Memoria histórica: yo mismo...




Acabo de leer un relato sobre la guerra civil de una de mis blogueras favoritas que es verdaderamente estremecedor. Le estaba dejando un comentario pero no sabía como hacerlo ya que no tengo una opinión clara sobre todo esto de la memoria histórica.



No la tengo pero quiero formármela y que mejor sitio que en casa con los amigos. Para entrar en casa ajena hay que llamar primero a la puerta y no hacerlo en horas intempestivas, donde el corazón tira más del carro.

Cuando me dispongo a escribir este segundo párrafo han dado ya las 12 por lo que se acabó el 20-N, por lo que puedo ya pensar escribiendo en libertad el día después. Lo bueno de los blogs es que de momento, no hay director ni censura, así que vamos que nos vamos.

No me gustan los relatos, novelas y películas de la guerra civil española. El problema es que son reales y me causan la sensación de tocar el fuego. Se empieza con el rescoldo, y te vas calentando pero en cuanto metes una maderita que no sea un buen tronco de un árbol tipo chaparro, encina u olivo, el fuego se reaviva con violencia.

Permitirme el empleo de un lenguaje soez, creo que la guerra es como la mierda que cuanto más se mueve más huele. Es sangre que por mucho que se lave no se quita y que se mezcla con sangre y más sangre de unos y de otros.

Sangre de andaluces, de manchegos, de catalanes, de asturianos, de gallegos...¿Por qué nos da tanta alegría ver a un español en Nueva York o Paris y luego cuando salimos a la calle criticamos a los catalanes o vascos y ellos a su vez nos llaman a los andaluces, africanos? A mí me tiraron piedras y clavos en un partido Athletic-Betis de hace un par de años. No me dieron, porque de haberme impactado, lo mismo hacía entradas menos largas.

Sangre de nuestra guerra no es la de los judíos de Hitler, es la de los bisabuelos de los niños del PP y la de los bisabuelos de los niños del PSOE. Bisabuelos a los que Machado les cantaba, españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.

Tengo una poesía de mi abuela que murió el último día de esta primavera que va dedicada a sus nietos (entre los que me hallo) para que enseñemos a nuestros hijos principalmente a que eviten futuras guerras. Ella, que vivió la muerte de su hermano como falangista y vivió toda la posguerra pendiente de que cualquier día mataran a su padre por ser catedrático de historia del arte y juntarse con pintores, poetas, y bohemios. Afición que por cierto heredó y siempre me asombraron sus cintas de Cafrune, del Che, sus amigas de Paris, sus viajes por el mundo. Una abuela bohemia que ya no está, que hace unos meses bromeaba llevándole la contraria a sus amigas conservadoras pero en un tono como sólo los ancianos saben. Y eso que yo le pude preguntar como sonaba una bomba a la edad de 5 años.

Me niego a inculcarles historias y juicios sumarios de buenos y malos a mis hijos, como hacen y fomentan nuestros políticos para conseguir un bipartidismo prebélico.

Que favor estamos haciendo a niños que han nacido en los 90, después de 50 años de guerra y 15 de democracia. ¿Creéis que cuando lean estas historias y los comentarios de unos y otros en los periódicos aprenderán algo positivo?.

A mí la guerra me produce asco. Este año leí siguiendo una recomendación de Vicente Verdú el libro de Celine, “Viaje al fin de la noche” y describe la guerra como lo que es, y no como la pintan en la tele o algunos jóvenes sueñan con ese ardor romántico de la lucha por los ideales y por una bandera que representa a tu país. Celine fue capaz de describir lo que es el miedo y se nota que no escribía por boca de nadie.

Y a esos niños de 16 años, muchos de ellos ya niñatos por haberse criado a su aire por no tener un hogar familiar tradicional, sino unos padres que cuando no están divorciados, llegan a las 9 de la noche exhaustos de aguantar 10 horas de trabajo por poco más de mil euros, a esos regalitos o promesas de delincuentes sólo hay que darles material violento e ideales políticos para que los usen para sus fines y los adapten a sus mentecitas americanas donde la guerra civil no fue sino en la época de los apaches-vaqueros. ¿Sería por eso que nosotros de niños jugabamos a los clicks? ¿Os imaginais a los niños de ahora con 12 años jugando con un barco pirata o con el fuerte? Es que ni Asterix ni Mortadelo. El internado del tirón, serie que tengo el gusto ni de conocer salvo en los sketch publicitarios.
Niños que se crían solos, que comen en el colegio y cuando salen van a clases de guitarra, chino o taekwondo, con profesores sin autoridad, que no se quieren o pueden complicar la vida, sin balones y sin calles para jugar, sin madres de amigos que les inviten a merendar con galletas de chocolate de aquel príncipe cuyo nombre no se ya como se escribe...

