Al menos una vez en la vida

Hace mucho tiempo, incluso antes de Cristo, un tal Felipe tuvo que hacerse más de 42 kilómetros por cuatro denarios de los que probablemente ni siquiera le dejaron provisión de fondos, desde un pueblo llamado Marathon hasta Atenas.

Y todo para un mensaje, un simple elemento enviado que una vez que llegó a la bandeja de entrada quedó automaticamente eliminado, pues el pobre cartero la espichó. Hoy en día, las cosas han evolucionado y un mensaje de este tipo puede mandarse en dos segundos y poniéndose en lo peor, como mucho te cuelan un virus.

No obstante, sigue habiendo tipos que emulan al mensajero y tras intensas preparaciones tardan menos de dos horas en hacer la distancia mítica. De hecho, hay hasta legionarios que se preparan en Ronda una carrera de 100 kilómetros en un día.

Como ya os he contado alguna vez, este blog empezó tras leerme el libro de No Ficción de Vicente Verdú y acudir a un programa de Canal Sur, donde lo conocí y me animó a que escribiera, si es que tenía cosas que contar. En ese libro, el autor decía que se preparó durante algún tiempo para correr la Maraton y que cualquiera puede en un año preparse para ello y me entraron ganas. Yo ya llevaba 4/5 meses corriendo en plan tranquilo, pero desde que leí el libro apreté y me puse como objetivo correr por mi cuenta, la media de Fuengirola, consiguiéndo, para mi sorpresa y el de mi familia, acabarla. Hay veces que me pregunto si no haría yo menos kilómetros, ya que siempre he sido un desastre en educación física, siendo una de las pocas asignaturas que suspendía en el bachillerato.

Ahora, he estado vagueando un mes, y hoy empiezo de nuevo a correr, aunque muy suave porque me operé el pasado miércoles de miopía y no quiero esforzarme todavía, pero creo que para correr de verdad este año, lo mejor es ponerse un objetivo, y como quiera que probablemente esta sea una de esas cosas que se hagan una vez en la vida, voy a intentar prepararme este año para imitar a Felipe y hacerlo todo igual, menos el deseo de reunirme con los dioses. Así que me pongo como objetivo empezar a entrenar hoy para correr la Marathon de Atenas del 8 de noviembre de 2009. ¿Quien se apunta? Lo más seguro es que me quede en un poco más de cuarto y mitad bien despachado, pero siempre fuí un poco iluso (lo que no me causa ningún problema) marcándome objetivos fuertes, sobre todo al comienzo de algo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

MIRA LO QUE HE ENCONTRADO, CREO QUE PARA NOVIEMBRE DE 2009 NO ESTARÍA MAL

UN ABRAZO DESE CORDOBA



NADA EN LA VIDA ES IMPOSIBLE



Cuando descubró que correr era para mó una parte fundamental, mi vida giró 360 grados. Aprendó que nada es imposible. A todo aquel que quiera sentirse vivo, le invito a ponerse un objetivo que va mÁs allÁ del deporte; es un reto personal.



La ciudad de Nueva York ha sido cuna de grandes momentos en mi vida. Alló pasé mi luna de miel, recibó el año nuevo en el año 2000, me estrené como padrino de bautizo y corró en la mÁs extraordinaria experiencia deportiva para mó: el Maratón.



EL VIAJE



A las 4.45 de la mañana empezaron los preparativos para el aeropuerto. Mil emociones encontradas en casa antes de irme. Los once meses de preparación intensa, el haber perdido 35 kilos, el sentirme bien de salud y la mentalidad de que iba a recorrer 42.16 kilómetros me daban Ánimos. Todo estaba listo para que en dos horas tomÁramos el avión a Nueva York.



Al finalizar casi cuatro horas de vuelo, pude ver desde el avión la estatua de la Libertad, la isla de Manhattan y me percaté que no era un sueño. Mi esposa Ana Mar se dio cuenta de que yo estaba como sedado.



En el Javits Center me dieron mi número y mi chip. El ambiente era internacional: muchos corredores de todas las razas y creencias con el mismo objetivo: cruzar la meta y vencer sus propios récords.



El dóa previo al maratón, nos organizaron una carrera de 4 millas y posteriormente fuimos a un desayuno en el Central Park donde convivimos en una forma cordial y alegre. Incluso, corrimos en una forma inusual pues por ejemplo los japoneses usaron sus kimonos y los holandeses se vistieron como diablos naranja. Hubo intercambio de objetos, muchas fotos y alegróa.



En la noche, hubo una cena de carbohidratos, patrocinada por Barilla y los organizadores del Maratón. No obstante que tendróamos que levantarnos temprano, compartimos una gran velada.



EL GRAN DÃ?A



5 de noviembre, 4.30 de la mañana, yo desperté como resorte. Me despedó de Ana Mar y a las 5.30 horas saló del hotel. Ella, junto con mi suegra Pita, me seguiróan por el metro. Era increóble ver cómo a esa hora salóa gente por todos lados que se dirigóa al mismo destino. Desde la NY Public Library partóan los camiones que nos dejaróan en Staten Island.



Habóa un fróo considerable y en contraste, el calor humano de la gente que regalaba bagels, donas, café, etc. El ambiente era tenso y emocionante. Las filas para los baños se veóan interminables. Cada vez el reloj marcaba menos minutos y nos preparÁbamos para calentar. La gente se iba desprendiendo de sus sleeping bags, pants y chamarras, los cuales se regalan después a la gente necesitada.



