Las misiones pedagógicas de UPyD



Hace ya casi seis años, escuché una palabra que ha calado en España, la de la regeneración. Fue en un mitin de Rosa Diez en Málaga, y me sedujo de tal manera que decidí afiliarme por primera vez a un partido político. Yo, que con mi voto venía de haber apoyado a los dos peores presidentes de la historia de España, Aznar y ZP, me di cuenta que la política es el mejor instrumento que tiene la democracia para cambiar la sociedad y que pertenezco a una generación de comodones, la de los que nacimos un poco antes del fin de la dictadura, que ni vivimos la transición ni hemos tenido que luchar por nuestros derechos. Tendemos por tanto a no complicarnos la vida.

UPyD era entonces un partido moderno, con un mensaje radical, que no nacía con una vocación de tiempo sino para ser la llave que forzara al bipartidismo hacia una segunda transición, sin odio, libre de prejuicios de ningún tipo, ni sexuales ni religiosos, sin caspa ni casta y respaldado por lo mejor de nuestra cultura. Que intelectuales como Savater, Vargas Llosa, Boadella, Iwasaki, Pombo, Arcadi Espada, Sosa Wagner, etc, apoyaran a UPyD era garantía de éxito y me enamoré del Manifiesto Fundacional, un documento que ya es Historia viva de este país porque su lenguaje regeneracionista caló en la sociedad e ilusionó, hasta que la izquierda se inventó, en vísperas de unas elecciones, el Movimiento 15 M, que termina con la aparición de Podemos, que muy pronto dirá que son también transversales.

Se apostó por un modelo de partido nuevo, integrado por profesionales de prestigio en política, que se comprometían a no estar más de 8 años y volver a sus trabajos. Es decir, se hizo un modelo para luchar contra la “casta” y el modelo es aun válido, sólo que pronto cumpliremos los 8 años de vida y se trata de cumplir las reglas que nos dimos y no matizarlas, como nos enseñó Orwell en la Rebelión en la Granja.

De ser el tercer partido de Madrid, el de una tercera España de ciudadanos iguales, sin privilegios territoriales, donde un voto debe tener el mismo valor con independencia de donde se emita, y donde hay competencias básicas como la educación y sanidad, que el Estado tiene que retomar, hemos pasado a ser un partido minoritario que se juega la representatividad.

Somos más necesarios que nunca, con un populismo que pide armas y con una Cataluña partida, donde ni tenemos voz, ni la tendremos porque está Ciudadanos, un partido que se beneficia del continuo trasvase de afiliados de UPyD a nivel nacional, por aquello que Sosa Wagner denunció como autoritarismo.


Algunos afiliados, hemos pedido la celebración de un Congreso Extraordinario Urgente, antes del próximo 31 de enero, para regenerarnos de cara a las próximas elecciones. Nuestra supervivencia está en los pueblos, hemos de vertebrarnos, perder el miedo a la expansión, empezando por la Andalucía profunda, la del PER y la exclusión social. Tenemos que llegar como en su día se intentó con las misiones pedagógicas a los parados y excluidos, y sacarlos de la desesperanza y el hastío social de los mundos virtuales, apostando por la libertad civil y el individuo. Recuperar los espacios públicos, y generar autoestima mediante la voz y la implicación física. Hay instrumentos como el speaker´s corner. No basta con la libertad de expresión. Se precisa capacidad de expresión y esto se puede enseñar con técnicas y ejercicio. Es la gran mentira de los trileros del teatrillo político. Y es que todos deberíamos ser políticos de forma temporal.  

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