Caminando hacia la "ZIMA"

Hace unos días, mi mujer me regaló El decálogo del caminante de Manuel Pimentel, el exministro. Por casualidad había visto una entrevista en la tele sobre el libro y  me sorprendió el regalo. Nunca me lo hubiera comprado, porque aunque el autor es una persona que no me cae mal (llegué hasta votarlo), pero lo veo como demasiado tristón para la literatura, como falto de sal. Como poco rompedor de platos.




El caso es que cansado del Ulises de Joyce (del que ya voy por la página 180 aunque exhausto), lo abrí el sábado por la tarde y me lo leí de un tirón. Que respiro. Podía leer seguido. Pensaba ya que era medio tonto. Leía y podía hasta coger velocidad. A veces hasta me adelantaba al protagonista. Se le veía venir al chaval.

El libro tiene mucho de copia del Alquimista, aunque mete algunas cosas interesantes como una división de las personas (caminantes que son los buenos, los turistas y los zombis que es la morralla) que me recordó al principio a la división de los cronopios, famas y esperanzas de Cortázar ( http://www.loscuentos.net/cuentos/link/608/60883/ ), aunque salvando mucho las distancias.También tiene conceptos típicos de los manuales de empresa, toca el conflicto (una tablita de algún Curso de Mediación), la autoayuda, la búsqueda de la felicidad, etc...

Espiritualidad americana (el autor que es de Córdoba ubica la acción en Nueva York), historias previsibles, aunque sin sangre ni sexo, pero que puede que en estos días tan amargos de crisis en los que vivimos, ayude. Una pastillita. Una ilusión. Algo así como una película americana que acaba bien. Unas reglas estructuradas en un decálogo para triunfar en la vida y acabar siendo millonario, que es lo que todos soñamos porque es para lo que nos han programado en la era de la televisión capitalista. Lo que ha generado tanta infelicidad en esta sociedad, en la que si no alcanzas la cima acabas en la sima de la indiferencia.

Pero sobre el camino hay mucho que decir, porque no por ser caminante se tiene que triunfar en la vida. Es más, una cosa es un camino y otra la quinta Avenida. Para el camino hay que ir ligero de equipaje como nos enseñó el poeta. Hay una bonita canción de un camino que se repite y repite, y que lo cantaba como nadie, la voz de los pobres, Cesaria Evora, con todo el polvo y la sal de su Cabo Verde:





Quién te mostrará
ese largo camino?
Quién te mostrara
ese largo camino?
Ese camino
para Santo Tomás (Sao Tomé)
Tristeza tristeza
Tristeza
Esa tierra de San Nicolás
Si tú me escribes
(yo) te escribiré
Si tú me olvidas
(yo) te olvidaré
hasta el día
que tú regreses.


Al final parece que me ha salido una crítica, pero probablemente sea una crítica a mi mismo, por no ser capaz de ser un gran triunfador yanqui, pese a haber hasta estudiado allí. No me creo del todo lo de la autoayuda. Estamos en tiempos de desengaño del capitalismo y no creo que se pueda vender esperanza con libros superventas. Será que en el fondo amo "de mais", la melancolía. Debe ser que tengo más de cronopio que de este caminante de Pimentel. Será por eso que siento tanta fascinación por la palabra "saudade" como por la palabra Brasil:




O sal das minhas lágrimas de amor
Criou o mar que existe entre nós dois
Para nos unir e separar
Pudesse eu te dizer
A dor que dói dentro de mim
Que mói meu coração nesta paixão
Que não tem fim
Ausência tão cruel
Saudade tão fatal
Saudades do Brasil em Portugal
Meu bem, sempre que ouvires um lamento
Crescer desolador na voz do vento
Sou eu em solidão pensando em ti
Chorando todo o tempo que perdi.

Y aunque la melancolía es bella, tampoco hay que dejarse atrapar en su red. Acabemos la entrada ya, caminando hacia la ZIMA como se diría en Jerez, donde caben ambas palabras en una, ya que con el acento, no sabremos (ni falta que hace) a cual de las dos se refiere. Se dice con Z y ya está resuelto el final del camino.




Y que cada uno haga su camino como pueda pero sin imitar demasiado. Cada uno el suyo. Ese es el camino. Ser uno mismo y seguir.

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