Ay, quien fuera árbol

Esta foto es del árbol del amor en Natal, Brasil, donde como se puede comprobar pega tela el levante. Allí lo llaman brisa para disimular y venden que es el aire más puro del planeta. Será por eso que me rio tanto con los guasones brasileños, porque son como mis admirados amigos sevillanos que tienen tanto arte que son capaces (sobre todo en la Feria) hasta de vender humo.

Hoy me voy a copiar de mi amiga bloguera M. Angeles Cantalapiedra que tiene una entrada dedicada a su árbol sin pedigrí pero al que quiere con su ternura habitual. Si os pasais por su blog (íntimo y personal), os encontrareis con otro árbol que pasa por las cuatro estaciones del año. Una maravilla de diseño para un blog con mucha calidad y donde se respira pureza y cariño.

Me encantan los árboles, especialmente los centenarios. Esos olivos mediterraneos arrugados, las encinas, los alcornoques, la mata atlántica, y sobre todo en sus parajes naturales, árboles que sobreviven siglos y que no necesitan nada que la naturaleza no se encargue de darles, sólo que el hombre, los deje vivir en paz y que como mucho dibujen en su tronco un corazoncito, o le corten las ramas para plantar retoños. Cuando cruzo el charco y me doy una vueltecita por Tanger hasta Assilah, siempre me fijo mucho en esos árboles descuidados y que están como siempre han estado y a pesar de la pobreza que se respira alrededor, los veo como más puros y sanos.

Por azares de la vida, o probablemente porque ese gusto estaba en mis genes y en mi destino, la conservación de un árbol en Fuengirola, justo al inicio de empezar como profesional en esta plaza, ha marcado toda mi trayectoria profesional de los últimos 10 años. Si no hubiera pasado aquello, que algún día os contaré con más detalle, todo hubiera sido diferente, aunque muchos piensan que cometimos errores por defender el árbol "de las pelotillas", ya que en vez de 144 parkings habría ahora 160 y porque eso costó algún que otro dolor de cabeza, que en una de esas vueltas que dan la tortilla, hizo a mi querida Alcaldesa Oña alzarse con el poder probablemente de por vida.

Esa que decía que no era una tala sino un traslado por razones de "cirugía arborea". Nunca olvidaré esa cursilada tan ruin. Un día me dijo en su despacho que el árbol no nos dejaba ver el bosque, que era la importancia para los comercios de los aparcamientos, y lo más curioso es que yo al final fui designado como el abogado de los comerciantes. Si algún día pasais por Fuengirola, pasaros por la Plaza principal denominada de La Constitución y me decís si el ficus que le da sombra merece la pena. Creo que al final llegamos a conseguir que fuera monumento natural o algo parecido. Los verdaderos defensores fueron logicamente los Verdes, pero al final consiguieron que fuera la voz del pueblo, vamos casi como mi Betis.

Altruismo. Dudo que algún día sea el abogado de una fábrica de papel, aunque mi pasión por Brasil me lleve hasta el Amazonas. Trabajar por lo justo y lo bello al final por muchas oportunidades que se pierdan es la mayor alegría que un profesional se puede permitir, la mejor herencia que les pueda dar a mis hijas.

El árbol es ante todo símbolo de la libertad, algo sagrado. En el Pais Vasco, creo que el lehendakari jura fidelidad a su cargo bajo el árbol de Guernica, ese al que el dramaturgo Tirso de Molina le dedicó unos versos en su obra La prudencia de la mujer:

El Árbol de Garnica ha conservado
la antigüedad que ilustra a sus señores,

sin que tiranos le hayan deshojado,
ni haga sombra a confesos ni a traidores

Yo no se lo que tiene que sentir un leñador cuando por la mañana temprano coge el hacha y le da un besito de despedida a su mujer, pero debe ser algo parecido al verdugo o al enterrador, al que le dice la esposa, anda terminate el cafe ya y vete con tus muertos.

Nada agradable levantarse y tener que irse a la guerra, a matar vida. Muchas veces pienso que los abogados de alguna forma también nos despedimos de casa por la mañana y nos enfrentamos a muchas "talas". Suena a baronesa eso de no a la tala. Me gustaría tener un trabajo que en vez de destruir, pudiera conservar o plantar. Se imaginan un abogado que vinieran la pareja a por su divorcio express y salieran del despacho dándose besitos. Esas utopías en las que uno sigue creyendo como en los Reyes Magos...Ahora está la salida de la mediación en vez de la justicia pero eso en este país que retraté el pasado viernes es aún difícil.

Yo creo que los arboles son por regla general seres vivos felices, pacíficos y sobre todo tranquilos, de los que se toman las cosas con calma o karma, que es distinto pero que queda como más oriental y filosófico. Ay, quien fuera árbol, y encima tener la suerte de caer de bebé en las manos de un hada madrina bloguera...

2 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Buenos días, guapo. ¿Te he dicho que eres un amor? Gracias por tu publicidad y esas palabras tan bonitas que me dedicas.
Perfectamente podían estar nuestros dos árboles juntos, se complementan divinamente.
Por cierto, no creas que se me ha olvidado lo que me pediste, este finde lo pondré; te aviso.
Un besote

verdial dijo...

Soy de las que piensa desde siempre que las plantas sienten y quiero seguir pensándolo. No sé, tal vez sea una manera de mantener viva la fantasía.

Saludos

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