El papel de los abogados y otros operadores jurídicos en el sistema de ascenso de los jueces. Hacia unas elecciones.





Desde que estoy en UPyD vengo intentando concienciar a través de los Colegios de Abogados que nuestro colectivo debería tener más fuerza en la Justicia y cada vez que tengo la oportunidad hago pequeños guiños a nuestro partido a abogados que están activamente en los Colegios y que me consta que luchan desinteresadamente porque las cosas mejoren.

Opino que los abogados españoles, (no se las cifras pero probablemente más de 200.000) deberíamos ir pensando en movilizarnos un poco y cambiar los Colegios, totalmente obsoletos, al igual que la figura de los Procuradores que es otro debate, pero que al final y al cabo en aras de impedir que desaparezca una profesión se perjudica la agilidad y el contacto directo telemático y personal: Abogado-Juzgado.

Pienso también, y para mí este es el principal caballo de batalla personal para estos próximos 4 años, que en la reforma del Consejo General del Poder Judicial y en el sistema de ascenso de los jueces los abogados deberíamos tener un papel decisivo. Y UPyD podría transmitir esta idea poco a poco pero desde arriba.

Estimo que para una Justicia independiente, los Jueces deberían de ascender por elecciones donde votarían los distintos operadores jurídicos empezando por sus propios compañeros Jueces y todos los funcionarios, Secretarios, Oficiales, etc (25%), Fiscales (10%), representantes de los Partidos políticos (15 %) y Abogados (50%). Los Procuradores si no optamos por su desaparición como es mi opinión, podrían entrar en este 50 % pero siempre dejando más protagonismo a los letrados incluyendo también a los abogados del Estado, de la Junta, etc…

Esto no es ninguna utopía. En EEUU hay elecciones directas de los ciudadanos, para acceder a puestos de jueces como los del Tribunal Superiores de los distintos Estados.

De la forma que yo planteo, se evita el coste de unas elecciones más del ciudadano, y se va a quien verdaderamente sabe si un Juez es bueno, independiente, justo, etc…, que son los operadores jurídicos, y donde yo destaco el papel de los que vivimos de esto de forma directa (es decir nos paga el ciudadano que es el que mantiene el sistema, los demás cobran del Estado que es muy distinto) ya que el que tiene el contacto real con los problemas es el abogado que lo oye en su despacho, filtra las pretensiones y las estudia, forma al cliente e intenta explicar al Juez la razón que asiste a cada parte, conociendo todos los problemas de toda índole que ocurre en cada asunto, donde se le dedican muchas horas que luego se ventilan en un acto de 10, 30 o más minutos. Pero es que además no se trata de excluir a los demás operadores jurídicos. Que cada uno tenga su intervención pero de forma proporcional a los colectivos, siendo el nuestro sin duda el más numeroso.

La abogacía en España no tiene ninguna fuerza y esto no es posible en un Estado de Derecho porque al final somos los que verdaderamente somos independientes en todo este entramado. Al menos lo somos los que ejercemos por cuenta propia que somos la amplia mayoría.

No es una razón corporativa sino que estoy convencido de ello. Apoyando esta idea, UPyD se acercaría a un colectivo de muchísimos votantes que está completamente desamparado por una Justicia obsoleta y corrupta, porque si no es independiente, dejemos los eufemismos, es corrupta.

Y si no lo digo reviento. Los Jueces de esta manera empezarían a tener más respeto a los abogados que al fin y al cabo somos la voz del ciudadano, quien les paga. Por tanto nosotros representamos directamente al que los legitima para hacer esa difícil función que es la de juzgar.

Creo que UPyD tendría que aprovechar la fuerza mediática de Rosa que lleva la Comisión Parlamentaria de Justicia, para visitar Colegios porque la necesitamos y estoy seguro que es un colectivo donde no sólo conseguiremos votos, sino ciudadanos comprometidos y formados que andan peleándose a diario con los molinos del sistema.


Fuengirola, 23 de Febrero de 2012.
José Luis Martínez Hens.

Carnavales todo el año...sonrían que les están grabando

Salvador de Bahía y Cádiz son las mejores dos ciudades para acabar el gélido mes de Febrero, aunque soy de los que opinan que se puede disfrutar mucho más de estas dos ciudades de género femenino (las ciudades también tienen sexo, especialmente en allende los mares) en épocas más relajadas que en el Carnaval. Hace ya casi 6 años que no voy a la primera, pero en estos días siempre me acuerdo de ella. Es como una pariente lejana a la que tengo muchas ganas de volver a visitar.

Hoy es miércoles de ceniza y ya es hora de ir retirando a los "jartibles" de las calles, aunque en Gades les queda todavía fiesta para rato. Este Carnaval, a nivel teatral si lo suelo seguir aunque este año he estado desconectado entre trabajos, viajes y política, por lo que voy a empezar a escuchar coplas ahora:



Que arte más grande el Selu. Poco más se puede decir en una entrada viendo a estos pedazos de artitas de la interpretación y el humor. Prácticamente profesionales. Bueno, pues para los que se hayan puesto hasta la coronilla de carne y estén ya hastiados de fiesta, os deseo una feliz cuaresma y mucho cuidado con el marisco, que ahora los viernes se pone por las nubes. Que se lo digan al Soberano, que por lo visto este año también ha sido homenajeado junto a la Constitución de la Pepa:



Imiten a los borbones y vivan la buena vida hasta que se les acabe el rollo, aunque si no es a costa de los demás, disfrutarán mucho más. ¿Para qué tanto lujo y dinero si lo que de verdad hace reir no tiene precio?

