Litera-tura en verano: ya toca Rayuela















Este es el costurero de la reina, una torrecita que hay en Sevilla, al final de la Avenida de la Palmera y donde ya acaba el Parque de María Luisa. No sé si la reina iba de verdad a este lugar a coser, pero a mí me bastaría con un buen aire acondicionado y un buen sofá, para pasar el verano como dice Cortázar con los 80 o 90 títulos que tenía escogidos para la estación.

Estoy leyendo muchísimo este verano. Me hice un plan de lecturas (entrada del 16 de junio) y lo estoy siguiendo más o menos, y además he metido cosas que me interesaban como libros que me han regalado amigos (de Conrad) o sugeridos por blogueros como Cometas en el cielo(a Lupita le debo el de Mastretta), la Guerra del Fin del Mundo de Vargas Llosa, Brasil de John Updike y Cumbres Borrascosas (libros gratis de bookcrossing), Memorias de mis putas tristes de García Márquez, y ayer toda una serie de relatos y cuentos de distintos autores como Conrad, Wells (El país de los ciegos, muy recomendable), Guy de Maupassant (todo un descubrimiento) y Kafka (el ayunador, o uno absurdo sobre un trapecista). Esta tarde me he leído una pequeña novela Carta de amor de una desconocida de Stephan weig, un autor del que ya me había leido el mejor libro que he leido sobre Brasil donde se escapó en la segunda Guerra Mundial, titulado Brasil un país de futuro y que fue el último libro escrito por este autor antes de suicidarse.

Vamos que en total me habré leído ya unos 20 libros en lo que va de verano mezclando tochos importantes con relatos cortos que se leen en una tarde... Mi mujer dice que no puede entender este tipo de retos, pero yo soy así, como me de por algo, me abstraigo del mundo y fijo todas mis fuerzas en lo que me atrae en ese momento, y entonces creo que ésto hay que hacerlo como si se me fuera la vida en ello. Lo importante son que este tipo de obsesiones no sean caras y no afecten demasiado a la salud. Hace unos años me dio por Brasil y las caipiriñas y por poco los cantes de ida y vuelta se quedan si retorno.

Leo mucho y me suelo enterar a pesar de la velocidad. Yo he sido un lector tardío por lo que quiero ponerme al día e intento buscar lecturas de literatura universal, entre otras cosas, tengo que confesarlo para aprender a escribir, pero creo que desde el momento que se lee mucho, no conviene dejarse llevar por el veneno del siguiente, ya que algunos libros hay que rumiarlos. Me ha pasado con Gogol y con Conrad, que he ido apreciando el libro a la semana de haberlo terminado pero si estás con otro, pues no puedes profundizar. Sin embargo a Vargas Llosa sí que lo he podido degustar durante la lectura ya que me tomé mi tiempo. Me ha pasado que a veces una vez terminado algún libro, he llegado a mezclarlos entre sí en los pocos momentos en los que no estaba leyendo, algo que tiene su puntillo, como cuando sueñas y mezclas la literatura con tus sueños e historias. O eso de quedarse dormido leyendo (generalmente la siesta) y empezar a soñar tu mismo que sigues leyendo, creando con el convencimiento que es así. Sueños en los que uno lee pero en realidad está escribiendo con la imaginación.

Puede que a la hora de escoger, haya ido a las más ligeritas y así, me quedan por leer del plan algunas como La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, Peer Gynt de Ibsen (que no lo encuentro, por lo que me podriais recomendar algo de literatura escandinava moderno) y Rayuela.

A esta última, le tengo un temor visceral, ya que soy consciente de que es un reto y que me hace falta un cambio de velocidad. No importa lo que tarde, pero quiero tener todos los sentidos para leerla, por lo que añoro ese lugar tipo Costurero de la Reina para perderme del mundo y de las cargas familiares y leer y releer los capítulos de Rayuela, hasta saborearlos.

Dice en la contraportada que es la novela talismán, una propuesta existencial que aspiraba, potenciando lo humano, a cambiar la vida. Pues nada, paso de la quinta a la primera velocidad y empiezo por el capítulo 73, que por cierto, confieso que he tenido que releer para enterarme mejor. Me ha gustado mucho este párrafo:

"Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas del mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza tura de turas."

Pues nada, estaré con las "turas" de Cortazar estos días, buscando a la Maga en un lugar como el de la cos-tura de la reina, que ahora no encuentro, entre las caquitas de mi bebé y las idas y venidas al Mercadona, a la playa, las maletas, en fin el verano... Y me pregunto, ¿cómo me voy a enterar de Rayuela con tantas cargas familiares? La vida del lector con pretensiones y objetivos, es más dura de lo que parece. Está claro que necesito cambiar de marcha, aflojar el ritmo, y cambiar mi apellido de Martínez a Rodríguez. De momento el domingo me escapo una semana a un pueblo en la montaña aislado del mundo aunque con cargas, casi como el del relato de Wells de El país de los ciegos.

