Relato breve de Rafael Pérez Estrada
















Crónicas
1

La ingestión en la noche pasada de aquella desordenada cantidad de caviar le había facilitado, junto a la espesez de un sueño ilocalizable, una sensación oscura de culpa. Había vislumbrado, eso sí, en aquellas masas de huevas negras, húmedas y brillantes, un signo angustioso de sus propias tinieblas y una rara advertencia al mundo inquietante de los otros.


Sin embargo, todo aquello debía pertenecer al proceso digestivo y a sus dificultades, porque el sueño era parte del mismo mal. Y en estas consideraciones se quedó más tranquilo en el cuarto de baño, e inició la ceremonia del aseo. Abrió la boca, intentó localizar la lengua, quería matizar, de su aspecto, la gravedad de aquel desorden gastronómico. Y entonces fue cuando, pareciendo ser parte del apéndice, de su interior brotó, espesa, aquella cinta de carne. Era como si un ofidio hubiese anidado la ponzoña de su existencia dentro de él. Era como si nada, porque sólo pudo ver el lavabo llenándose de aquella inexplicable indecencia. Después vino el grito y con él el silencio. Entonces el tiempo se hizo cosa de los otros.

2 comentarios:

verdial dijo...

Muy fuerte. Juegas habilmente con la imaginación del lector dejando el relato en sus manos.

Un abrazo

José Luis Martínez Hens dijo...

Ojalá fuera yo el autor Verdial.

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