Y sonrían, que si hay un Dios les está grabando. Aquí el que al final gana el descanso eterno es el que sabe jugar las cartas que le tocan y es capaz de disfrutar del juego a pesar de los pesares. Por si acaso, no vaya a ser que nos quedamos nada má que en esa ceniza con la que se ensucian la cabeza hoy los devotos. No somos nadie y menos en pelotas y con cara de pena.

Sonría,  voce está en la Bahía:

Vacío de contenido


"Muchas veces tomé la pluma para escribille, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y, estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría…” 





Del prólogo del Quijote.
Cervantes.

Tal como éramos y tal como somos de antiamericanos

Ayer vi con mi mujer esta película que no conocía. Nada menos que de 1973, cuando yo contaba con 1 añito. Me gustó mucho. Mucho. Y sobre todo, me hizo reflexionar en cuantas generaciones de progreso social nos llevan los americanos.

¿Qué era de España por aquellos tiempos?.

Reconozco que se de lo que hablo, porque en 1989 pasé un año estudiando el COU en Illinois, y ahora que nuestra mayor tiene 14 años, y aquí nos escandalizamos con los jóvenes de hoy en día, me doy cuenta que muchas de las cosas de los adolescentes de hoy ya las viví yo en aquellos años, donde alguna niña de Primero BUP te pedía que por favor no echaras la silla para atrás porque le dabas en la barriguita.



Hay muchas cosas que admirar de la cultura americana por mucho que en España ser "antiamericano" quede muy progre...

Es como me decía un amigo el otro día comentando las enmiendas sobre la Universidad con respecto al programa andaluz de UPyD. Me comentaba la baja rentabilidad que para la sociedad tiene nuestra Universidad donde el principal objetivo de los catedráticos y profesores es publicar, por encima de ser útiles para la sociedad que les paga. Voy a poner en cursivas sus palabras y lo dejo en el anonimato pero es una reflexión que creo que es de muchísima utilidad.

Todo lo anterior se traduce en que los resultados de la actividad universitaria (titulados, investigación, conocimiento) no se transfieren a la sociedad. Esta carencia es detectada y reconocida por la misma comunidad universitaria y por la sociedad y desde hace años se han hecho grandes esfuerzos, y puesto mucho dinero, en programas de transferencia de resultados :oficinas de transferencia (OTRI), programas de spin-off, start-up, que no se han traducido en resultados. 

El problema es cultural, casi religioso: la manera más eficaz que se ha inventado para que algo llegue a los verdaderos destinatarios ( la sociedad, los ciudadanos) es que el intermediario sea una empresa con unos dueños que ganen dinero con ello. Pero en nuestra cultura, al contrario que en la anglosajona y ahora también de los asiáticos, “ganar dinero de forma mercantil” tiene unas connotaciones pecaminosas que pone trabas a que las empresas se beneficien con los resultados universitarios.

De ahí lo celoso que son con la propiedad de lo inventado, con las incompatibilidades de catedráticos, con que no haya personas de alta valía del mundo privado impartiendo clases en la universidad,…

Pues nada en esa película se ve como eran las Universidades cuando aquí estábamos en plena postguerra. Y nos la damos de progres. Ahora también nos está llegando como algo "nuevo" las maratones y demás carreras populares, y ya en la peli se ve a Robert Redford entrenando en parques, playa, etc... casi como yo, pero sin esa pinta de guapito. Envidia cochina.

Abramos los ojos y dejemos ya de ser unos pobres catetos, pensando que nuestro estilo de vida es todo progreso y libertad. Muchos de los valores de la cultura americana están construidos sobre argumentos muy sólidos. Y viendo esta película llegué en algún momento hasta a identificar a Rosa Diez con la luchadora incansable que protagoniza Bárbara Streisand.

Mújeres que los tienen bien puestos.

Sobre el románico y mi dilema del ser o no hacer

Hoy podría estar en Arco Madrid. Me invitó un amigo bloguero y no he podido porque tengo trabajo. Sin embargo desde primera hora de la mañana estoy en las nubes, así que me he dicho, voy a escribir 15 minutos y a trabajar!!! 

Hace unos días tomé café con un conocido artista de mi tierra. Era una tarde complicada porque tenía que preparar unas enmiendas para el programa andaluz de UPyD, pero las necesidades espirituales son así. Un pequeño desliz contra las obligaciones, como hacer esta entrada a estas horas, son pecados veniales que engordan. Paco, me explicó su obsesión por el románico y por el arte rupestre. 


Confieso que se poco de arte y de historia del arte menos, por lo que quise que me explicara a que se refería con el románico. Me comentaba que él ve un paralelismo por aquello que pasó en el año 1.000 con el 2.000, la caída de un imperio y la crisis actual de todo, algo nuevo que tiene que surgir de todo ésto. Así me comentaba que lleva un tiempo buscando darle a su obra un sentido de trascendencia, de sencillez y naturalidad, quitarle el ornato, volver a la naturaleza, al hombre primitivo de la caverna que pinta sin pensar en que otros verán su pintura sino como necesidad personal. La búsqueda de la verdad.

