Sobre el testamento digital, el de Nobel y el mío

Ayer salió en las noticias como algunas funerarias ahora ofrecen un servicio a los familiares dándole un pen-drive  con 2 GB de información del difunto en la red. Dado el uso que el españolito medio hace de la red no me quiero ni imaginar la de cosas que pueden salir en esa información.

Es un problema éste, el de la privacidad. La red nos ha atrapado y lo que parecía que no tenía demasiado importancia la tiene, ya que uno será juzgado y la interpretación de tus actos y comentarios quedará al libre albedrío de los demás sin posibilidad de alegar ni explicar nada.

Por si fuera poco, las redes sociales están empezando a generar problemas de incomunicación. Se cambia el contacto virtual por el real. La High Tech desplaza el High Touch y el individuo colma su necesidad de comunicación de forma ficticia, mediante intercambios cortos de tweets que se limitan muchas veces a expresar un estado de ánimo o bien dónde estás, qué vas a hacer, o cualquier idea que se pase en ese momento por la cabeza. Nos montamos películas artificiales sobre nuestras vidas, y he observado como lo hacen los adolescentes al hacerse fotos y colgarlas en el Facebook. Celebramos un cumpleaños de adolescentes el otro día y las niñas se dedicaron más tiempo a hacerse fotos que a bailar o divertirse. La imagen, la apariencia, vidas ficticias,...que en nuestros casos pueden ser eso ficticias, adicionales, pero que en los jóvenes empiezan a ser parte de sus vidas, porque es lo que están viviendo.

Estoy leyendo un libro llamado el Testamento de Nobel, escrito en los 90 por Mauricio Wiesenthal, un bohemio humanista, que ha recorrido medio mundo y leído mucho, y que es un enamorado de la Europa del siglo XIX y principios del siglo XX. Este autor nacido en 1943 veía en la generación de la postguerra, una sociedad deshumanizada, y por eso sus memorias se titulan "nacer cuando las luces se apagan". Y si las luces se apagaban en los 80 y 90, actualmente con el uso y manipulación a la que estamos sometidos en la red, creo que vamos a peor. Nos estamos haciendo cada día más conservadores, pero conservadores sin aparentarlos, ya que vivimos todos un falso progresismo virtual. Por eso en vez de conservadores creo que tendríamos que hacernos antiguos y hacer de vez en cuando cosas que pueden parecer inútiles como por ejemplo volver a escribir a mano.

No estaría mal hacer un testamento o blog ológrafo ahora que ya me queda menos para cumplir los 40.

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