Mi semilla y mi religión


Hubo un tiempo que temía a la muerte. Recuerdo que era entonces pasante, y se lo comenté a Antonio de la Riva (mi maestro de profesión) en la taberna que teníamos en el despacho. Y me convenció. Es una pena que no recuerde las palabras exactas porque desde aquel día cambió mi percepción sobre aquello.

Hoy a lo que temo es a la vida. Si muriera en este preciso instante, mi vida sería una historia feliz, porque no he tenido que enterrar todavía a ninguna de las razones de mi día a día.Y cuando digo todavía, lo digo con verdadero pánico. Tendría que hablar con Don Antonio. Probablemente sea la diferencia entre ser feliz o no. Me doy cuenta que aquellos años fueron muy duros y que aparentaba unas ganas de vivir ficticias.



Sin embargo hoy, tengo responsabilidades y gente a la que defraudar. Lo fácil sería un punto y aparte. Y que otros siguieran con este blog. Seguro que decían podría haber sido un buen escritor, o un buen político o abogado...Cualquier palabra escrita aquí podría ser tenida por una genialidad, y todos los errores serían automáticamente perdonados. Flores a la tumba.

Pero la vida sigue y hay que escucharla. Yo creo que todos tenemos un genio dentro, único e irrepetible, que es el mejor de la humanidad en lo suyo. Y lo es. Por eso nos traiciona tanto el ego y es tan difícil relacionarse. Si no fuera por la Iglesia que tenemos, esas cosas del Espíritu podrían valer. Los poetas lo interpretan cada uno a su manera. Y lo llaman de una forma. Al final es nuestra voz interior, no se si divina o humana, pero que cada uno tiene que respetar y nadie es quien para decir como tenemos que interpretarla. Los teledirigidos no viven su propia vida.

Me sobra pasión en todo lo que hago. Es como si quisiera ver los resultados a todas horas. Y el futuro me impide vivir lo mejor. El presente. En el fondo, no hay que preocuparse tanto porque yo ya lo mejor lo he hecho con el bichillo.

¿Se puede ser más guapa, simpática y buena?



Padre que chochea. Se ve que toca ya descansar, que es domingo y mañana hay que empezar otra vez con ganas. Acabemos de una vez, con un bello poema del abogado y poeta malagueño, Alfonso Canales, recientemente fallecido:

Hermoso es morir joven
y dejar el recuerdo de la piel no tocada
por agravios del tiempo:
pero lo es más haber vivido mucho
y haber hecho que el cuerpo se fatigue
de amor y de labor. Es muy hermoso
incorporarse al coro con voz nueva,
destemplar el unísono con un grito de júbilo
para sellar los labios
después: pero es más bello
que los años trabajen la palabra y el canto
fundidos, de manera que una nueva armonía
se logre en el conjunto, desconocida antes.


Feliz aquél que puede las causas de las cosas
adivinar temprano,mas el que se retarda
adrede, no queriendo que nada se le esconda,
llega más lejos: día
tras día desenvuelve
un camino que otros ya encontrarán pisado
y transitable.


Hermoso es aprender, rozar lo no sabido,
descerrajar las puertas, rasgar túnicas, velos,
impedir que se queden los damascos
colgados de doradas galerías
llenas de polvo, pero el mayor premio
para el hombre que vive y dice y ama
es lograr el lenguaje
con el que los balcones, definitivamente
abiertos, comunican
su saber soleado a las estancias;
sacar del negro engaño a la tiniebla,
y a la misma penumbra de sus grises cenizas;
en la piel de las cosas
acomodar la luz, como quien créese
divino y con la fuerza
de la garganta hace que se levante un mundo
resistente a los años.


(Alfonso Canales. El puerto.Granada, Colección Rusadir, 1979)



No hay comentarios:

Derechos reservados

Safe Creative #0806170073499

Bitácoras

Bitacoras.com