Yo escuchaba sin aportar porque ya digo que es total mi desconocimiento, pero lo que sí tengo claro es que de esta crisis va a salir algo nuevo. Una etapa distinta. Leí hace poco en el blog de Verdú en una entrada sobre la Gran Crisis que pensaba Keynes, que todo lo sabía, dijo para los malos momentos: "Cuando esperamos que ocurra lo inevitable, surge lo imprevisto".

Atados de pies y manos, sin medidas eficaces, sin dirigentes capaces, la única y delgada esperanza radica en que "el imprevisto", un "suceso" sin control humano venga milagrosamente a detener el hundimiento de la biología, la psicología y la teleología de cada persona contagiada ya de la masa amarga que no cesa de aumentar.


Pues eso, HOPE o esperanza en la unión. Algo imprevisto que venga de manos de los artistas y no de las multinacionales, como parece que ocurrió en el Románico con la Iglesia Católica. Algo revolucionario y distinto, y no que seamos dominados por un nuevo Imperio económico, donde el dinero sea el ganador, el dinero ganado, la falsificación del imperio americano:


Dentro de un rato he quedado para almorzar con otro artista, con el ruso Ulibin. Hablaré con él de estos temas y de su realismo transcendental, cada día más comercial (es pintura y yo lo he visto pintando esos cuadros, por si alguno lo duda), en el sentido de su cotización. Y eso me preocupa: 

http://ulibin.artelista.com

Pienso que el arte es dar y cuando algo vale mucho, difícilmente se puede regalar. Buscando en la web fuentes para esta entrada me encuentro con una concepción filosófica del "realismo transcendental" larga.

http://www.leonardopolo.net/textos/realigna.htm


Sin embargo al final, he encontrado un párrafo que me sirve para terminar esta reflexión de hoy: 

"el dar es actividad sin pérdida, ganancia, presupuestos, ni mengua o disminución para el que la recibe, la creación del mundo puede ser entendida como donación pura del ser, que nada presupone, nada pierde ni gana, sólo suscita sin precedentes el dar de la criatura, la cual comienza como un dar original y activo. Al mismo tiempo, una vez entendida la intimidad como donación, podemos extender la inmanencia que corresponde a la verdad en el interior del hombre al dar divino en todas las criaturas"

Mis amigos los canaricultores dicen que los buenos canarios no se compran sino que se regalan, y existen conflictos y peleas tremendas entre ellos porque quien regala asume compromisos, y si los hijos de ese pájaro son campeones de canto, el año siguiente habrá problemas seguro, porque ya no es el pájaro el que canta sino el ego del criador. Cosa que no pasa con los caballos  porque no se puede ir a los concursos con el regalo en el maletero del coche y sobre todo por el valor.

Mi arte es el más fácil de regalar, porque al no estar definido ni quedar plasmado en ningún soporte no tiene tampoco valor alguno. Me gustaría ser un artista sin más, como se dice campechanamente por Andalucía, que es el paraiso de los "artistas". De hecho somos muchos los Bateblys y cía de los que nos habla Vila Matas, nacidos en Andalucía (en Brasil también comprobé que se daba este curioso fenómeno) que por ser simplemente de esta tierra, somos seres superiores del ARTE que no necesitamos ni exponer ni publicar ni eyacular ninguna obra.

Hay queda eso para la posteridad...


Abogo por una nueva "generación perdida". ¿Ser o no hacer? he ahí el dilema o la solución.  

Mario Vargas Llosa - Literatura y política: dos visiones del mundo



Conferencia - 11 de mayo del 2000

(...)

Mi propósito es acercar dos aspectos que muchos escritores de nuestro tiempo en México, en América latina, en el mundo occidental y acaso, en el mundo entero, consideran írritas la una a la otra: la literatura y la política. Y en cierto modo lo son. La literatura no puede estar en ningún caso confinada dentro la actualidad. Una literatura que depende del presente, del ahora, del aquí, es una literatura efimera que perece con lo veloz y transitorio de la actualidad. La literatura tiene que trascenderla, tiene que poder hablar de la misma manera, persuasiva, emocionante, deslumbrante, sorprendente, al lector de hoy y al de mañana.

Y al lector de esta sociedad y a los lectores de sociedades muy distintas, con tradiciones, con lenguas, costumbres muy diferentes dentro de aquellas de las cuales esa obra nació. La literatura no puede tener esa dependencia de lo práctico que tiene evitablemente la política. Por el contrario, sirve par sacarnos de esa praxis en la que estamos prisioneros como seres humanos. La política en cambio, es el ahora y el aquí y tiene que ver fundamentalmente con una problemática que nos rodea, que nos acosa, que nos angustia, nos exalta o nos motiva para actuar. Se mide fundamentalmente por sus resultados prácticos. La literatura no.

Aunque los que leemos estamos seguros de que la literatura tiene consecuencias prácticas y concretas en nuestra existencia, no podemos probarlo, no hay manera de probar que El Quijote o que La Comedia Humana o que La guerra y la paz hayan contribuido de una manera mensurable, específica a mejorar la vida de los seres humanos.

