Materiales para un relato futuro

Aprende a ganar cuando la vida te deje.
Aprende a creer que todo puede arreglarse.
Con algo de fe todo puede conseguirse.
Aprende a perder pero jamás a rendirte.







Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá...

El croupier del Missisipi
LEOPOLDO MARIA PANERO







El faro del fin del mundo  (del blog de serpientenilo)


La isla era un accidente de la madre naturaleza. Sin embargo, a pesar de su clima intempestivo, el azote de las tormentas, su frío extremo y de la insignificancia de sus dimensiones había sufrido la inmigración de colonos que arribaron en tropel y paulatinamente padecieron la esquilma que deriva de la carencia de recursos y las características inhóspitas del hábitat. Del fragor de aquella incursión sólo permanecían en pie una casita mal conservada en la punta norte y otra ruinosa en la sur y un faro superviviente que se erguía equidistante en la costa entre ambos polos. En la soledad del norte sobrevivía Manuel y en la del sur Paula sin que mediase relación alguna entre ellos -y, quienes ,por otro lado ,carecían de parientes ni más familia que a sí mismos y se habían resistido a abandonar su abrupta existencia en medio de un océano rabioso que la mayoría de los días podría haberlos engullido sin sentir un ápice de misericordia-.

El faro, alzado en ladrillo y estucado en cal, era el punto de encuentro de las aves zancudas, de las morsas y de los leones marinos, por eso Paula acudía por las mañanas para bautizarse en el amanecer y Manuel se bañaba en el ocaso al abrigo de los planetas.  


Un día Paula fue sorprendida por un huracán de baja intensidad repleto de granizo que arremetió contra su cara , obligándola a parapetarse debajo del pequeño alerón del faro hasta que cesara el ametrallamiento. Rebuscó en sus bolsos raídos un pañuelo para embeber el agua de su rostro y reconoció entre sus dedos un lapicero. Desconociendo la energía que la impulsaba escribió automáticamente en un ladrillo del torreón del faro:


“Si muero hoy, quédate con todo lo que es mío y no te supe dar en vida”

Cuando cesó la avalancha de piedras de hielo, Paula se despidió de la fauna magullada y corrió hacia el sur para mudarse la ropa empapada.


Al anochecer, Manuel se acercó al punto intermedio para contemplar el firmamento a la luz del faro mientras liaba un cigarro de picadura molida y se percató del mensaje que destacaba sobre el fondo encalado. Anonadado por el descubrimiento, extrajo del bolsillo de su pantalón la navaja mellada y oxidada que era su única herramienta para casi todo. Estuvo rascando el borde del ladrillo durante un par de horas, profundizando en las hendiduras sangrantes de arenilla hasta que el ladrillo comenzó a soltarse y pudo sostenerlo entre sus manos para soplarlo. Limpió con la manga de su jersey de ochos el polvo restante y escribió auxiliado por el filo de su navaja sobre el ladrillo contiguo:


“El día que tu mueras, dejará de tener sentido el firmamento”


2 comentarios:

Alfaraz dijo...

¿Ismael de la Serna?
Nunca le había visto nada parecido.


.

José Luis Martínez Hens dijo...

Si es una obra de don Ismael que salió en subasta.

Derechos reservados

Safe Creative #0806170073499

Bitácoras

Bitacoras.com