Descansan en paz

Esta mañana nada más empezar a trabajar, me han llamado que ha muerto una señora de la que llevo un tema en el despacho. Posteriormente ha venido una cliente cuya mayor preocupación es que cuando muera o quede incapaz, ello no le cause problemas a su hija.








Fuengirola y la Costa del Sol en general, es el lugar elegido por muchos ancianos europeos para morir y es por eso que muchos abogados gestionamos este tipo de asuntos. En estos años, he tenido clientes que querían arreglar sus cosas en este sentido, y he descubierto que muchos vienen con cierta regularidad sólo por el hecho de sentirse escuchados un rato y si pueden recurrir algo o tener alguna historia con su comunidad de propietarios, lo hacen por el simple hecho de tener algo que hacer.

Suelo inducirlos a que no se metan en problemas de los que no van a sacar provecho, pero suelo dedicarles un rato y no me importa citarlos para otro día, algo que les gusta mucho ya que ya tienen algo que hacer dentro de dos o tres semanas. Suelo aprender cosas y me gusta imaginarme como fueron sus vidas, la mayoría de ellas apasionantes. Tremenda soledad. Recuerdo un poema de Becquer que decía: "Ante aquel contraste de vida y misterios, de luz y tinieblas, medité un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!", pero a mí me parece que la soledad en vida es mucho peor, unido al cansancio y a la espera.

Son muchas las anécdotas que tengo, pero sin duda la mejor es aquella que me pasó cuando empecé a ejercer. Había que localizar el certificado de defunción de un señor fallecido en la zona de Granada y no había forma. No aparecía en ningún registro. Me acuerdo que fui al cementerio de Granada, a la funeraria de Almuñecar y tampoco había datos. Supuestamente había muerto en La Herradura, donde tenía su casa, y harto de buscar en organismos públicos, me fui al cementerio y me puse a buscar lápida a lápida. Eso se llama la fuerza del principiante. De repente encontré su nombre. No aparecía en ningún registro puesto que en la tumba, antes del nombre ponía "aquí yace" en alemán, y fue inscrito por el funcionario de turno no por su nombre, sino por el "aquí yace".

Sólo recuerdo que aquel cementerio transmitía paz, situado en una colina frente al mar. Un gato me miraba, y parecía que me decía algo así como mejor que aquí no se está en ningún sitio. Otro poeta decía que sólo en la paz del cementerio o de los muertos, creía.




Aconsejo la lectura de El libro de requiems de Mauricio Wiesenthal, donde el autor cuenta sus experiencias visitando los lugares donde descansan los artistas que admira.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Ethernity was in our lips and eyes..."
(Anthony and Cleopatre.I,3)

The Former Virginian

José Luis Martínez Hens dijo...

Nice quote Former

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