Por otro lado, la literatura es una actividad que nace en soledad, a través de un individuo que para producirla se aparta de los demás; ese tipo de individualidad que está detrás de la creación literaria, en la política simplemente no existe. La política requiere el entrevero social, el entramado de esas vidas que se cruzan y se descruzan; dentro de una comunidad no es, no ha sido, no podrá ser jamás obra de un individuo.

La literatura sí; y lo que no puede ser la literatura es esa acción entreverada del conjunto social que es la política. Quizá una de las experiencias a mi más me haya impresionado conocer a través de ensayos, es un intento durante la revolución cultural China, de destruir ese carácter individualista que parece, que bueno, yo creo es indisociable de la creación literaria. Ahí, como seguramente algunos saben, se intentó destruir la individualidad en todos los dominios de la vida social, incluso en el del arte. Y a los escritores y a los artistas también; se les incitó o se les obligó a renunciar a ese aislamiento, a la soledad en que naturalmente suelen hacer la obra artística. Y se los incitó a escribir inmersos en actividades colectivas. El resultado fue la desaparición de la literatura, el silencio de esa voz, secreta, intima, distinta del texto literario.

Podíamos seguir enumerando todo aquello que diferencia, literatura y política. Esto les parece obvio a muchos escritores contemporáneos que ven la política a distancia, aveces con desdén e incluso con desprecio; consideran que la política es una actividad engolada, retórica, sin sustancia que atrae a gente poco creativa, ambiciosa. La literatura de nuestros tiempos, la literatura de los más jóvenes es una literatura que se ha a apartado, que parece negada.

En lo que se llama la literatura light, la literatura liviana, la literatura ligera que es la tendencia predominante de la literatura contemporánea, la política no tiene cabida. Muchas veces he tenido discrepancias con escritores jóvenes, que se burlaban de esos escritores de las generaciones anteriores que no podían separar su trabajo intelectual, literario de una cierta visón de la política. Y sobre todo de aquellos que querían, a través de la literatura, realizar una cierta finalidad política. Esa intensión es juzgada como vanidosa, jactanciosa, ¿cómo puede la literatura pretender tener efectos sociales, resultados políticos? ¿acaso ésa es la razón de ser de la literatura? Quienes pensaron alguna vez que podían cambiar la vida, la historia, escribiendo novelas parecen, desde la perspectiva de los escritores contemporáneos, de los cultores de la literatura light como ingenuos, vanidosos o idealistas totalmente desconectados de la realidad. Sin embargo, algo muy distinto ocurría cuando yo era niño, adolescente y empezaba a sentir en mi la vocación literaria. En esa época, los fundamentos de la literatura liviana, que sólo pretende ser literatura y entretener a condición de ser una literatura hecha con rigor, con un domino de las formas, ejercitando la imaginación de la manera más audaz era inconcebible, porque la política y la literatura parecían absolutamente asociadas, aunque fueran distintas, en una empresa común.

Escribir era actuar, a través de los cuentos, de las novelas, de los poemas, uno actuaba. Ejercía su condición de ciudadano, de miembro de una comunidad que tiene la obligación social y cívica de participar en el debate y en la solución de los problemas de esa sociedad. Esa era una idea que compartían escritores de muy distintas posiciones políticas. Había escritores de derecha, por ejemplo, el filosofo Gabriel Marcel, filosofo católico. El crítico, ensayista de derecha, de extrema derecha en buena parte de su vida Eugene O´Neill. Y desde luego escritores, diríamos de centro, reformistas, un François Mauriac o como un Graham Green en Inglaterra. Y desde luego escritores que estaban más bien en la izquierda del espectro político, un Sartre, un Camus, un Merlo Ponti y cito sobre todo a los franceses porque los escritores y pensadores franceses tenían en esos años - les hablo de los años cincuenta – sesenta -, una enorme influencia en todo el mundo y desde luego en América Latina.

El debate intelectual, filosófico, político entre esos intelectuales era intenso, era muy intenso y a veces extraordinariamente enriquecedor desde el punto de vista de las ideas y de los valores, pero marcado por ese denominador; ningún escritor de los más leídos influyentes en ese tiempo hubiera imaginado que la política y la literatura podían ser enteramente disociadas y vistas como enemigas irreconciliables. Todo lo contrario.

Recuerdo la impresión que me causó leer en un libro de Jan Paul Sartre,uno de mis mentores intelectuales durante mi juventud, ese prólogo, esa presentación que escribió para ese primer número de la revista que dirigió a partir de la posguerra, en 1945 Los tiempos modernos, (Le temps moderns). Es un texto que me sobrecogió y a me inundó de entusiasmo. ¿Qué es lo que decía ese texto del que yo llegué a saber párrafos de memoria?

Decía: “las palabras son actos. A través de la escritura uno participa en la vida. Escribir no es un ejercicio gratuito, no es una gimnasia intelectual, no en una acción que desencadena efectos históricos, que tiene reverberaciones sobre todas las manifestaciones de la vida, por lo tanto es una actividad profunda, esencialmente social. Y ya que es así nosotros tenemos la obligación, a la hora que nos sentamos frente a la página en blanco y tomamos una pluma, de ser responsables, de saber que aquel acto que iniciamos, garabatear unas líneas, desarrollar un pensamiento, va a tener unas consecuencias y que esas consecuencias van a recaer sobre nosotros desde el punto de vista mortal y desde el punto de vista social y ya que es así, nosotros tenemos la obligación de comprometernos”; ésa era una palabra clave de la época.