MI NÚMERO: 4520



Por los cielos se veóan los helicópteros. De pronto, se escuchó el himno de los Estados Unidos y se dio el disparo de salida. Posteriormente cruzó por los cielos un avión de las fuerzas armadas, para celebrar el inicio del Maratón.



Salimos todos corriendo, entonando la famosa canción de Frank Sinatra: NEW YORK, NEW YORK.



Yo estaba totalmente concentrado en mi objetivo:llegar a como diera lugar y superar mi récord de tiempo. Cuando llegué a Brooklyn cumpló con las primeras 10 millas...16 kilómetros. La gente me gritaba: “¡Go, Mexico, go, you can Mexico!” . Mientras recorróa el camino, observé a muchas bandas de rock y bandas musicales que nos motivaban con su música, ademÁs de silbatos, pancartas con mensajes de apoyo, Me sentóa sin cansancio de ninguna óndole.



Durante el recorrido, hubo muchos detalles curiosos: entre ellos, una novia que corróa al lado de su marido ataviado con smoking. Unos hombres con una botarga de rinoceronte y con pancartas de “Save the rino”.



Cruzamos el barrio polaco, el alemÁn, en donde nos regalaron chocolates, agua, plÁtanos y pañuelos desechables, mostrÁndonos un gran respeto. En esos momentos, sentó curiosidad y aprehensión al no encontrar a Ana Mar ni a mi suegra Pita, que supuestamente me alcanzaróan para apoyarme. Esto me distrajo un poco pero seguó. Llegamos al barrio judóo, lleno de rabinos que nos apoyaron también.



UN CALAMBRE



Comencé a sentir un pequeño piquete en la pantorrilla y me puse una crema para calmarlo. Poco después tuve una gran alegróa pues encontré a Ana Mar que junto con su mamÁ, su hermano, cuñada y sobrinos me echaron porras. Corró a abrazarlos. Me daban ganas de llorar.



Posteriormente entré al puente Queensborough y sentó mÁs fuerte el calambre, pero seguó. Después, el calambre fue en la ingle y ya me empecé a preocupar, pues me dolóa mucho. Acudó a los servicios médicos con la idea de que todo fuera mental, pues la meta me esperaba. Me dieron unos pretzels con mucha sal, me recomendaron unos ejercicios y proseguó, animado por los letreros que decóan: “WELCOME TO MANHATTAN”, “THE PARK IS NEAR”.



Mucha gente me animaba; entre ellos, un pakistanó que me dijo: “Go, Mexico, the paid is now in your mind” y me dio un gel energético. Una abrumadora muchedumbre nos animaba puesto que muchos en el camino truncaron su carrera ya que ¨la famosa PARED¨ los habóa alcanzado y este momento critico es generalmente en la milla 20 o 21y es cuando ya no sientes los pies, y tu cerebro ya no encuentra la forma de mandar señales a tus extremidades inferiores para seguir trabajando y esto provoca que caigas literalmente como mosca. En esos momentos mi dolor del calambre era ya insoportable, pero ahó estaba el Bronx , donde la gente también nos brindaba apoyo con las expresiones propias de su cultura, cantando hip - hop y con algunos ritmos africanos y el estar ahó significaba que nuestro objetivo estaba muy cerca.



Las mamÁs y niñas afroamericanas nos regalaban naranjas y nos decóan “you can see the park”, lo que nos indicaba que el parque estaba cerca.



De repente apareció mi familia y me dio Ánimos. Era el último tramo. Estaba cerca de la meta. Me dije a mó mismo: “Ya estamos por llegar” aunque perdó las cuentas de lo que me faltaba. En vez de correr, trotaba, por sugerencias del médico, pero me mantenóa en pie. Me animó ver que habóa llegado al museo Guggenheim.



Cuando faltaban tres millas, pensé en Memo, mi hijo que si estuviera alló me animaróa diciendo: “¡Vamos, papi!” y esto me ayudaba psicológicamente. Imaginé a mis papÁs, hermanos y tóos gritÁndome. Esto facilitó el último tramo del recorrido.



Y DE REPENTE LLEGUÉ



Comencé a ver los flashes de las cÁmaras, la entrada a la meta...



Tenóa ganas de besar el piso, no lo podóa creer. Inmediatamente me revisaron los médicos, me dieron mi medalla y me tomaron fotos. Eso hizo que no me sintiera tan mal por no haber reducido mi récord a causa del gran calambre que me impidió correr como hubiera querido.



A dos millas, acabando la meta, vi la silueta de mi esposa Ana Mar que me esperaba con una rosa y un gran abrazo y beso por lo cual me dieron ganas aun que resulte extraño de volver a experimentar la misma emoción en el próximo maratón.

JL Martínez Hens dijo...

Bonito texto pero acojona un poco y más después de entrenar hoy. He empezado en el club de atletismo y he probado un pulsómetro y unos 20 minutos después de entrenar casi parado estaba dando 140 pulsaciones, lo que es una barbaridad. Lo mismo lo dejamos para el 201o aunque todo es empezar. Este sábado por la mañana hay una prueba de 5000 metros en Torremolinos. Puede ser el pistoletazo de salida.

Incombustible dijo...

¡Aaay José Luis! Pues yo me apuntaría, pero sólo si me permiten utilizar una silla de ruedas que, entre la media cajetilla de cigarrillos que me fumo al día y la condición de mis rodillas y músculos, no veo la manera jejeje.

Que si no se puede, al menos me gustaría estar con una pancarta que dijera: "¡Animo José Luis! Que el próximo maratón es en México"

Besos

PD:
Y felicidades aunque atrasadas, a tus dos Marías (yo también soy María, aunque por razones de cultura mexicana, me llaman más por mi segundo nombre)

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