7 comentarios:

Alfaraz dijo...

JL.

Ni costurero de la reina ni leshe.
Imaginate que en tu próximo enfrentamiento con las Fuerzas del Orden Público de Fuengirola, o con la misma alcaldesa la cosa se sale de madre y acabas en Alahurín.

Que maravilla. Todo el tiempo para leer, y la celda llena de libros esperando.

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JL Martínez Hens dijo...

Pues no es mala idea. En mi mili melillense me dio por ir por las tardes a ver presos con el antiguo obispo de Málaga, Buxarrais, y la biblioteca no estaba mal. Lo malo es que me toque un compañero de celda que le gusten las pos-turas...

JL Martínez Hens dijo...

¿Alguien que tenga un diccionario a mano me puede traducir el capítulo 68 de Rayuela?:

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

JL Martínez Hens dijo...

En un sentido general, el capítulo 68 describe el encuentro físico de una pareja de amantes, de una manera elíptica y jovial, y en un tono amablemente pícaro.
Los términos sin sentido que emplea Cortázar permiten que cada lector les atribuya un significado personal, originado en sus propios recuerdos, imágenes y experiencias.
Es un ejemplo extremo del recurso literario que consiste en sugerir y crear un clima en vez de describir en detalle. Al completar el significado con sus propios pensamientos, el lector participa más intensamente de la situación. Se sugiere más de lo que se dice, para producir un efecto mayor a partir de la carga emocional que aporta el propio lector. El cine de suspenso y el de terror utilizan este mismo recurso en forma visual, y dejan librado a la imaginación del espectador el atribuirles significado a la imágenes.
La frase inicial del capítulo 68 dice: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes."
Una transcripción libre de lo que sugiere el texto podría ser: "Apenas él le rozaba la piel, ella sentía que le hervía la sangre, y pronto caían en un vértigo de besos, de caricias frenéticas y suspiros apasionados."
Como se ve, no tiene sentido el atribuirles significado preciso a palabras como "noema", "hidromurias", "ambonios", "sustalos", ya que extraidas de su contexto pasan a ser construcciones arbitrarias. En realidad el lector no sustituye uno a uno los términos, sino que percibe el significado de la frase de un modo personal e inexpresable.
Haciendo una proyección inconsciente, algún otro lector podría interpretar: "Apenas él le sacaba el tema, a ella se le llenaba el alma de furia, y caían en una discusión llena de frases hirientes y acusaciones recíprocas." Obviamente, esta interpretación le atribuye un sentido que está fuera del contexto del capítulo. Del mismo modo, un capítulo se puede analizar al margen del significado general de la novela, pero sólo para estudiar sus recursos literarios.

Alfaraz dijo...

Por cierto, yo conocí de paso la carcel mellilense yendo al polvorín de Horcas Coloradas. Me dijeron que estaba llena de etarras. Tiene unas magníficas vistas de los acantilados, y pensé que no se las merecian.

Avisa cuando acabes Rayuela (si eres capaz), porque...espero que todo no esté escrito en ese plan!

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JL Martínez Hens dijo...

Ya me queda poco para acabar Rayuela, probablemente este fin de semana. Me está encantando pero es un libro para leer muy despacio y a veces hay que seguir aunque no entiendas del todo lo que dice ya que hay filosofía y dudas existenciales bastante complicada por la cultura del autor. Creo que es un libro para tenerlo en la mesita de noche y leer un capítulo al día (hay 155) o si no releer luego pasajes al azar, ya que el hilo no es tan determinante. Me recuerda a veces a las reflexiones del blog de Vicente Verdú.

En cuanto a los presos cuando yo estuve había tres y de los más conocidos. Fue una época muy complicada ya que estaba Ortega Lara secuestrado y los funcionarios, logicamente se pasaban un poco. De todas formas estando con Don Ramón Buxarrais los conceptos quedaban claros y nosotros sabíamos lo que teníamos que hacer.

maría dijo...

Sólo quería comentarte algo más sobre el capítulo 68 del Rayuela, aunque veo que ya has descubierto algo más.
Bien, aprovechando mi clase del otro día, te diré que tiene que ver con el lenguaje de los amantes, describe el acto amoroso con un lenguaje inventado rompiendo el nivel de significado.
Las Vanguardias juegan con un sinsentido. Podemos ver que el fragmento comunica, pero no se podría sostener un lenguaje a partir de ahí, sería agotador!
¿Qué se nos hace tan tenso al leerlo? Estar trabajando constantemente. El ser humano siempre busca un sentido a todo. Las Vanguardias chocan con ese sentido. Ellos odiaban la racionalización.
La ruptura con la significación es muy difícil, nos hace gracia el fragmento pero no demasiada, verdad?
Un saludo
María

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