Lo público, lo privado y lo íntimo...



Otra entrada sacada del blog de Verdú. Es una cita de Castilla del Pino, en su libro Celos, locura muerte:

“Como se ve, no identifico privado e íntimo. En mi opinión, lo público, las actuaciones públicas son, además de observables, dispuestas por el sujeto para que sean observadas. Las privadas son aquellas que pudiendo ser observadas, el sujeto dispone los requisitos de inobservación. Las íntimas son, a diferencia de las anteriores, propiamente inobservables, aun cuando el sujeto pretenda lo contrario”

9 comentarios:

JL Martínez Hens dijo...

LA ATRACCION DE LA INTIMIDAD.

EL PAIS

VICENTE VERDÚ 19/05/2008

...En la actualidad, el primer lenguaje es la apariencia y la apariencia es el lenguaje. La estampa de un individuo célebre o famoso, directo o subsidiario, es expresión del poder. ¿Cómo no incluirla en el interés general?

Pero ¿y la invasión en la intimidad, la descarga fotográfica aquí y allá? ...

...Al "todo es política" del comienzo del capitalismo de consumo, en los años sesenta del pasado siglo, ha sucedido el "todo es público" en el actual capitalismo de ficción, donde "transparencia" es algo más que una expresión más. ...

Hace 50 años la producción de secreto era una condición fundamental de la religión, de la política, del arte o del sexo. Ahora, por el contrario, el secreto huele mal, es dudoso, criminal acaso. Todo debe estar a la vista, ser transparente en su elaboración y en su desarrollo

...The Un-Private House (La casa no privada) fue el título de una exposición en el MOMA de 1999 donde 26 arquitectos presentaron su proyecto de habitación abierta y Terence Riley, entonces director de esa sección, dijo: "Desde hace 400 años contemplábamos una progresión de la intimidad. Ahora el fenómeno se invierte". La transparencia lo es todo.

¿Podría de hecho concebirse hoy un gobierno democrático que no hiciera gala de transparencia? La obsesión de diafanidad llegó al extremo de que Gundar Berzins, ministro de Economía de Letonia, objeto de críticas populares, hizo instalar en noviembre de 2000 una webcam en su despacho para "que se viera" la honestidad y eficacia de su gestión.

Por aquel tiempo, el presidente argentino Fernando de la Rúa pensó en hacer lo mismo dos veces a la semana pero fue disuadido porque, al fin los asesores temieron que pudiera perjudicarle su afición a los partes meteorológicos y a los bonsáis.

En el trabajo nos vigilan las cámaras y las cookies del ordenador, aparte de los supervisores personales y los delatores. En el ocio nos envuelven las cámaras de la videovigilancia. En la red, en las compras, en los peajes, en las transacciones bancarias, en los teléfonos, en los aeropuertos, los hospitales, las gasolineras, los videoclubes, las agencias de viajes, dejamos constantes trazas de nuestra personalidad en una dinámica que ha ido canjeando privacidad por seguridad y que al cabo ha desmantelado la condición íntima. Tanto que lo íntimo, tenido por tabú ("que no se puede tocar") se ha convertido en la materia más manoseada y común de explotación. De eso dan prueba constante y directa los medios de comunicación de masas, desde los diarios y las revistas impresas hasta las mil pantallas.

El mundo se ha poblado de un tupido enjambre de micrófonos y objetivos, y el comercio con fichas personales se ha extendido a tal punto que una sola compañía, Acxiom Corporation in Conway, ha llegado a poseer un banco de datos que cubre más del 95% de los hogares norteamericanos, siendo sus principales clientes Wal-Mart, Citibank, Citicorp, IBM, etcétera, que, a su vez, proporcionan más informaciones complementarias para el entero retrato.

