Flores en vida




Algunos sábados, cuando voy al mercado y me toca hacer la comida, me gusta comprar un ramo de flores (las que más me gustan son los nardos por el olor, que junto con el de la dama de noche son mis preferidos).





Es una de las compras que en un principio parece menos necesaria, pero creo que mis niñas no solo se merecen un arroz en condiciones, sino que la fórmula mágica es poder disfrutar del olor y la vista durante al menos una semana, y de esa forma se prolonga el fin de semana de alguna manera, entre la rutina de la semana.

Este es un truco que siempre me ha dado resultado. Y para acabar un poco meláncolicos, ya que llega el otoño, hoy pensaba que los cementerios están llenos de flores, y me daba pena al pensar que casi nunca se me ocurrió llevarle flores a mi abuela Fuensanta. Hoy ya era demasiado tarde.

2 comentarios:

Jerusalem dijo...

La llevas en tu corazón y eso creo que es mucho más importante que cualquier ramo de flores.

Besos

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Corasó, no problemo, hay flores otoñales mega bonitas...
Delicioso tu post de hoy.

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