Melancolía por María

Ayer enterramos a María. Una señora de 90 años sencilla, dulce, serena... Faltan adjetivos aunque en realidad sobran porque en uno, se condensa todo. Buena.

Sus últimos años de vida fueron un calvario, pero supo aguantar con resignación cristiana, y murió con la paz que le acompañó una vida bastante dura, que incluye el enterrar a tu marido en la juventud y posteriormente a tu hijo en la vejez. Hoy ya está descansando solita, sin molestar a nadie, en ese cementerio de pueblo al que cada día le tengo más apego y donde, si no es mucha molestia, yo también quisiera reposar.

Mis palabras son torpes y hasta un poco ridículas. Estoy como cortado y sin inspiración alguna, y tengo que hacer un post especial, por lo que tengo que acudir a una canción del poeta de Brasil, que es lo mejor que le puedo dedicar a María.



Bueno, no. Hay algo mucho mejor. Hace justamente en este instante 5 años, le dejé una biznieta con su nombre y que ella sólo pudo palpar ya que su ceguera no le dejó verla. Creo que el nombre lleva implícito la dulzura. Esta noche, me acostaré con la musiquilla en la cabeza y con algo mucho mejor. Con esa maravillosa sensación espiritual y de paz de ver que las cosas tienen su sentido.



Y poder hablar de los amores de mi vida a través del dulce nombre de María. Lo que acaba y lo que empieza. E implicitamente decirle a esa persona tan especial, nexo entre la vejez y la infancia, que la quiero, y que tenemos una vida estupenda para sufrir y amar juntos.



Amén.

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