¿Qué quería decir comprometerse, comprometernos como escritores? Quería decir asumir, ante todo es convicción, de que escribiendo no sólo materializábamos una vocación, algo a través de lo cual realizábamos nuestros más íntimos anhelos, materializábamos una predisposición anímica, espiritual que estaba en nosotros, sino que a través de ella también ejercitábamos nuestras obligaciones de ciudadanos y de alguna manera participábamos en esa empresa maravillosa y exaltante de resolver los problemas, de mejorar el mundo. Esas ideas vistas desde la actualidad parecen muy remotas, prehistóricas, y sin embargo ese era el aire intelectual de la época, lo que unía a escritores de muy distintas culturas, de muy distintos países e incluso, como dije, de posiciones políticas.

Así comencé a escribir; no me sentía un político, pero hubiera sido para mí imposible concebir una literatura que estuviera totalmente de espaldas a la política. Estas ideas de los grandes escritores, de los existencialistas, tuvieron una vigencia muy fuerte en América Latina, por razones precisamente de orden político. Nosotros vivíamos en una época -que no ha desaparecido del todo- de problemas políticos atroces, es decir de dictaduras, había sobre todo dictaduras militares de distintos signo en todo el continente. Las democracias eran escasas y frágiles y todas ellas parecían estar en una cuerda floja, al borde del abismo, siempre a punto de desplomarse con un golpe militar. Las sociedades latinoamericanas estaban corroídas por la injusticia, había tremendas desigualdades, desequilibrios sociales, la explotación era visible de una insolencia a veces sublevante. Los contrastes entre riqueza y pobreza, entre cultura e ignorancia, entre modernidad y atraso nos saltaban a la vista. El ideal de una sociedad justa, de una sociedad con oportunidades para todos, de una libertada a la que tuvieran realmente acceso todos los ciudadanos de un país latinoamericano parecía algo remoto, tan inalcanzable y entonces, que alguien que nos dijera que a través de esa vocación que era la nuestras, la de escribir poemas, la de escribir novelas, obras de teatro o ensayos literarios, podíamos combatir esa realidad que nos entristecía o nos indignaba, resultaba por su puesto algo muy persuasivo.

Y no solo persuasivo, algo que nos justificaba en nuestra vocación, algo que nos decía que, contrariamente a lo que en el pasado o incluso en el presente, muchas personas creían, la literatura no era un lujo, no era algo que se podían permitir solamente esas sociedades que habían alcanzado un nivel de desarrollo y de cultura, en las que ciertos ambientes podían, como quien se dedica a un deporte esquisto y raro, hacer literatura... No, esas voces nos decían por el contrario, la literatura es un instrumento formidable de transformación, de resistencia a la injusticia, de lucha contra la explotación, contra la adversidad. A través de la literatura uno puede abrir la conciencia de sus contemporáneos, hacerles ver aquello que, porque viven en sociedades tan profundamente injustas y manipuladas por poderes corrompidos y dictatoriales, no pueden ver los mecanismos que están detrás de las injusticias, de la explotación, de la violencia convertida en poder.

Eran ideas ingenuas, como se vio después. No es verdad que una novela o un poema, tan generosamente motivado en este designio de tipo social y ético, pueda cambiar una realidad histórica o una realidad política, lo comprobó. El propio Sartre, que fue uno de los grandes teóricos de la literatura del compromiso. Él escribió prácticamente toda su obra guiado por estas convicciones y pese a la gigantesca influencia que él tuvo y que tuvieron quienes pensaban como él, la realidad política en Francia, en Europa, en el mundo, no evolucionó en la dirección que ellos esperaban; al contrario, en muchos casos evolucionó en la contraria.

En el caso de Sartre, esa revolución socialista a la que el se adhirió y por la que el combatió con cierta independencia, con cierta heterodoxia, no sólo no ocurrió, sino loque vino en cambio, fue más bien, un movimiento hacia el orden, para no hablar usando esa formula tan consabida hacia la reacción. La quinta república de Gaulle, tan inmensamente popular entre los franceses, y que inauguró toda una nueva época en la historia de Francia, estaba exactamente en las antípodas de lo que Sartre y gente afín a él esperaban.

Y eso fue afectando tremendamente la labor creativa de Sartre. Dejó sin terminar su ciclo novelesco de los caminos de la libertad y en un momento dado dejó de hacer literatura de creación para escribir solamente ensayos; llegó incluso en un momento de su vida, a descreer de todo aquello que había creído en su juventud y que nos había hecho creer a nosotros discípulos y sus lectores por todo el mundo.

Yo recuerdo que mi decepción de Sartre comenzó un día de mediados de los años sesenta en que leí una entrevista que le hizo Le Monde de París. Era una entrevista justamente sobre éso, sobre el compromiso, sobre la literatura y la política, y de pronto, ahí en las respuestas de Sartre se translucía una inmensa decepción con la literatura, no con la política y decía algo que a mí me afecto en lo personal. Decía, “Yo entiendo que un escritor africano renuncie a hacer literatura para luchar de una maneramás efectiva por una revolución, por un cambio social que permita algún día a su país darse el lujo de tener una literatura”, y frente a los problemas sociales decía: “la literatura no tiene poder, no tiene peso suficiente como para contrarrestarla.” Y se ponía como ejemplo así mismo, decía: “La nausea, frente a un niño que se muere de hambre, no tiene poder. No tiene peso alguno, no sirve para nada.” Yo recuerdo haber sentido como una acto de traición hacia quien, como yo y miles de jóvenes en el mundo entero le habíamos creído y habíamos escrito con esa buena conciencia que él nos dio, haciéndonos creer que escribiendo también luchábamos por la justicia, también actuábamos para reformar la historia en la buena dirección.

