Las ilusiones del ego.

El blog es un gran instrumento para nombrarnos y vendernos como seres estupendos. A veces se deja caer alguna miseria, pero lo que detestamos de nosotros mismos, lo que de verdad no duele, eso no se publica. Es la intimidad.


Sin embargo, los logros son verdaderas ficciones que hasta nos creemos. Como decía aquella canción de los Chichos "todo lo que piensas tú son ilusiones."







¿Es un invento eso del ego? ¿No es que simplemente nos gusta hacernos los buenos ante los demás? ¿Hasta que punto es sano estar siempre analizándose?


Estas tres preguntas me surgen de la lectura del artículo de Vicente Verdú publicado hace unos días en su blog y titulado LEJOS DE MÍ. (hay otra canción de coches de choque parecida)

Un dictamen de los sabios dice que el mejor modo de ser feliz, eficaz, poderoso y acaso superior a los demás es conocerse a sí mismo. Nadie, sin embargo, lo ha conseguido. Se sabe esto o aquello de sí, se toma nota de lo que la pareja o los padres nos atribuyen pero ensamblado el repertorio no se llega a constituir una identidad. La identidad, sea esto lo que sea, no es nunca identificable. Gracias a Dios.

La sentencia de Píndaro, expresada con la mejor intención, probablemente, de "llega a ser el que eres", incide en la misma imposibilidad, a pesar de Píndaro y para gloria de la humanidad. Saber cómo se es o consagrar la vida a lograr la coincidencia entre el propio yo -supuestamente originario- y su gemelo fugitivo, constituyen tareas tan ímprobas como rematadamente inútiles. Pero también faenas tan desagradecidas como fracasadas, diga lo que diga la doxia, la ortodoxia y la gran mayoría de los manuales para triunfar.

La delicadísima editorial Marbot Ediciones acaba de publicar un librito de Clément Rosset, Lejos de mí, donde se insiste sobre la soberana tontería de pretender coronarse en el sabio soberano de uno mismo. No hay más aliciente para seguir vivo y coleando que la incertidumbre sobre el yo. De otro modo ¿qué esperar sino lo esperable de lo que aún no ha sucedido pero se encuentra en el trance más probable de ocurrir? ¿Cómo soportar la asidua convivencia con esta pareja obtenida del yo mismo? ¿Cómo no bostezar ante este sujeto-sujeto, meticulosamente censado, desprovisto de sorpresa, privado de enigma, sin más cara que no sea la cara o cruz de su moneda única?


Vicente Verdú,- 20 de mayo de 2009.

Luego en los comentarios hice esta pregunta:

Tengo un blog titulado ¿Con la venia de mi ego? con interrogación. Se me ocurrió un día y por arte de serenedipity lo mandé a la blogoesfera y allí sigue. Quisiera saber qué significado tiene para vosotros esa pregunta en relación con el artículo de Verdú, escritor que por sus paradojas recuerda un poco a algunas cosas que estoy leyendo estos días de Benedetti.

y alguien que hilaba fino (sospecho que Verdú) me contestó lo siguiente:

con la venia, ¿, m que la indecisión es saberla, si está o no está lo que no existe y se invento: ego. eso
... m
si existe, para poder nombrarse pues será que le preguntas a los demás si es mucho ego, el ponerlo. m?


El ego, el ego, siempre el ego, compañero de viaje del blog, al igual que el límite entre lo público y lo privado que hoy analiza Verdú en otro impresionante artículo que os recomiendo leer.

5 comentarios:

JL Martínez Hens dijo...

BLOG VICENTE VERDÚ

LO PÚBLICO Y LO PRIVADO:

Se nota todavía mucho malestar, en unos y otros, moralistas todos, por que e la vida pública se mezcle con la privada y la privada con la pública. Se remezcle o se creen ominosos pasadizos que van de la una a la otra, tal como si estos caminos fueran atentatorios contra los derechos individuales tan sagrados que no se pueden tocar o vicios "privados" tan reservados que no se pueden "publicar". He aquí otra gran reminiscencia del glorioso pasado burgués y su victoriano siglo XIX. He aquí, de nuevo, la larga mano negra del tiempo anterior a los medios de comunicación de masas y en donde regía, siendo además muy posible el simulacro, una moral para la actuación pública y otra diferente para los comportamientos domésticos. La escena pública exigía rigor, formalidades y respetos que se esfumaban tras la puerta del piso. De este modo, el ciudadano se escindía en dos y, como todavía, se sigue aplicando a los políticos, sólo habría que juzgarlo y exigirle responsabilidades por sus acciones como personaje público y no como una persona. La monstruosidad de este planteamiento parece ya demasiado evidente pero, a pesar de ello, los usufructuarios del pensamiento inerte, los muchos que arrastran conocimientos de stock, aprendidos acríticamente, continúan pontificando sobre la necesidad de tener en cuenta a ese extraño (monstruoso) individuo de dos naturalezas, una que transcurre entre las paredes caseras y otras que emerge cuando acude al parlamento o al despacho.

Si nuestra época soporta tanto desprestigio se debe, en buena parte, al resultado de juzgarla con patrones de otra época. No se celebra por tanto que, precisamente, haber llegado a una continuidad de lo público a lo privado y viceversa allana la hipocresía y favorece la honestidad total. Propicia la "integridad". Lo otro es, en cambio, del orden del bricolage, la prótesis, la mendacidad o la impostura.

Volvemos a Max Frish: "¡Qué tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente!"

[Publicado el 08/6/2009 a las 10:13]

amigoplantas dijo...

Bueno eso de que es imposible..., digo lo de acceder al interior de uno mismo

Gizela dijo...

Gracias por la visita, y las recomendaciones de viaje.
Muy acertadas.
No sé si el tiempo permita tanto recorrido, pero sólo será por él, ya que soy una enamorada de Granada y Córdoba, Lugares que ya reemplace en mis sueños, con realidades caminadas y saboreadas.
La imagen del gato en el espejo me encanta jajaja!!!
Sé que suena a demasiada egolatría, pero me parece menos peligroso verse como un león siendo gato, que viceversa jaja!!
Sobre el libro de Clement Rosset, creo que tiene razón, pero no es porque no sea necesario conocerse, es que pasamos la vida en ello. Siempre estamos descubriéndonos.
En el camino hay gatillos disparadores de nuestro yo interior. No creo que nunca lleguemos a estar desprovistos de sorpresa, ni siquiera creo que seamos cara o cruz simplemente
Estamos llenos de matices, que vamos deshojando en el camino.
Uff!!
Demasiada parloteada, para agradecer tu visita jajaja.
Un abrazo
Gizz

Disidente dijo...

Hola no soy tan egolatra (solo un poquito) jaja.Pero te saludo dandome un clavado en mi mismo,uf,uf,jaja.Un abrazo desde la sierra de Oaxaca,México.

mia dijo...

Mejor no lo pintara

ni el mismo Freud...

besos,

ando casi ausente,perdona

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