¿Por qué corremos Maratones?



Han pasado 4 días desde que terminé mi última Maratón y aun sigo dándole vueltas a estos objetivos que nos marcamos y que cada día son más populares. Hacer una Maratón no es más que una evasión de la realidad. Algo mucho más fácil que escribir poesía, gestionar una empresa, o cualquier otra actividad rutinaria que necesite de un sacrificio continuo y diario. Esta carrera también lo necesita, pero con un poco de voluntad hay un éxito asegurado en un breve espacio de tiempo, porque hay un día marcado que es el que nos marca la obligación. A lo mejor lo que Dios nos tendría que decir a cada uno es nuestra fecha de caducidad.



Cualquiera puede darse una gran dosis de autocomplacencia, con un entrenamiento de 6 o 7 meses para un novato o incluso de 4 meses para alguien que corra 2/3 veces en semana una hora. Sólo hay que saber lidiar el estrés que conlleva tener una fecha establecida para cumplir el objetivo y la obsesión ya vendrá de por sí, porque el entrenamiento te hace darte cuenta de que la empresa no es fácil.

Héroes por un día. El problema viene tras la eyaculación, que en este caso no tiene nada de precoz. ¿Y ahora qué hago para conseguir otro breve triunfo pasajero?.

Un engaño práctico y saludable para la monotonía. El domingo no hubo nadie esperándome para darme la enhorabuena y tardé más de dos horas en llegar a casa en un autobús público, pero la cara de satisfacción que tenía es la respuesta a la pregunta. Una vez más el dichoso ego, pero poco a poco pasa la vida, y los amigos que te encuentras en este viaje son gente sana y con ganas de luchar.

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