Sobre la autoridad moral de los escritores y políticos

Este fin de semana, aprovechando unas anginas, he retomado la lectura de Guerra y Paz. Así, de las 1500 páginas ya sólo me quedan 100, he llegado al Epílogo.


Para quien se enfrente a la tarea de leerse este tochaco, la aventura puede dar pereza, pero si se quiere disfrutar de una escritura fácil y profunda, esto es de lo mejor que se ha escrito. Lo malo de los libros tan largos es plantearse el ¿cuando? ya que en los tiempos que corren, es difícil disponer del sosiego necesario para estar una semana leyendo a buen ritmo.



Este verano me impuse una lista de libros ambiciosa que no he cumplido, pero como desde el programa del El Público Lee se nos pidió que nos leyeramos Guerra y Paz, para hacer un programa conmemorativo del centenario de Tolstoi, pues me puse manos a la obra y al final cayeron 1200 páginas.

Luego he estado dos meses practicamente sin leer, aunque devoré practicamente en un día un libro que salió en julio del maestro Wiesenthal sobre su maestro. Un clásico al cuadrado.

De casualidad, el sábado apareció en el ABC cultural una reseña de Wiesenthal sobre el aniversario, y es lo que ha encendido la mecha para este invierno. Lo que reivindica don Mauricio es la aparición de hombres con una autoridad moral. Y en este artículo he encontrado respuestas a muchos interrogantes que me hago a diario, sobre el devenir de los tiempos. Lo comparto con vosotros puesto que hay ideas interesantísimas.
Las epopeyas y la literatura de nuestro mundo clásico fueron obras de auténticos maestros: hombres que poseían una «autoridad moral». ... Presentar un debate sobre el Escritor como Autoridad Moral sería un acontecimiento en este centenario de Tolstói, porque nadie parece saber ya lo que eso significa. Ahí estamos los escritores, orgullosos de nuestros premios o nuestras cifras de venta. ¿Qué significamos para la fe de los hombres? ¿Qué valores proponemos a la sociedad? ¿Qué somos más que vendedores de historias de papel?

El mundo occidental, falto de fe y de autoridad moral, va dejando inmensos desiertos de ideas y valores en el alma de los hombres. Y esas landas áridas de desengaño y aburrimiento son claramente visibles por cualquier enemigo que tenga un mínimo de inteligencia y de fuerza. Los desiertos morales son siempre «espacios conquistables». No es extraño que los fanáticos redoblen sus golpes y sus asaltos en esos vacíos donde ven la flaqueza de su enemigo. Hace muchos años, un camellero del Sahara me enseñó que los hombres del desierto transmiten a sus hijos una sabia y prudente cautela: si el jeque no construye una ciudadela en la roca más alta, la comarca será invadida, tarde o temprano, por una tribu de bandidos.

Cuando Gandhi inició la lucha por la independencia de la India y la fundamentó en la no violencia, eligió la vía de la «autoridad moral». Y Churchill y Mountbatten -sus adversarios políticos- se dieron cuenta pronto de que estaban perdidos ante aquel profeta que vestía como un paria pero que sabía ocupar las alturas de la ciudadela.  Y así ocurrió que los propios británicos fueron conquistados por la autoridad moral de Gandhi...Gandhi fue asesinado, sin embargo, por un fanático musulmán. Y hoy reaparece ese problema que nos afecta tanto a nosotros como a los propios musulmanes liberales. Hay unos fanáticos que se disfrazan de «autoridad moral» y seducen a las masas. ¿Qué tenemos nosotros para oponerles?
...

Pero, a pesar de que el burdo materialismo del siglo XX quería apartarnos del pasado espiritual de Europa y pretendía entretenernos con fuegos artificiales, algunos nos dábamos cuenta de que Tolstói no estaba tan lejos y que sus diatribas contra la caída de los valores y la falta de fe eran apasionantes. Porque la «autoridad moral» no sólo es el fundamento de la política sino también la base conmovedora de la gran Literatura.


Quizá ya es tarde para Tolstói e, incluso, para Nietzsche, que sería más duro con ciertos filántropos de la política (ahora les llaman «buenistas»). Hemos perdido la idea del bien común que fue tan importante para el cristianismo y para Tolstói: «El reino de Dios está en vosotros». Pero el bien común implicaba deberes y derechos, mientras que el «buenismo filantrópico» consistió siempre en dar lo que nos pidan, sin responsabilidad ni criterio, para que nos dejen tranquilos
No nos respetamos a nosotros mismos -diría Tolstói- y por eso no sabemos amar. Hemos creado un mundo capaz de globalizar una enorme riqueza material, pero somos incapaces de globalizar la infinita riqueza moral y espiritual que tenemos en nuestra ciencia y en nuestra cultura.

¿Esperamos acaso que la felicidad universal se parezca a la posesión espasmódica de la riqueza material? ¿Nadie lee ya el Evangelio de San Juan?: «El conocimiento de la verdad es lo que os hará libres» Medio mundo cree en verdades fanáticas sin libertad. Y el otro medio busca una experiencia de la libertad sin verdad.

 
No son los políticos los que pueden recuperar los valores de nuestra cultura, sino que se necesitan «autoridades morales».

2 comentarios:

verdial dijo...

Que bonito has puesto el blog.

Yo hace un muntón de años que leí Guerra y Paz, allá cuando era una adolescente con tintas subversivas y guerrilleras en la época franquista, y también me le leí en poco tiempo, pues siempre he sido una ávida lectora.
Tu entrada me ha provocado la incitación de leerlo de nuevo.

Por cierto, que aparente te ha quedado Don Fernando.

Besos

José Luis Martínez Hens dijo...

Gracias Verdial por tu comentario sobre el maestro Tolstoi.

Por favor vamos a leerlo y comentar cosas. Me parece un libro básico para entender muchas cosas que están pasando en estos momentos de “PAZ ”.

Creo que hay que volver a los clásicos pero que basta con uno o dos libros, diría que éste y El Quijote. Tanta información y libros de caballerías nos están volviendo locos.

Las obras maestras sublimes no son tantas como nos hacen ver y han conseguido dispersarlas.



José Luis.

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