Entrevista a Medardo Fraile


Homenaje al escritor de cuentos

MEDARDO FRAILE






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Pregunta.- ¿Qué dirías que nos da un cuento? Y, a la inversa, ¿qué nos quita?
Respuesta.- Un buen cuento –siempre estamos hablando de un buen cuento- nos da una experiencia inolvidable, aunque luego la olvidemos, pero siempre nos quedará el respeto a aquel tiempo breve de lectura, como un beso, un encuentro, una despedida, un trenillo que se aleja con algo muy nuestro y nos deja mirando una felicidad momentánea y un grumo inexplicable de tristeza.
Un buen cuento nos quita vulgaridad, vacío, rutina, desengaño del tiempo y de la vida.
Pregunta.- ¿Estamos hechos de la materia de los cuentos?
Respuesta.- Estamos hechos de la materia fragmentada de los sueños y esos fragmentos pueden cristalizar en cuentos de nuestra propia vida o de vidas ajenas.
Pregunta.- ¿Recordarías, sin pensarlo demasiado, el cuento más bello que hayas leído?
Respuesta.- Me desconcierta el adjetivo bello, a no ser que signifique aquí perfección, obra acabada. Yo no estoy muy atento a la belleza de los cuentos; soy consciente de su efecto, de su humanidad y, en este sentido, sin pensarlo demasiado, citaría “La casa de muñecas”, de Katherine Mansfield o “El regalo de Reyes”, de O. Henry.
Pregunta.- ¿Y el más perturbador?
Respuesta.- Quizá un cuento de Chejov, cuyo título no recuerdo, en la que una pobrecita analfabeta de doce o trece años, a la que han puesto a trabajar de niñera en casa de unos ricachos irresponsables, tiene que trajinar todo el santo día con el servicio de la casa y con una criatura de pocos meses que no cesa nunca de llorar y, día tras día, no la deja dormir. Una madrugada, la muchacha ahoga al niño y se queda dormida profundamente el resto de la noche.
Pregunta.- Ahora que el otoño se nos ha echado encima, ¿estarías de acuerdo con Monterroso cuando afirma que el cuento es, casi por definición, un género triste?
Respuesta.- Nuestra vida, condenada a muerte desde que nacemos, es, incluso en la raíz de la risa, del género triste y yo creo que es mejor el cuento cuando compasivamente, amorosamente, nos lo recuerda con levedad sin tonos jeremíacos, sin aguarnos la fiesta.

Respuesta
.- Hay, como en todo, defectos preceptivos y defectos opcionales o deliberados que, en realidad, ejercen de virtudes en la historia y así se justifican. Yo no soy consciente de mi indulgencia en los cuentos con ningún defecto preceptivo; si se encuentra alguno en los míos –todo podría ocurrir- son polizones extraordinariamente hábiles, que se han colado en ellos sin que yo lo advierta.Pregunta.- Parafraseando al “Cuestionario Proust”: ¿Con qué defecto eres más indulgente cuando lees un cuento?
Pregunta.- Resulta ya un tópico gastado referirse a las relaciones (no siempre de buena vecindad) entre el cuento y la novela… Y Sin embargo no se ha hablado en la misma medida de los vínculos que unen a la poesía y al cuento. En tu opinión, ¿podría decirse que el relato breve es una forma de poesía, o incluso un modo de lo poético?
Respuesta.- Creo que el cuento se va haciendo solo en la misma medida que lo va haciendo el que lo escribe. En eso estriba gran parte de su fuerza y su misterio. Yo me proponía escribir el cuento de una mudanza y acabé escribiendo la historia de un sillón isabelino. Eso puede hacernos creer en un vínculo con la poesía más auténtica, con la mejor. Hay hoy tantísimos poetas que llega uno a pensar si se habrá descubierto el arte de hacer poemas sin ser poeta. Esperemos que no.
Pregunta.- Desde hace algunos años  se viene       hablando del nuevo cuento español, ¿te parece que la denominación corresponde a un fenómeno real?, ¿te interesa esta eclosión del cuento entre las últimas generaciones de escritores?
Respuesta.- Sí, me parece un fenómeno real y muy satisfactorio para los que amamos y valoramos el arte de contar en pocas páginas. Mi generación apostó por el cuento cuando se creía y predicaba que sólo era un paso, un entrenamiento para hacer novelas. Y hoy hay muchos maestros, más o menos jóvenes, de las generaciones siguientes –entre ellos tú- creando cuentos diferentes y enseñando, en la medida en que eso es posible, a escribirlos.
Pregunta.- Tu último libro, “Antes del futuro imperfecto”, traza un arco casi vertiginoso desde la infancia hasta la vejez, desde los días del colegio hasta esa época de balances y sabidurías que ahora se llama, con un eufemismo un poco bobo, “la tercera edad”. ¿De dónde nació la idea de articular un libro sobre esta tensión entre extremos?
Respuesta.- Esa conexión la vi clara cuando el editor, Juan Casamayor, se mostró remiso –por razones comerciales- ,  a publicar sólo la primera parte, como yo pretendía.  Vi que añadiendo los cuentos –todos inéditos- de la segunda parte se podía trazar ese arco, demasiado vertiginoso en la realidad, desgraciadamente, entre la infancia y la vejez.
Pregunta.- ¿Imaginas el cuento que te hubiera gustado escribir y aún no has escrito?
Contestamos por última vez…- Sí, el relato en que sólo la descripción de la atmósfera, la descripción del ambiente; el escenario humanizado, pero sin personaje alguno, sin nadie, lo cuente todo.

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