El tren y los marcianos de Bradbury

He estado hoy en Córdoba. Hay un tren, el avant, que es el Ave de los pobres que tarda una hora y 5 minutos desde Málaga. Vamos que hemos tenido que parar justo antes de la estación de Córdoba para no quedar en entredicho. Como diría Campoamor:

Corría en tanto el tren con tal premura
que el monte abandonó por la ladera,
la colina dejó por la llanura,
y la llanura, en fin, por la ribera;

Y por 30 Euros que cuesta el ida y vuelta. Una maravilla. Luego yo tengo que coger el cercanías de la Costa que para en unos 20 puntos y que tarda 15 minutos menos. Y entonces si se te hace pesado. No obstante, no se puede olvidar llevarse un libro, aunque para estos viajes tiene que ser o un libro corto o uno que ya esté empezado. Lo mejor es que te pase como a mí que cuando llegues a casa termines justo la última página. Entonces en ese momento sientes cómo que todo el día ha tenido sentido.

El libro que me he llevado eran las Cronicas Marcianas de Ray Bradbury, que me dejé por la mitad cuando me llamaron a la tele para el programa de Vigorra donde comenté la biografía de Alejandro Sawa. Por cierto que éste Domingo a las 19 horas echan el programa en Canal Sur 2, así que los blogueros de Andalucía que tengan curiosidad por saber como soy allí saldré y si alguien es capaz de grabarlo y colgarlo entonces ya le daremos un premio.

Siguiendo con el libro de Bradbury, esta parte que me quedaba es excepcional. Es un libro de ficción pero expresa de una forma sutil y poética las miserias de los humanos y nuestras verdaderas entrañas. Me equivocaba cuando pensaba que la ciencia ficción no me iba a decir nada. Lo comprobé con Tolkien y sobre todo ahora. El libro es una verdadera pasada. Hay historias que te ponen los pelos de punta y de las que son para rumiarlas.



Una de las historias que más me ha llamado la atención ha sido la de una pareja de apellido La Farge él de cincuenta y cinco años, y ella de sesenta que viven en Marte, planeta al que han empezado a emigrar los terrestres. Ellos habían perdido en la Tierra a un hijo por culpa de la neumonía, pero ya en Marte, una noche lluviosa el señor oyó un silbido y vio la silueta de una persona la cual se parecía a Tom, su hijo, y el señor La Farge le dijo a esta persona inmóvil que si era Tom que entrara, que él dejaría la puerta abierta para que pudiera entrar en la noche y calentarse en la chimenea, y al rato desde su cama oyó como alguien entraba.

A la mañana siguiente el señor La Farge bajó pero no encontró a nadie, y salió por agua al canal pero ya venía Tom de regreso con una cubeta llena de agua. Tom actuaba con naturalidad pero era demasiado extraño para el señor La Farge, incluso cuando su esposa lo vio no actuó con impresión y actuó como si él nunca hubiera muerto. Entonces mientras su esposa lavaba los platos, él le preguntó al chico que quien era realmente ya que no podía ser Tom, y el chico atemorizado se llevó las manos a la cara y le dijo que no se lo preguntara. El señor La Farge le dijo que si se lo decía lo comprendería, y le preguntó que si era un marciano pero el se echó a correr hacia el pueblo lejano, La Farge trató de detenerlo pero no pudo.

Tom regresó a las cinco de la tarde y le preguntó a su padre si le iba a hacer preguntas y él le dijo que no, y el chico sonrió. Esa misma noche, después de cenar la señora dijo que quería ir al pueblo, pero Tom no quería ya que decía que la gente le daba miedo. A pesar de ello Anna (la señora La Farge) lo obligó a ir. Al llegar bajaron de la lancha y después de caminar unos momentos, Tom ya había desaparecido, y sus padres pensaron que regresaría a la lancha a la hora que dijeron regresarían (once de la noche). A las once, Tom no estaba en el embarcadero y Anna empalideció, pero el señor La Farge fue a buscarlo sin éxito. Encontró a un amigo el cual le contó que habían encontrado a una joven hija de unas personas, pero ella había muerto ahogada en el mar Muerto hace un mes. Al principio ella no había reconocido a sus padres, pero ellos la siguieron y recobró la memoria.

La Farge supo que se trataba de Tom y fue a aquella casa y la joven de diecisiete años era el mismo marciano, que se iba convirtiendo en la persona que los terrestres querían y acaba la historia con muchas personas persiguiendo al marciano que huye hasta el embarcadero donde está el matrimonio La Farge, pero entonces cae como muerto y van apareciendo las distintas caras de todos los que van llegando.

Es como si en realidad no quisieramos a las personas por lo que son sino por lo que queremos que sean o los deseos/caprichos/necesidades que de cada persona nos aportan.

Son todas historias de éste estilo, donde se refleja como somos los humanos. La finura del doble sentido de la ficción, permite con mucha mayor naturalidad este tipo de reflexiones. Libro muy recomendable, nada pesado y de los que se pueden leer a ratos.

Y si vais en tren mejor, pero que no sea el día 29 que con la huelga podeis acordaros de Campoamor y de todos mis marcianos...

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