"El hombre en la botella" de David Melero

Como prometí en una entrada anterior, os mando el relato de David Melero Moreno para que disfruteis con su lectura. Aunque sea un poco largo para el formato blog, podría servir para una novela por lo que pararse cinco minutos os merece la pena.






EL HOMBRE EN LA BOTELLA.


Debo medir un centímetro de altura. Me encuentro en el interior de una botella vacía de vidrio verde de quince centímetros de altura por seis de diámetro en su base. Esta botella es mi mundo. A través de ella puedo ver una habitación teñida de diferentes intensidades de verde. Sólo mirando hacia arriba, puedo ver el color blanco del techo por la boca abierta de la botella. He intentado salir, pero la pared curva es completamente lisa y vertical y no he podido escalarla. La botella está situada sobre una mesa llena de hojas, libros y útiles para escribir. Justo a mi lado, en el exterior, hay una goma de borrar tres veces más grande que yo. No sé cómo he llegado aquí dentro, ni sé si he estado alguna vez fuera. Veo pasar los días por la ventana de la habitación impregnados de una tonalidad glauca que me enerva. Se me escapa el tiempo tendido en el fondo de la botella, mirando la salida quince centímetros más arriba. Sé que es inalcanzable para mí, pero es mi única esperanza de cambio y por eso no dejo de mirarla la mayor parte del tiempo que paso despierto. Si algo o alguien del exterior tumbase la botella, me sería fácil llegar caminando hasta la abertura y salir fuera. Entonces podría conocer el verdadero color de las cosas y su auténtica forma, distorsionada ahora por el vidrio curvo que me contiene. Me gustaría saber si existen más seres como yo, o si soy el único condenado a existir así encerrado. No negaré que estar aquí dentro hace que me sienta protegido de los posibles peligros del exterior, pero esa seguridad no compensa en absoluto la soledad que sufro. Si algún día tuviera la oportunidad de salir... ¿querría hacerlo o al primer contratiempo correría a refugiarme de nuevo en la botella? ¿Podría ser feliz en un mundo en el que nada está hecho a mi medida? Creo que no, pero todo lo que sea permanecer en el mismo escenario equivale a seguir muriendo en vida tras este cristal. ¿Existirá algún Dios que vele por mí? ¿Y si existe y ha sido él precisamente el que me ha condenado a esta existencia vana? Si al menos hubiera puesto a alguien junto a mí, tal vez podría olvidar que estoy confinado.

Una persona grande acaba de entrar en la habitación y ha cerrado la puerta tras de sí. En su cara puedo ver un profundo agotamiento. Se ha sentado frente a la mesa en la que estoy y se ha echado a llorar. Ha cogido una pluma e intenta escribir algo en uno de los folios que están a mi lado. Tacha la frase que había iniciado y, presa de la desesperación, vuelve a escribir más abajo. Arruga la hoja y la tira al suelo. ¿Quién será este ser gigantesco que no se da cuenta de mi presencia por más que grito y hago señas y golpeo el cristal? ¿Será mi creador? ¿Seré para él alguien importante o sólo un elemento decorativo más? ¿Por qué parece desesperado si es libre? Si yo gozase de la libertad de la que él dispone, rodeado de un mundo creado a mi escala, sería feliz sin dudarlo. ¿Sabrá que estoy aquí? ¿Y si lo sabe y no se atreve a mirarme porque se sabe responsable de mi desgracia? ¿Qué pretende ahora? Ha cogido una cuerda de un cajón y se ha subido a la mesa. Hace un nudo en la lámpara, y tira de la cuerda como para asegurar su resistencia. Con el otro extremo prepara un lazo y se lo coloca en el cuello. ¡Alto!, ¿qué vas a hacer? Salta hacia delante, hacia el vacío. Golpea la botella con el pie. Salgo rebotado contra las paredes de vidrio y escucho el estruendo de éste al quebrarse contra el suelo. Mientras trato de recuperarme del impacto entre los trozos de cristal rotos, el enorme ser se balancea sobre mí de un lado para otro, pataleando con los ojos extraviados y las manos aferradas a la cuerda que ahoga su cuello. Siento impotencia, pero ¿qué puede hacer una criatura por su creador? Nada, soy demasiado insignificante para salvarle. Me quedo mirándole aterrado hasta que se detiene por completo con los brazos rendidos. ¿Ha golpeado la botella adrede para liberarme o ha sido fruto de la casualidad? Me gustaría creer que ha sido por su voluntad. Me aterra pensar que de una casualidad pueda depender la felicidad o infelicidad de una vida. ¿Y ahora qué será de mí? Mi universo ha crecido considerablemente, pero en definitiva sigo encerrado. Ahora veo el auténtico color de los objetos y sus formas, pero desconozco lo que hay fuera de estas cuatro paredes. Siempre, de una manera u otra, estamos encerrados. Encerrados en los espacios que nos contienen y, en última instancia, en nosotros mismos. ¿Soy más libre ahora, o sólo más desvalido? Diviso en una esquina del cuarto la hoja en la que mi carcelero escribió algo antes de suicidarse. Tras unos minutos de camino la alcanzo e intento alisar el inmenso papel lo más que puedo. El mensaje que contiene, aun desechado por su autor, puede clarificar algo mi situación. La primera frase es ilegible, está tachada a conciencia. El párrafo escrito debajo ocupa varias líneas y tendré‚ que recorrerlo andando de principio a fin para poder leerlo. Dice así:

"Perdóname por huir de mi responsabilidad. Un creador debería seguir viviendo para ayudar a sus criaturas a hacerlo. Ahora eres un personaje inacabado que debe escribir su propia historia. No quería abandonarte a una existencia incierta y llena de interrogantes. Seguramente te sentirás desconcertado. Tranquilo, todos nos hemos sentido así al salir de la botella. Lo único que puedo decirte es lo que a mí se me dijo: te dejo la misma libertad que yo he tenido para vivir o morir, para ser Dios de ti mismo o para dejarte llevar a la deriva por el proceloso mar de la existencia. Eres libre para creer o no creer, para crear o para destruir. Surgiste de un pensamiento mío que no supe desarrollar. Concluye tú el trabajo y no te sientas minúsculo por muy grande que te parezca el universo que te rodea, el que guardas dentro es infinitamente mayor y si te aventuras, podrás conocerlo conociéndote a ti mismo. Deseo que le encuentres un significado a todo esto y seas lo que yo no supe ser a pesar de disfrutar de la libertad que ahora te concedo."



3 comentarios:

El Ratón Tintero dijo...

Estupendo relato para meditar sobre la libertad. Se agradece el detalle para que no nos lo perdiéramos.

Me ha recordado a uno que escribí hace tiempo (salvando las distancias estilísticas con este), donde relataba lo que sentía al despertar sobre un colchón, pero sobre las nubes.

Anónimo dijo...

Gracias por publicarlo en tu blog José Luis. El final no sale. Imagino que será por una limitación de espacio.

Un abrazo y cuidado con el Maratón que son palabras mayores. Yo que tú correría e alguna media maratón para ver como te sientes y de ahí pegar el salto.

Si el cuerpo aguanta en un par de años, con los niños ya más crecidos nos hacemos la de N.Y.
David.

verdial dijo...

Te agradezco enormemente que lo hayas traído. Tenía ganas de leerlo y me ha encantado. Siento satisfacción al pensar en lo libre que somos por nosotros mismos, y aunque a veces por causa ajena perdamos esa libertad, nuestro yo interior la sigue manteniendo.

Un abrazo

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