En esta atmósfera de miríadas de ojos, notas y susurros, ¿dónde encuadrar el caso de Telma Ortiz? ¿Cómo escandalizarse, en fin, de una noticia indicativa sobre la tersura de su piel, la gracia de su figura, la compra en un supermercado? La intimidad, que estaba bajo llave en otros tiempos, se encuentra hoy en cualquier parte y en ninguna, igual que ocurre con el sexo, la religión o la cultura. Otra cosa es el acoso personal. Pero acosar es todavía una forma rudimentaria en el procedimiento de extracción informativa. Una conversación puede ser registrada a kilómetros de distancia, un logo del bolso o una carrera en la media puede ser fotografiada desde el aire, cualquier acción dentro del hogar es susceptible de ser captada a través de sus ínfimas vibraciones. Importunar al personaje no puede tolerarse, debe condenarse. Espiarlo debe condenarse, pero no puede impedirse.

JL Martínez Hens dijo...

http://www.elpais.com/articulo/opinion/atraccion/intimidad/elpepiopi/20080519elpepiopi_12/Tes

JL Martínez Hens dijo...

ESCAROLA DEL BLOG DE VERDÚ

Lo íntimo -de momento y hasta que no inventen algo- está a salvo, dentro de nuestras cabezas, pero ¿dónde se refugia lo privado en un mundo plagado de cámaras? ¿En el propio domicilio - si es que a tu pareja no se le ocurre mostrar tu culo al mundo por orgullo o por despecho? ¿Quién acota el territorio privado? ¿El propio individuo? No, dicen los jueces, el interés público, el interés público puede legitimar el acoso mediático. Es el interés público, el bien público el que decide los límites de tu privacidad. Lo privado es un límite virtual que a lo mejor no existe...

...Todos tenemos múltiples caras, como afirma alicín, aunque las de algunos se parecen unas a otras con total monotonía. Hay gente que parece hecha de una pieza, y no necesariamente son superiores.
Sí, "parte", puede que la privacidad y el pudor desaparezcan como categoría moral. Otra cosa muy distinta es que la transparencia garantice la virtud, lo más seguro sea que por el contrario agudice la tolerancia al vicio. En cuanto a la intimidad, cualquier día nos leerán el cerebro como si fuera un código de barras - o acaso nos leeremos a nosotros mismos el cerebro con el lapiz óptico para ahorrarnos el esfuerzo de pensar. ¿Da miedo pensar en el uso que se pueda hacer de ello? Bah, ya nos acostumbraremos.

mia dijo...

Tremendo,me deja sin palabras!

Gracias a ti y a Verdú

besos

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Verdú es mucho Verdú, graciaspor la info, ha sido un placer leerla.
besotes

Gizela dijo...

Ciertamente creo que lo intimo, sólo está a salvo en nuestro pensamiento.
No soy tan futurísta, así que no pienso que lleguen a escanearnos la mente..claro, no puedo poner la mano en el fuego para asegurarlo.
En cuanto a perder la privacidad, por cámaras instaladas doquier.
No me molesta, es un tributo a pagar, para obtener algo más seguridad.
Viví en NY,cuando no existían las cámaras en la calle y sólo estar cerca de alguna de las entradas de Central Park al anochecer, era casi un suicidio.
Regresé años después con cámaras instaladas,y pude románticamente darle un beso a la luna a las 10 de la noche en el parque.
En cuanto al acoso mediático, es terrible, pero lamentablemente, los acosadores se alimentan del morbo del resto de la humanidad, que paga buen dinero, para que ellos hagan cada día mejor su trabajo.
El aburrimiento existencial de la vida de muchos, es tal, que observar privacidades de otros se ha vuelto un excelente negocio.
Siempre me ha maravillado el éxito de los programas en que encierran a un puño de humanos y los observan hasta durmiendo.
Un placer haber compartido mi café con esta lectura.
Gizz

Moe de Triana dijo...

¿Verdú es el que está dándole al rulillo miarma? Que mañana de caló que ha hecho pa pintá una fachá...

Un saludasso.

Barrera dijo...

grandes definiciones eh jajaja

Anónimo dijo...

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