Ahora, tienen esas maquinitas de matar ficticias, que son la mayoría de sus videojuegos o bien esta misma pantalla. El que les habla lo hace para evitar la tele nocturna pero los peques lo hacen de 6 a 9 de la noche y con fines distintos. Una cosa es un blog y otra chatear con “K”. Estos niños "autodidactas" informados sin formación, usan Internet para chatear y comentar entre ellos el acceso a páginas con cabezas cortadas (que fuerte tía!) o penes erectos, no se asustan ante nada, y por eso no les puede llamar la atención que en un telediario aparezcan personas quemadas como pasó con los ladrones de Bolivia del martes, o con cabezas humanas cortadas aunque sean de extraterrestres de Irak o del Congo. Un amigo mío cincuentón me cuenta que hay días que ha salido llorando para el despacho despues del telediario.

Decía Cortazar que no entendía como nos quedamos tres días asombrados por la muerte con 80 años de la vecina del tercero cuando el 70 % de las noticias conllevan la misma palabra: muerte, con la única diferencia en que hay muerte natural y muerte violenta. Estoy seguro que Cortazar no aguantaba del tirón el telediario de Antena 3.

Volviendo al tema de hoy, la guerra civil y la memoria histórica yo creo en películas como la Vaquilla:



También disfruté con el libro de la Mula de Eslava Galán. Obras que nos hacen reflexionar de una forma positiva y nos ayudan a olvidar. Luego hay otro libro de este mismo autor que hace de políticamente incorrecto (una historia que no les va a gustar a ninguno de los dos bandos) y que lo mismo nos hace reir menos.

Ahora se leen todo los días miles de historias, por lo general de muertes de republicanos, pero de vez en cuando sale algún radical del otro bando y cuenta alguna historia peor. Y digo radicales porque la mayoría de los “peperos” esconden la cabeza ante la opinión porque pese a que sus bisabuelos eran protagonistas de historias, probablemente con muertes de primos, hermanos y demás, no hay quien tenga cojones de responder en público. Sin embargo todos lo hacen por lo bajini. Cuanta hipocresía en esta sociedad.

Hace unos días me contaba una persona, no se si para criticar a Zapatero, que una tía abuela suya monja, fue violada en la guerra y cuando había pasado medio pelotón, le metieron en un lugar de la mancha... un crucifijo de medio metro de longitud con su madero y acero. Y una monja no creo yo que tuviera mucho que ver con la guerra ¿no? Un cura todavía y más si es un fanático cabrón como el de los girasoles, pero una monjita… Relatos hay para todos los gustos y si nos ponemos a recordar y a buscar datos, más barbaridades que saldrán.

¿Qué respuesta, si no es el odio y la venganza, se puede esperar de cualquiera de los familiares del relato de la monja o de películas como la de los girasoles ciegos? ¿Qué podemos sacar si no es asco, odio o simplemente mal rollo. ¿Olvidar? No digo que no, de hecho aquí estoy otra vez enrollándome pero ¿no será que al PP y al PSOE les interesa fomentar el bipartidismo y la radicalización de ideales?

Yo sinceramente no sé si llevo razón, pero desde luego he aprendido a formarme una opinión en las dos horas que llevo escribiendo esta entrada en mi “block”.

Mi opinión no está formada porque siempre quiero escuchar otras voces pero de manera directa no por boca de fulanito de tal de tal radio o meganito de X del periódico del otro bando. Hay fines de semana que compro el Pais y el ABC (lo siento pero El Mundo es superior a mis fuerzas, porque encima no se a qué juega) y acabo leyendo exclusivamente deportes y cultura.













No hablo de estos temas en la calle, pese a que tengo que oir miles de comentarios siempre anónimos y con chistecitos de clientes, amigos, conocidos, generalmente peperos. Me entran ganas de decirle que lo escriban en blanco y negro con nombre y apellidos y que me dejen publicarlo en el blog, pero últimamente voy a mi rollo y he aprendido a quedar de lelo, por lo que les debo parecer del PSOE, porque al día siguiente me lo vuelven a contar, como diciendo que te enteres.

No me gusta este rollo de la memoria histórica ni un pelo. No me digan los bipartidistas que no doy juego, pero soy así de rarito. Además no se cómo pero no tengo amigos ni familia sin rumbo. Todos saben muy bien quienes son los buenos y quienes los malos, y además suelen ser extremistas, o muy fachas o muy rojos, pero sin tibiezas. Y yo es que debo ser torpe o como me dicen algunos chaquetero, pero hay días que me levanto con el pie izquierdo y otros que sueño con levantarme con el kilo y medio de la tercera pierna del jugador del Betis que aparece más arriba, Emaná.

Espero vuestros comentarios aunque tengo comprobado que los posts largos no dan resultado. Total, sólo los que somos “guays del Paraguays” nos mojamos en temas políticos. Como ya he dicho antes desde el 21 de junio no tengo abuela y tengo que hablarme y contestarme a la misma vez.

Al menos gracias a Internet me ahorro el sello.

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