y yo necesitaba escuchar: vaya desastre!. No obstante, todo hay que decirlo, en Maceió hice alguna buena paella, usando la cocina de un Hotel y con una especie de paellera para más de 20 personas.

También recuerdo otra paella hecha en EEUU en el 1998, donde fuí a visitar a la familia con la que pasé estudiando el último año de la High School. Todo estaba preparado con ingredientes traídos ex profeso para la ocasión y cuando transportaba la paella para 6/8 personas del fuego a la mesa, se volcó la misma por un fallo mío, y se cayó entera al jardín, por lo que al final no hubo que añadirle perejil para que tuviera ese colorido verdoso que tanto le gusta al conocido Arguiñano. Todo es cuestión de suerte. Voy a ir un día a Marruecos, donde estoy seguro que tienen que salir buenos arroces por los ingredientes de por allí. En cuanto a Asia, es un continente al que tengo ganas de ir. Eso de hacer un arroz en su país de origen, tiene que ser una experiencia definitiva y seguro que me pasa algo digno de comentario. Por cierto, he conseguido un visitante de China en mi blog, por lo que espero que al menos, repita, y pueda coger esta receta y dejar a los chinos con la boca abierta.

5 comentarios:

Luq+uVe: dijo...

Desde luego esta entrada nos deja alucinados, es como si Güili Fog hubiese dado la vuelta al mundo en ochenta días y cocinando paellita en cada parada. La paella además de ser un plato muy famoso junto con la tortilla española de nuestro país, Finlandía, es una buena excusa para juntar a unos amigotes en el campo y hacer el ganso, previo partidillo de cutre-fútbol.

Gracias por las lecciones de geogastronomía. Esperamos con atención la segunda lección.

Daniela dijo...

José Luis...jaja, me vas a matar, pero estoy un poco confundida, con las fotos, no comentaré, pero me intriga , si la chica está esperando la paella?.

Mil gracias por explicar de forma tan minuciosa, la forma de prepararla, a mi me encanta, me muero por una buena paella, pero no me queda bien, me encanta la cocina, pero se me da mas el asopado de mariscos.


Gracias por las recomendaciones, voy a buscar uno de ellos porque me voy para Aruba y allí, aquello parece una marea de lectores, todos los turistas, como a la parrilla vuelta y vuelta, tomando sol, más rojos que los langostinos, pero no sueltan su libro.

Besos.

Guillermo dijo...

Jaajjaja.. la paella de los hermanos Pinzones ! jajajaa

Incombustible dijo...

Como he disfrutado esta entrada...tanto por la geografía, como por los buenos recuerdos de muchos desastres gastrónomicos que tuve la fortuna de compartir con muchos amigos internacionales.

Si vas a Asia y tienes la oportunidad de cocinar una paella allá...el mejor arroz (y el más caro) es el Tailandés , que es tan sabroso que no necesitas agregarle ni sal para comerlo. Lo que sí es que hay que tener cuidado de remojarlo por más tiempo, antes de freírlo porque, como está "diseñado" para comerse con palitos, tiene mucho almidón y, de no remojarse, se hace un batidillo espantoso.

Gracias por el tour gastronómico y prometo pasar más por aquí, que andaba ocupada en ciertas actividades y tengo descuidado el blog y, lo que es peor, a los amigos cibernéticos.

Besos

JL Martínez Hens dijo...

Gracias por tus consejos culinarios Lupita. El año que viene, Dios (o mi mujer) mediante, voy a intentar escaparme por esos lares para probarme como cocinero. Estoy seguro que no defraudaré tanto para bien como para mal.

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