Teoría de Andalucía de Ortega y Gasset


He leído un pequeño ensayo de Ortega y Gasset sobre Andalucía y luego he buscado algunas notas en Internet para dejarlas aquí reseñadas para futuras entradas y pensar en blanco y negro.






De las dos notas características de lo andaluz, según Ortega, la primera le viene a Andalucía de su perspectiva histórica y la segunda de su circunstancia vital. La primera nota definitoria de lo andaluz es la perspectiva que le viene dada por su historia milenaria, pues, para Ortega, el andaluz es el pueblo más viejo del Mediterráneo, la que le facilita la tolerancia para con cualquier otra cultura.

Es de ad­vertir que el andaluz, a diferencia del cas­tellano y del vasco, se complace en darse como espectáculo a los extraños... Esta propensión de los andalu­ces a representarse y ser mimos de sí mis­mos revela un sorprendente narcisismo colectivo...

Andalucía, que no ha mostrado nunca pujos ni petulancias de particularismo; que no ha pretendido nunca ser un Esta­do aparte, es, de todas las regiones espa­ñolas, la que posee una cultura más radi­calmente suya. Entendamos por cultura lo que es más discreto; un Sistema de ac­titudes ante la vida que tenga sentido, co­herencia, eficacia. La vida es primera­mente un conjunto de problemas esenciales a que el hombre responde con un conjunto de soluciones: la cultura (...)


Ya veremos cómo la cultura andaluza vive de una heroica amputación ; precisamente de amputar todo lo heroico de la vida -otro rasgo esencial en que coincide con la China.


Una y otra tienen una raíz común, que en este caso es menos metafórica, porque, como las auténticas raíces, se hinca en el campo. (...) Esta contraposición dibuja con laguna claridad el sentido positivo y creador que doy al término cuando de la andaluza digo que es una cultura campesina, es decir, agraria. No es peculiar de ésta que el hombre cultive el campo, sino que de la agricultura hace principio e inspiración para el cultivo del hombre.


Andalucía ha caído en poder de todos los violentos mediterráneos, y siempre en veinticuatro horas, por decirlo así, sin ensayar siquiera la resistencia. Su táctica fue ceder y ser blanda. De este modo acabó siempre por embriagar con su delicia el áspero ímpetu del invasor. El olivo bético es símbolo de la paz como norma y principio de cultura.

Y enlazando ya con la segunda característica definitoria de lo andaluz, que es la tierra en que se asienta, que por sus condiciones especialísimas no es un mero trozo de terreno material, sino un ideal:

"Conviene insistir en esta raíz primaria del alma andaluza que es el peculiar entusiasmo por su trozo de terreno [...]. La unión del hombre con la tierra no es aquí un simple hecho, sino que se eleva a relación espiritual, se idealiza y es casi un mito. Vive de su tierra no sólo materialmente, como todos los demás pueblos, sino que vive de ella en idea y aun en ideal"

La famosa holgazanería del andaluz es precisamente la fórmula de su cultura. La cultura no consiste en otra cosa que en hallar una ecuación con la que resolvamos el problema de la vida. Pero el problema de la vida se puede plantear de dos maneras distintas. Si por vida entendemos una existencia de máxima intensidad, la vida nos obligará a afrontar un esfuerzo máximo. Pero reduzcamos previamente el problema vital, aspiremos sólo a una vita mínima: entonces, con un mínimo esfuerzo, obtendremos una ecuación tan perfecta como la del pueblo más hazañoso. Este es el caso del andaluz. Su solución es profunda e ingeniosa. En vez de aumentar el haber, disminuye el debe; en vez de esforzarse para vivir, vive para no esforzarse, hace de la evitación del esfuerzo principio de su existencia. (…)


Después de todo como decía Federico Schlegel, es la pereza el postrer residuo que nos queda del paraíso, y Andalucía el único pueblo de occidente que permanece fiel a un ideal paradisíaco de la vida. Hubiera sido imposible tal fidelidad si el paisaje en que está alojado el andaluz no facilitase ese estilo de existencia...

El pueblo andaluz posee una vitalidad mínima, la que buenamente le llega del aire soleado y la tierra fecunda. Reduce al mínimo la reacción sobre el medio, porque no ambiciona más y vive sumergido en la atmósfera deliciosa como un vegetal. (…)

El andaluz aspira a que su cultura se parezca a su atmósfera. Para él, lo andaluz es primariamente el aire de Andalucía. La raza andaluza, el andaluz mismo, viene después… Todo andaluz tiene la maravillosa idea de que ser andaluz es una suerte loca con que ha sido favorecido. Como el hebreo se juzga aparte entre los pueblos, porque Dios le prometió una tierra de delicias, el andaluz se sabe privilegiado porque, sin precia promesa, Dios le ha adscrito al rincón mejor del planeta. Frente al hombre de la tierra prometida, es el hombre de la tierra regalada.

Hasta tal punto está Ortega convencido de esto que llegará a afirmar que, si bien otros hombres siguen manteniendo sus peculiaridades nacionales al ser trasplantados a otras tierras, el andaluz deja de ser tal en cuanto tiene que habitar otra tierra distinta de la que lo ha visto nacer.

Algo que enlazo con un cuento titulado "El Hijo del Sur" de Rafael Cansinos-Assens:

Era un hijo del Sur, ardiente y generoso; había nacido en su lecho de flores y de luz, y tenía en su corazón toda la llama de aquel sol que caldeara su infancia, modelándola como en un viejo fuego. La suerte lo había llevado luego a un país del Norte...

1 comentario:

Alfaraz dijo...

¿Tendrá mucho en comun un aceitunero (altivo) de Jaén con un sevillanito de Nervión o un alpujarreño?
Todas esas generalizaciones forzadas en base a las ocho provincias me parecen herederas del nacionalismo babuchero de Blas Infante.


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