Singladura

Yo no entendía a Borges. Me cuesta mucho digerir sus cuentos y relatos. Ahora acabo de dejarle a un amigo que compite a las 13 horas en una regata en Fuengirola unos diarios de navegación de los años 40, donde aprendí el significado de la palabra singladura. Mañana vuelve de Fuengirola a Motril en barco, 10 horas y me hubiera encantado acompañarle porque es una necesidad. Estoy viajando mucho, pero ese medio creo que me relajaría. Como simplemente no puedo, porque tengo avión a Edimburgo mañana noche, vengo a esta casa mía y vuestra en busca de paz, porque mis cenizas, vómitos y alegrías no son ya de mi propiedad. Por mucho que quiera borrarlos y hacer una biografía oportunista, esto es lo que hay, y ya que no tengo el talento para vivir de la palabra escrita, me conformo con este diario de navegación.

Ahora casi no leo, no escribo ni en este blog, ni doy los buenos días con poesía. Estoy montando el despacho de Escocia, y cuelgo alguna foto en Facebook de mi vida, escribo con los amigos del running en los foros de WhatsApp, y poco más. Cuando vuelvo a Fuengirola quiero hacer tantas cosas tanto de trabajo del despacho de Fuengirola, como familiares y amigos que acabo exhausto, como hoy, y es entonces donde ya no queda más remedio que escribir unas pobres palabras, insertar alguna imagen y copiar un poema. 





El mar es una espada innumerable y una plenitud de pobreza.
La llamarada es traducible en ira, el manantial en tiempo, y la cisterna en clara aceptación.
El mar es solitario como un ciego.
El mar es un antiguo lenguaje que ya no alcanzo a descifrar.
En su hondura, el alba es una humilde tapia encalada.
De su confín surge el claror, igual que una humareda.
Impenetrable como la piedra labrada persiste el mar ante los muchos días.
Cada tarde es un puerto.
Nuestra mirada flagelada de mar camina por su cielo: Última playa blanda, celeste arcilla de las tardes.
¡Qué dulce intimidad la del ocaso en el huraño mar! Claras como una feria brillan las nubes.
La luna nueva se ha enredado a un mástil.
La misma luna que dejamos bajo un arco de piedra y cuya luz agraciará los sauzales.
En la cubierta, quietamente, yo comparto la tarde con mi hermana, como un trozo de pan. 


Jorge Luis Borges






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