He citado el caso de Sartre y estos dos extremos de su actitud frente a la literatura y la política, porque creo que la relación entre la literatura y la política debería situarse en un punto intermedio, entre esos dos extremos, entre quienes creen que la literatura puede ser un arma, un instrumento de acción política y social, y de quienes creen que por el contrario que la literatura y la política son cosas esencialmente distintas y que tratar de acercarlas y fundirlas, de alguna manera destruyen la literatura y no tiene la menor consecuencia política.

Creer que la literatura no tiene nada que ver con la política y que si se acerca a ella, de alguna manera se degrada es creer que la literatura es un juego, distracción, entretenimiento. Tengo el convencimiento de que, si la literatura sólo es éso y sólo propone éso, está condenada a empobrecerse e incluso a desaparecer. No creo que proponiéndose solo entretener, la literatura pueda sobrevivir en una sociedad en la que hay tantas maneras de entretener, divertir, distraer, apartar a la gente de lo que es la rutina cotidiana. Hay entretenimientos que son más espectaculares y menos exigentes que la literatura, aquél que proporciona los grandes medios de comunicación, por ejemplo. El cine, es un arte entretenido por definición. La televisión, no se diga. Y además películas, programas de televisión, hoy día demás las nuevas técnicas audiovisuales despliegan ante el público unas posibilidades de entretenimiento a través de la imagen casi infinitas. Y esas formas tienen además la ventaja para el espectador promedio de la mínima exigencia intelectual que las acompaña. El 99.9% de las películas o de los programas de televisión sólo exigen de nosotros la pasividad, vienen a nosotros, nos bañan, nos embriagan, nos llevan por un mundo generalmente ligero, superficial y a veces inmensamente entretenido. No creo que la literatura puede realmente competir con esos géneros si se propone solo entretener. La literatura exige un esfuerzo, descodificación de las palabras. Aún la literatura más  primitiva, más primaria, más elemental, exige ese mínimo esfuerzo intelectual que los grandes medios masivos audiovisuales no exigen.

Entonces, esa competencia es una competencia, mortal para la literatura. Aquellas obras literarias que exigen de nosotros un inmenso esfuerzo y que, sin embargo estamos dispuesto a hacer, porque leyéndolas tenemos la sensación de que nos acercamos a algo desconocido, a una dimensión de la experiencia humana que hasta ese momento apenas adivinábamos y que ahí, gracias a esa obra literaria, se nos presenta como una realidad que podemos abarcar y comprender.

Cuando uno lee a Tolstoi por ejemplo, lo cito porque es uno de los autores que a mi más me ha importado, que he leído con más devoción y creo que también desde mi punto de vista de mi trabajo de escritor con más provecho. Cuando se lee a Tolstoi, por, uno se sumerge en ese universo que es La guerra y la paz y entra y participa con los personajes de la novela en lo que fueron las guerras napoleónicas, el avance de los ejércitos de Napoleón por las estepas rusas y lo que esto significó en Rusia y la manera como ese pueblo resistió y como estos episodios épicos repercutieron en la vida de las personas, de todos, de los grandes, de los poderosos, y también de los anónimos, de los siervos, de los campesinos. Y a través de estas experiencias, tan ajenas, geográfica, temporalmente para un lector de nuestros días, empezamos de pronto a aprender muchas cosas sobre nosotros mismos y sobre nuestro derredor, y empezamos a descubrir lo que son esas complejas estructuras de relación entre el poder político y la ciudadanía y el poder político y el poder militar, y la función que juega en esa sociedad el pensamiento, las ideas; como ese mundo abstracto, invisible, inmaterial está sin embargo, impregnando todo aquello que ocurre y cómo en función de eso, ciertos valores aparecen tan convincentes, tan necesarios, y otros, por el contrario, como meros embelecos, como fraudes.

Cómo podemos, cuando terminamos esa experiencia, decir que la literatura es sólo entretenimiento, sólo un juego del espíritu, un malabarismo, un espectáculo. No, es evidente que en nosotros la experiencia de leer La guerra y la paz o las novelas equivalentes algo ha cambiado en nosotros, no sólo como lectores, sino como seres humanos. Algo que no sabíamos ha llegado hasta nosotros con esa experiencia como lectores. Y si ha sido así, si esa experiencia de alguna manera ha enriquecido nuestra sensibilidad, nuestra conciencia; nos ha hecho más capaces, por lo menos, de comprender aquello que ocurre en torno, en el mundo social en el que formamos parte.

