El flamenco y su sibilino reconocimiento

Hoy es el día mundial de la filosofía. No está mal porque hay días para todo, igual que hay premios para todos. Si no que se lo pregunten al flamenco al que por fin lo han reconocido como patrimonio universal de la humanidad, ahora eso sí, junto a los castells o el canto de la sibila. Creo que cada cosa tiene su sitio, Unesquito de mis entrañas.

El flamenco no es sólo música, es mucho más. Hoy es un buen día para hablar del flamenco porque si hay algo que se puede decir para dar un concepto de este arte, es que el flamenco es filosofía.

Fijaros en la forma de moverse y de andar del bailarín del video de Youtube.





Sin prisas pero con energía. La elegancia suprema de la sencillez. Porque el flamenco es eso, es raíz, profundidad, sentimiento. Es una forma de expresar el sufrimiento sin aspavientos ni superficialidades. Es una cultura que se nos va, que no aguanta los tiempos que corren, porque el flamenco no va con la velocidad y me temo que los cruces y los mestizajes tampoco le ayudan demasiado. Yo creía que era una forma de entrar, pero no, con el nuevo flamenco no se entra en lo puro. Te quedas en la superficie. Para entrar en el flamenco hay que empezar con palos fáciles como el fandango, las alegrías, etc, pero con tres berridos agitanados no es suficiente. Hay que escuchar e ir entendiendo los palos. 
 
La verdad es que el flamenco va ligado a la palabra España, pero no es así, no es algo generalizado en el país, el flamenco es más Andalucía que otra cosa. Y Andalucía ha perdido su ritmo, su indiosincracia, por mucho típico y tópico que quede en Sevilla. Las cosas ya no son como antes. Ya no hay patios, ni canarios, ni se tapea a mediodía con una copa de fino. No hay tiempo, la cultura imperialista ha arrasado. Todo se canaliza en una semana de Feria, donde los sevillanos se ponen el traje de torear y se dedican a representar una farsa con mucho colorido, pero muy superficial.
 
En los últimos años se han ido muriendo los mejores cantaores. Uno tras otro. Y muy poquitos quedan ya. Por tanto este premio me huele más a título póstumo que a otra cosa, a diferencia del cante sibilino que nace para mí con la concesión del premio. Una forma muy sibilina de dar un premio, señores de la Unesco.
 
Os dejo una representación teatral que vi el año pasado de El Brujo sobre una obra de uno de los grandes de la flamencología, el escritor Don Fernando Quiñones, que también aparece al comienzo del video anterior.
 
 
 
Descanse en paz.
 
 

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