Entonces, esa literatura pues es algo más que entretenimiento, es una literatura que de alguna manera, a través de esas conductas que son la de lectores afectados por esa experiencia, se convierte en una forma de acción. Sin embargo, esto que para mi es una realidad indiscutible, es una realidad también inverificable; no hay manera de demostrarlo, no existe una sola prueba concreta de que una gran obra ha provocando una secuencia de acciones en lo llamaríamos de una manera grandilocuente, el camino de la justicia, del bien, palabras que con mucha razón, por lo mal usadas que han sido, muchas veces pone la carne de gallina. Sin embargo, hay una realidad: el mundo esta mal hecho. Hay mucho sufrimiento, hay mucho dolor, hay mucha injusticia a nuestro rededor y toda persona sanamente inclinada quiere, siente, que aquello debería cambiar Y es indudable que una buena obra literaria, además de hacernos gustar el placer, de lo que es un lenguaje bien manejado, es capaz de despertar en nosotros unas resonancias emotivas, alertar nuestra inteligencia, enriquecer nuestro conocimiento; algún efecto tiene que tener en esa realidad tan dolorosa, tan lastimada, que es la realidad social, prácticamente en todas las sociedades, aunque desde luego en unas muchísimo más que en otras.

Yo estoy seguro que efectivamente es así, que esa literatura que es grande, lo es no sólo por razones estrictamente literarias, sino porque en ella, el talento, el dominio del lenguaje, la sabiduría en el uso de las formas sirve para que en nosotros se produzca unos cambios, ya no solo como individuos, amantes de la belleza literaria, sino como ciudadanos, como miembros de un conglomerado social. Creo que el efecto político, que se puede llamar político, de la literatura más visible es el de despertar en nosotros una sensación respecto a las deficiencias del mundo que nos rodea para satisfacer nuestras expectativas, nuestras ambiciones, nuestros deseos; y que éso es político, ésa es una manera de formar ciudadanos alertas y críticos sobre lo que ocurre en rededor. Todo poder, también el poder democrático, pero sobre todo y fundamentalmente el poder autoritario, el poder totalitario, aquel poder que quiere controlar el movimiento de la sociedad, a la vida entera de un país, de una nación, quiere siempre convéncenos de que la vida está bien hecha, de que la realidad que ese poder maneja, organiza, encamina, va en la buena dirección y que vivimos en el mejor de los mundos; eso es natural, esa es la justificación natural de todo poder.

En el caso de la sociedad democrática, aquella pretensión es constantemente fiscalizada por una prensa crítica, por unas fuerzas política de oposición y por una información que se despliegue y le permite al ciudadano, comprobar hasta qué punto es cierto y hasta qué punto es falso aquello de que vivimos bien y vamos para mejor. Pero en las dictaduras, en las sociedades autoritarias, aquella convicción se impone a través de una manipulación de la información y el ejercicio de la censura y distintas formas de coerción.

Mientras exista una buena literatura en una sociedad, yo creo que no hay poder que puede convencer a ese público de lectores que la vida esta bien hecha y que vamos para mejor. Creo que la literatura es el mejor antídoto que ha creado la civilización frente al conformismo que revela aquella convicción. La literatura nos demuestra que la vida esta mal hecha, que no es verdad que vayamos para mejor, incluso aquellas sociedades que las cosas van mucho mejor que en otras. ¿Y cómo no lo demuestra? No lo demuestra, no con argumentos políticos, en eso si se equivocaron los escritores que pensaron obtener finalidades políticas escribiendo poemas o novelas políticamente. No, nos demuestra que el mundo está mal hecho exponiéndolos a la experiencia de mundos que si están muy bien hechos. A mundos, donde a diferencia del mundo en que vivimos, todo es bello, incluso aquello que es feo, que es horrible y es atroz. Y nos lo demuestra también mostrándonos unos mundos donde a diferencia del mundo real, los actos aparecen explicados por las motivaciones por las raíces intelectuales, sentimentales que están detrás de las conductas de los ciudadanos. Dándonos de este modo una visión coherente, totalizadora de la vida misma que no podemos llegar a tener jamás cuando somos parte de esa vida que esta continuamente haciéndose, y deshaciéndose, y que nos priva, de toda perceptiva para juzgarla cabalmente.

El mundo de la literatura, el mundo del arte, es el mundo de la perfección. Es el mundo donde la belleza, que es lo que en última instancia le da su independencia, su verdad, su autenticidad, nos enfrenta a la acabado, a lo absolutamente abarcable con el conocimiento, con la conciencia además con una visón esférica que jamás llegamos a tener.

Entonces, cuando nosotros regresamos de una gran novela, de ese mundo de ilusión, de ese espejismo, deslumbrante que es el de una ficción lograda que se nos impone como una verdad irresistible a este mundo nuestro, ¿cuál es la reacción natural? El cotejo es inevitable. Y la conclusión de ese cotejo es el de que pequeño es este mundo comparado con ese mundo tan grande, tan rico del que acabamos de salir. Y que feo, mediocre y sórdido es este mundo comparado con ese mundo donde todo aprecia tan bello, incluso las peores aspectos de la condición humana, las manifestaciones más sombrías, tétricas, crueles de lo que es el hombre tenia un encanto que el escritor, el creador había conseguido impregnarle, que a nosotros nos lo hacia aceptable, incluso emocionante y por lo tanto bello.

Yo creo que un ciudadano soliviantado por el contacto de la ficción, de la ficción lograda de la que se vive como una experiencia auténticamente compartida, es inevitablemente un ciudadano crítico frente a la realidad, y, por lo tanto un ciudadano políticamente incorrecto. Un ciudadano al que es mucho más difícil hacerle pasar gato por liebre. Que está en un estado de perpetua desconfianza a lo que ve, porque está inconscientemente cotejando aquello que veo con aquello que ha leído, con aquello que ha pasado a formar parte de su experiencia vital. Y que expuesto a esa riqueza, a esa diversidad que es el mundo de la ficción, difícilmente se contentará ya como alguien resignado, fatalista a ese mundo en el que vive. Estará en perpetua exigencia de algo distinto, de algo mejor.

Consejo Político Andaluz UPyD 4 de febrero 2012



Mientras que el pasado sábado el PSOE se dedicaba a contar votos y a “renovarse”, en Sevilla pasaban otras cosas.Nosotros en UPyD  debatíamos en la reunión del Consejo Político Andaluz las enmiendas presentadas por los afiliados al Programa para las elecciones andaluzas. Casi 300 enmiendas, muchas de las cuales fueron aceptadas y no se discutieron. A mí me tocó discutir 30, de 94 que presenté, se aceptaron previamente 17 y 3 transacionadas, y me centré en 30, si bien solo 7 u 8 eran de modificación o adición. La mayoría eran de supresión porque me parecía un documento demasiado denso y hay muchas cosas que vienen en las leyes y yo pensaba que habría que hacer una propuesta más general que abarcase todas los velaremos, exigiremos, etc para cumplir obligaciones que ya están.

El programa definitivo ha quedado con unas 500 propuestas. Es un documento detallado y que hay que leerlo con paciencia, pero es un programa muy  completo, un programa para gobernar, porque es lo que aspiramos.

Creo que UPyD, con los diputados que nos van a otorgar los votantes, va a ser el motor que necesita Andalucía para empezar a progresar y erradicar toda una serie de corruptelas y prácticas administrativas en contrataciones, creación de fundaciones, subvenciones y demás corruptelas de casi 40 años administrando nefastamente nuestra Comunidad. Y el PP,  viene con el argumento que dio Rajoy de las diputaciones, hombre, ahora dejen que seamos nosotros quien coloquemos a los nuestros, que llevamos suficiente tiempo esperando.

Nos dicen en la calle, que podemos ser la llave, pero es que no es una cosa de futuro, es que ya lo somos en el presente. Yo estoy seguro que este Programa, va a ser la fuente de muchas decisiones políticas porque abarca una reforma completa y sobre todo una serie de mecanismos para controlar que no se despilfarre nuestro dinero y que este vaya a donde tiene que ir al empleo, a crear industria, a potenciar la agricultura y aprovechando que tenemos el mejor clima de Europa, buscar nuevas fórmulas de turismo, como por ejemplo la que yo propuse de hacer pruebas de Maratones, Ironman, ciclismo, etc en todas las capitales de provincia, para buscar nuevos mercados turísticos en épocas no sólo veraniegas sino durante todo el año.

Si no gobernamos nuestro Programa también sirve y eso es esperanzador. Se las apuntarán otros, como ya vienen haciendo desde que salió nuestro manifiesto fundacional, pero no importa, estamos haciendo historia. 

Copiarnos nos copian, porque todos esos conceptos de regeneración democrática, segunda transición, evitar las duplicidades y control del gasto autonómico, reforma constitucional, justicia independiente, etc…ha sido este partido el que en 4 años de historia, los ha ido desarrollando. Lo importante al final es saber que nuestro mensaje va calando en la sociedad y en los medios, que somos futuro a diferencia de otros partidos como IU y el Partido Andalucista que por mucho que quieran inventar ya tienen un pasado y donde han gobernado, cuesta trabajo que arranque a crecer la hierba.

¿Es que somos más listos que los otros partidos? La respuesta es afirmativa. Y además más honrados y trabajadores. Ahora sólo queda que los andaluces nos dejen trabajar, porque la ideología y las intenciones han quedado en negro sobre blanco, y estamos demostrando transparencia y eficacia, donde tenemos concejales y diputados, renunciando a privilegios y dignificando a la clase política.

Tenemos un buen candidato, Martín de la Herrán, un abogado hecho a si mismo y que nunca ha cobrado un solo euro derivado de la política o la función pública. Todas estas "aventuras", cuestan dinero y  sobre todo horas y energía que perdemos de nuestras profesiones. Pero este país nos necesita y nuestros hijos más. Deberían bastar 10 años, una generación para una segunda transición y hacer un país moderno y competitivo.


Además de aprobar el Programa, también se sometieron a votación las listas electorales, unas listas que están llenas de profesionales y personas de prestigio.  Confíen en nosotros y lo digo en plural puesto que también voy en las listas de Málaga de una forma simbólica, pero con la misma ilusión y ganas de trabajar que tiene todo el equipo. Un equipo al que cada día se unen personas de más valía, como ha pasado en la nuestra, donde va una persona a la que le tengo profunda admiración, José Luis Casado, el decano de los ingenieros de telecomunicaciones de Andalucía Oriental y un empresario con un curriculum y una experiencia profesional dilatada, que seguro que en su sector no la mejora ningún candidato de ningún partido. Si mi tocayo, que viene como independiente no afiliado, ha dado el SI QUIERO a este proyecto y programa, renunciando probablemente a ser diputado en otra formación, confíen en José Luis porque algo habrá visto. 



Gracias maratoniano, la meta está lejos pero vamos a disfrutar de la carrera.


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